No hay un planeta B para nosotros. No a día de hoy. Pero sí hay varios planes en marcha por si llega el fin del mundo y que se dé la oportunidad de salvar algo nuestro. Aunque el más conocido es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, que busca preservar semillas de todas las especies de plantas y cultivos del mundo, no hay nada parecido para guardar nuestro conocimiento. Al menos no para el fin del mundo.

El problema de que llegue el fin del mundo es que es bastante probable que también se lleve con él, precisamente nuestro mundo, por lo que la única solución para salvaguardar parte de nuestra civilización es hacerlo fuera. ¿Dónde? La última idea tan descabellada como necesaria es hacerlo en la Luna.

El CEO of Lonestar, la empresa a la que se la ocurrido la idea, ha dado algunos detalles sobre ello. El plan es almacenar el conocimiento humano en servidores en la Luna... enterrados en túneles creados por viejas formaciones de lava. Su compañía ya tiene en marcha la IM-1 de Intuitive Machines, una misión privada que colocará un módulo de aterrizaje en la Luna para realizar una prueba de software inicial, almacenando una pequeña cantidad de datos en el módulo de aterrizaje durante dos semanas o un día lunar.

Servidores en la Luna y tubos de Lava

Luego planean enviar una primera carga útil de servidores de datos completos en el IM-2 de Intuitive Machine, con la que realizarán pruebas de carga y descarga. La idea es que los futuros servidores puedan comunicarse con la Tierra, así como almacenar información que no queremos perder durante muchos años.

El principal problema, más allá de los costes y del tamaño que se necesita en términos de servidores para almacenar "todo el conocimiento humano", si es que puede hacerse, es la temperatura. En la Luna fluctúa entre 106 °C (222,8 °F) durante el día a -183 °C (-297,4 °F) por la noche. Y luego está el problema de radiación cósmica, más agresiva que en la Tierra, donde contamos con la protección de nuestra atmósfera.

Aquí es donde entran los mencionados tubos de lava, que tendrían un doble propósito: una temperatura más estable, además de evitar que la radiación llegue a los servidores. Es quizás la parte de mayor ciencia ficción de todo el proyecto y la que es más improbable de llevar a cabo, al menos a día de hoy.

Otro problema adicional es el transporte de los servidores, el mantenimiento y cómo de efectivo será la conservación a largo plazo de los datos. Si además hay que montar una infraestructura con tubos de lava, y montaje de estaciones espaciales, la cosa se complica.

Y luego el más polémico. Quién va a pagar la fiesta, quién podrá almacenar datos y, sobre todo, quién tendrá acceso a esos dados. O cómo será la selección que incluya el conocimiento de la humanidad. Un plan sin duda muy interesante y necesario, pero tremendamente complejo llevar a cabo a día de hoy.