Sobran los motivos para reducir el consumo de combustibles fósiles, como el petróleo o el gas. No solo son un recurso finito, sino que, además, su uso genera una gran contaminación. Pero, por si todo eso fuera poco, también hay que tener cuidado durante su extracción. Una de las técnicas más empleadas, conocida popularmente como fracking, pueden contaminar las aguas circundantes o liberar gases tóxicos al ambiente. Y ahora, además, sabemos que pueden propiciar el desarrollo de terremotos.

Es la conclusión de un estudio publicado recientemente en Seismological Research Letters. Sus autores se centraron solo en Texas. Según ellos, un 68% de los terremotos ocurridos entre 2017 y 2020 al oeste de este estado tienen relación con la extracción de gas y petróleo. No obstante, no es descartable que pueda aplicarse a otros puntos del mundo.

Al fin y al cabo, el procedimiento es el mismo, se realice donde se realice. Por eso, según los autores de esta investigación, debería servir para hacer una llamada de atención a las empresas que se dedican al fracking para que, al menos, intenten corregir los procedimientos que llevan a cabo. 

Un método muy común para extraer gas y petróleo

La fracturación hidráulica, más conocida como fracking, es un método muy usado para la extracción de petróleo y gas. A grandes rasgos, consiste en el bombeo de una mezcla de agua, arena y otros compuestos químicos a gran presión a través de pozos horizontales. Esto provoca que la roca circundante se agriete por la presión, dejando pasar el petróleo y el gas. Estos circulan tanto hacia otro pozo excavado a gran profundidad como hacia la superficie. 

Es una técnica muy utilizada, pero se rodea de muchísimas críticas. Y es que parte del gas que sale a la superficie no puede recuperarse. Por eso, se queda contaminando el ambiente, como también lo hace el agua mezclada con combustible que sale al exterior. Pero ahora, a todas esas más que justificadas críticas, pueden unirse las que se extraen de este nuevo estudio sobre terremotos.

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Los terremotos también se relacionan con la profundidad del bombeo

Para la realización de este estudio, sus autores rastrearon todos los terremotos de magnitud superior a 1,5 que tuvieron lugar en la cuenca de Delaware, entre 2017 y 2020. Esta se encuentra al oeste de Texas y es conocida precisamente por contar con un gran número de yacimientos petrolíferos, así como un espectacular arrecife fosilizado.

También es un punto en el que los terremotos son habituales. ¿Pero por qué? La respuesta la tuvieron al comprobar, mediante el uso de una combinación de análisis estadístico y modelado basado en la física, que había una relación muy estrecha entre la extracción de gas y petróleo y los seísmos. 

En 2020 hubo un terremoto de magnitud 5 en una región conocida por la inyección de agua de formación en bolsas de roca profundas

Observaron que un 68% de estos terremotos ocurrieron justo en puntos en los que se estaba extrayendo o se había extraído combustible. Eso sí, los porcentajes varían mucho, dependiendo de la profundidad a la que se inyectó el agua. La mayoría de ellos coincidieron con el bombeo hidráulico en formaciones sedimentarias poco profundas. En cambio, una proporción mucho menor tuvo lugar por debajo de la profundidad del fracking, a unos 2.500 metros.

Es especialmente llamativo un terremoto considerable, de magnitud 5, que ocurrió en 2020, justo en una bolsa en la que se estaba inyectando agua, en esta ocasión a gran profundidad. Esto indica que, en realidad, aumentar la profundidad no elimina la posibilidad de que se produzcan terremotos. 

Está claro que la mayoría de terremotos que tienen lugar en el planeta no tienen nada que ver con la extracción de combustible. Sin embargo, en puntos concretos sí que parece haber una relación muy estrecha.

¿Pero a qué se debe todo esto?

Es algo que debe estudiarse más, pero en realidad la relación entre extracción de petróleo y terremotos es obvia. Los seísmos se dan cuando se libera bruscamente energía acumulada en la corteza terrestre. Esto puede ocurrir de distintas formas. No obstante, lo más común es que se dé por actividad en las fallas, que son fracturas del terreno en las que se han deslizado dos bloques, uno sobre otro. La fricción entre estos puede generar cierta tensión y, con ello, acabar desembocando en un temblor.

Esa presión interna ejercida por el agua al extraer el combustible, así como las fracturas artificiales que se horada en el terreno, pueden provocar consecuencias similares. Por eso, los autores de este estudio han desarrollado una herramienta en línea que permite a los operadores de estos yacimientos informar voluntariamente sobre su actividad. Así, los científicos podrían disponer de más información e intentar buscar las mejores formas de actuación para que el petróleo y el gas se extraigan de una forma lo más segura posible. Aunque, lógicamente, lo más seguro es dejar de extraerlo. Por eso es tan importante seguir investigando y perfeccionando nuevas maneras de obtener energía.