Lightyear ya está en cines con su exploración sobre la soledad, el tiempo y el amor utilizando el espacio exterior y la exploración del cosmos como contexto. Se trató de una apuesta de riesgo que logra sostener una historia brillante. Y la mejor película de Pixar en el último lustro apuesta por el cine de ciencia ficción como referencia. También es el momento de Para toda la humanidad, el reciente estreno de Apple TV+ centrado en los astronautas de la NASA. Y si alguien sabe de esto es el largo catálogo de películas de Netflix del genero.

Un recorrido por un tipo de cine que se interesa por la curiosidad innata del ser humano. Y en específico, por la frontera que define el antes y el después del pensamiento científico. Lo cinematográfico de las películas de Netflix como reflejo de los cambios culturales, muestra como el afán por comprender los misterios del espacio exterior se ha convertido en punto de intriga. Y sin duda inspiración, para buena parte de los argumentos contemporáneos en la gran pantalla.

Es un buen momento para analizar el cine de ciencia ficción como elemento indispensable del séptimo arte. Te dejamos las mejores diez películas de Netflix. Tanto originales de la plataforma, como grandes éxitos que ya forman parte de la historia del cine de ciencia ficción y el espacio.

Cielo de medianoche 

Augustine (George Clooney) sabe que no puede salvar al mundo. De modo que intentará salvar a los que llegan a la tierra desde el espacio exterior. La odisea del personaje para evitar más víctimas en medio de una debacle medioambiental es dolorosa y conmovedora. Mucho más, porque se trata de una lucha por la supervivencia en que el cosmos y no la tierra, es el único lugar seguro al cual llegar. 

George Clooney dirige y protagoniza esta película de Netflix pesimista que recibió una nominación al Oscar por sus efectos especiales. Su curiosa reinvención acerca de la idea de la incertidumbre y el conocimiento científico es una paradoja que se sostiene sobre la naturaleza humana. O al menos como la concibe el guion de Mark L. Smith. Frágil, en peligro y en medio de un destierro intelectual, el Augustine de Clooney es la quinta esencia del explorador derrotado. 

La película también se trata de un recorrido a través de los temores colectivos, el concepto sobre el bien y la noción sobre el desastre. Todo bajo una puesta en escena sublime y una conmovedora sensación de desesperanza. Más emparentada con el drama que con la ciencia ficción pura, Cielo de medianoche conmueve y asombra. Una combinación poco común. 


La tierra errante

¿Qué pasaría si el Sol se extinguiera? El director Frant Gwo profundiza en la idea en esta curiosa película de Netflix en la que el espacio es un enemigo a vencer. Uno enorme, violento y lleno de peligros. A la manera de las grandes películas de ciencia ficción de los años ’50, La tierra errante reasigna un valor singular al cosmos. Pero en especial, los peligros que se ocultan en el infinito inexplorado que se extiende alrededor de la ignorancia del hombre. 

O esa, es la premisa de esta travesía por la supervivencia de la especie y al final, alegoría sobre la vida. El recorrido a través de la percepción de sostener la esperanza a pesar del miedo y el confín de la amenaza inexplicable, es poderoso. Pero también, la sensación de urgencia por momentos siniestra, para avanzar y construir un viaje hacia el futuro que quizás, solo conduzca al desastre.

Como otras tantas premisas de ciencia ficción, la película utiliza el tiempo y los fenómenos cósmicos como telón de fondo. Pero en esta ocasión, el argumento permite explorar en varios puntos a la vez sobre la idea y crear algo más elaborado. Al final, su sorpresivo final es una vuelta de tuerca que sorprende por su efectividad, pero también su franqueza. Una mirada hacia el futuro — en más de una manera — más directo de lo que parece. 

 
The Cloverfield Paradox 

10 Cloverfield Lane fue estrenada en el 2016 sin que se mencionara durante su producción que el argumento estuviera vinculado a la saga Cloverfield. El productor J.J. Abrams decidió jugar con los mismos elementos en The Cloverfield: Paradox. Como el resto de la franquicia, la película dirigida por Julius Onah se filmó en medio del misterio. El resultado es una curiosa combinación entre una especie de homenaje a los films de origen y una exploración novedosa a la ciencia ficción. 

Paradox es, de hecho, la narración sobre los orígenes del fenómeno que preceden al comienzo de la franquicia. J.J. Abrams de nuevo juega con la escasa información previa sobre el argumento para crear una atmósfera de misterio que intenta brindar a la película un cierto tenor experimental. Con un sólido elenco coral encabezado por Gugu Mbatha-Raw, David Oyelowo y Daniel Brühl, la trama medita sobre el terror. Pero también sobre la incertidumbre y la amenaza de un futuro distante en medio de una conmoción sin nombre e inexplicable.

El guion de esta película disponible en Netflix intenta unir universos diferentes interconectados entre sí y que de alguna u otra forma, trata de brindar coherencia a las dos películas anteriores. Sin embargo, la ambiciosa maniobra argumental no llega a concretarse del todo. La película de Netflix es incapaz de mantener un ritmo coherente y termina convertida en una serie de piezas sin sentido que no logran coincidir entre sí. Con todo, su especulación sobre el espacio, el terror y lo que acecha más allá del conocimiento humano es brillante. Tanto, como para convertir el film en una rara pieza en medio de una franquicia inclasificable. 

Regreso al espacio

El interés del llamado genio solitario Elon Musk por el viaje espacial desconcierta a buena parte del mundo. Pero en específico, su proyecto SpaceX, levantó tanto expectación como suspicacia. La posibilidad de viajar al espacio sin la intermediación de entes gubernamentales abandona lo que parece ser cierto elemento restrictivo. También abre la posibilidad del viejo sueño humano de la conquista solitaria del cosmos. Entre ambas cosas, la posibilidad de algo semejante desconcierta, pero a la vez sustenta la idea del valor del instinto pionero del ser humano. 

Los directores Elizabeth Chai Vasarhelyi y Jimmy Chin, recorren los pormenores del proyecto de Musk con cierta mirada asombrada a través del formato documental. Pero aunque el largometraje no aborda cuestiones específicas sobre la viabilidad de iniciativas o cómo puede beneficiar al futuro, si muestra sus pormenores. Lo hace desde cierto aire de fascinación y a la vez, una percepción sobre el poder de la capacidad humana para asumir retos, en apariencia insalvables.

SpaceX todavía es una incógnita a futuro. Pero Regreso al espacio deja claro que la ambición de Musk es el principio de una nueva carrera espacial. Una más extraña, singular y quizás amplia, de lo que había sido hasta ahora. 

Passengers 

El viaje espacial a gran escala ha sido imaginado en muchas formas. Pero el director Morten Tyldum lo llevó a otro nivel. En especial, la idea de qué ocurriría con los seres humanos que deben atravesar el espacio profundo en condiciones ahora mismo inimaginables. Passengers comienza con la idea de la colonización, pero en realidad el guion es mucho más tramposo y ambiguo de lo que podría suponerse. Más singular en su necesidad de explorar cuestiones filosóficas y éticas, para luego profundizar en el amor. 

Cuando Jim (Chris Pratt) despierta mucho antes de llegar al destino final de un viaje interplanetario, tendrá que afrontar la posibilidad de vivir en soledad. De modo que toma la decisión más egoísta de todas al interrumpir la animación suspendida de Aurora (Jennifer Lawrence). Lo que parece ser el acto más violento imaginable, se convierte en una extraña historia de amor agria. La combinación avanza con pie torpe y en algunos puntos, resulta desconcertante e incluso, necesariamente incoherente. 

Pero con todo, lo sustancial se mantiene. Passengers es una historia sobre la naturaleza humana enfrentada a situaciones insospechadas. Pero también, la percepción sobre la posibilidad de la esperanza, incluso en situaciones complejas. Todo un trayecto que como el viaje en pantalla, tiene dificultades en llegar a un buen lugar. Pero cuando lo hace, es una lección asombrosa, triste y amarga sobre el poder de lo humano sobre lo incierto. 

Star Trek

La nueva versión de la clásica saga de ciencia ficción llegó al cine de la mano de J. J. Abrams. Y sorprendió a pesar de las dudas acerca de los elementos para una nueva narración y en especial, cómo se conservaría la integridad de la original. 

Pero Abrams logró sostener la historia tradicional sobre nuevos rostros y hacerlo de forma apropiada. El Kirk de Chris Paine es brillante, malicioso y rebelde. Su eterno contraparte Spock (Zachary Quinto) es una criatura fría y distante que emprende un recorrido para comprender su naturaleza dual.

Pero lo que más sorprende de la obra de Abrams es su capacidad para sostener la noción sobre la ciencia ficción que hizo famosa a la saga. La conexión profunda y elocuente entre un mundo mayor y este nuevo capítulo, que emprende el viaje al espacio desde lo intrigante. Al final, se trata de un nuevo capítulo, pero también, un homenaje a gran escala a la franquicia. Uno además, que abrió la puerta para toda una nueva aproximación a la historia, que tendrá su nueva entrega en el 2023. 

Life 

La sombra de Alien de Ridley Scott es muy alargada y Life de Daniel Espinosa su más reciente reinvención. Cuando los tripulantes de La estación espacial internacional deben enfrentarse a la posibilidad de vida extraterrestre, todo parecerá envuelto por el asombro. Hasta que sea evidente que la recién descubierta posibilidad es mucho más una amenaza que una respuesta a una larga pregunta repetida a lo largo de la historia humana.

Con un elenco de lujo encabezado por Jake Gyllenhaal, Ryan Reynolds y Rebecca Ferguson, la película de Netflix es menos efectiva de lo que pudiera ser. En especial, porque Espinosa pierde el pulso al tratar de mostrar el horror discreto que emerge en el centro mismo de la imposibilidad. Pero con un tercer tramo lo suficientemente digno para sostener la premisa, Life no decepciona. 

O al menos, es capaz de intrigar lo suficiente para narrar una historia compleja y angustiosa, con un sobrio ajeno a la estridencia. Al final, su desenlace abierto y las preguntas que deja sin responder agregan interés expeditivo al argumento.  


Apollo 10½: Una infancia espacial

El impacto de la misión Apollo fue determinante para toda una generación y este animado de Richard Linklater, lo muestra. No solo es un recorrido a través de cómo la memoria colectiva es capaz de analizar el tiempo y los grandes sucesos. También es una búsqueda inteligente, intuitiva y melancólica sobre el tiempo que transcurre y la percepción de su importancia.

Todo, por supuesto, enlazado con el viaje a la Luna como sentido de la identidad norteamericana. La película, logra contar el recorrido del proyecto más ambicioso de un país, a la vez que la esperanza, la condición del tiempo y la identidad de una época. Todo, a través de la mirada de niño y la connotación de lo prodigioso en un momento en que nada parecía imposible. 

Quizás más edulcorada de lo necesario, la película de Netflix decae cuando intenta sostener toda su premisa sobre la nostalgia. Pero aún así, continúa siendo un viaje al asombro de una generación, que nació para ver un sueño multitudinario hacerse realidad. Una mirada potente a la esperanza — como hecho humano — y a la maravilla, como parte de los niños que presenciaron un prodigio tecnológico impensable. 


Moon

El horror claustrofóbico con que Duncan Jones logró dotar a Moon la convierte en una pequeña joya cinematográfica difícil de clasificar. En especial, cuando se trata de una percepción inquietante sobre algo más elaborado. Cuando Sam (Sam Rockwell) comprende que algo ocurre en lo que parece el final de su estadía espacial, emprenderá una búsqueda desesperada por respuestas. Pero encontrarlas implicará plantearse dudas existenciales a gran escala que terminarán por ser algo más siniestro.

Con un manejo de la tensión que deslumbra y un guion nihilista que tiende a la crueldad, Moon elucubra sobre la bioética. Pero también, los limites del espacio como un lugar fuera de todo contexto, temporal o geográfico. El aislamiento, el miedo y la degradación de la naturaleza humana en un sentido ambivalente, se convierten en punto central de la premisa. A la vez, una dolorosa mirada al tiempo y a la circunstancia de la vida, como parte de algo más complejo.

Y aunque al final, Moon revela sus secretos con excesiva facilidad, la película tiene la suficiente solidez para permitir la connotación sobre la incertidumbre. Revelado el núcleo del horror, el film se mueve hacia nuevos lugares y encaja en espacios inquietantes. Una concepción misteriosa sobre el bien y el mal que desconcierta por completo. 


Oxígeno 

Para Alexandre Aja, el horror es frenético y Oxígeno lo demuestra. Este recorrido angustioso por lugares inesperados e inexplorados del terror, es una odisea que comienza desde la primera escena. Cuando Elizabeth (Mélanie Laurent) despierta en una nave espacial sin recordar como llegó ahí o qué esperar en adelante, todo se convierte en una carrera a ciegas. En una travesía además, por la supervivencia. El oxígeno está a punto de terminarse y Elizabeth deberá escapar antes de morir asfixiada dentro de la estructura del vehículo. 

Mezclar un thriller con la crudeza del espacio exterior, resultó una complicación añadida a un guion extraño y lleno de debilidades. Aun así, Aja logra combinar ambas ideas y crear una película angustiosa que termina por ser más filosófica de lo que pretende. Con sus giros en ocasiones inexplicables, también es un espectáculo veloz y bien construido. Una rareza angustiosa que sin grandes pretensiones, termina por ser una película de Netflix disfrutable.