Los perros pug, también conocidos como carlinos, son una raza aparentemente adorable. Sin embargo, ese atractivo es precisamente su condena. Del mismo modo que ocurre con los perros toy, es una raza que se obtuvo para agradar, sin tener en cuenta las consecuencias que podrían tener algunas características sobre su salud. Y estas son tan graves que, según un estudio recién publicado en Canine Medicine and Genetics, apenas pueden considerarse perros típicos.

Los problemas de salud de los carlinos les alejan de las estadísticas del resto de razas. Sufren problemas para respirar, infecciones cutáneas y otras muchas afecciones que convierten su existencia en un tormento. Pero son perros monísimos, claro. 

Está claro que hay que hacer algo para solucionar este problema, empezando por la concienciación. Como bien señalan en un artículo de BBC sobre este tema, no hay que demonizar a quienes sueñen con comprar un carlino, pero sí se les debe hacer ver que esa compra potencia que la raza se siga criando, exponiendo a más perros al sufrimiento. Para quienes ya tienen uno, es importante que sean conscientes de los problemas de salud a los que se exponen y les presten especial atención. En general, carlinos o no, lo más recomendable es adoptar perros en vez de comprarlos, pues detrás de la cría de animales con pedigrí a menudo hay historias como esta, desconocidas para quienes solo quieren el amor de un amigo peludo, pero muy trágica para ellos. 

De la domesticación del lobo al carlino

Las primeras evidencias fósiles de un perro doméstico se encontraron en Bonn, Alemania, y datan de hace más de 14.000 años. Ya no se trataba de un lobo, sino de un animal doméstico que poco a poco fue evolucionando hasta convertirse en los perros que conocemos hoy en día. La cría selectiva fue propiciando la aparición de razas con determinadas cualidades útiles para los humanos, como la caza o el pastoreo. Aunque con el tiempo fueron obteniéndose algunas cuya única utilidad era, en cierto modo, ornamental.

Es lo que ocurrió con los carlinos. Estos se comenzaron a criar hace 2.000 años, aproximadamente, para que los emperadores chinos tuviesen mascotas refinadas, diferentes a las del pueblo llano. Más tarde, hace 1.500 años, los comerciantes holandeses empezaron a llevar algunos ejemplares a Europa, donde también se hicieron de una gran fama en las altas esferas. Eran perros prácticamente decorativos, con su cabecita pequeña, su piel arrugada y su lengua fuera en una mueca de sonrisa.

Los carlinos comenzaron a criarse hace 2.000 años para agradar a los emperadores chinos

A día de hoy los carlinos no son perros propios de personas refinadas. Cualquiera puede tenerlos, aunque es más común comprarlos que adoptarlos. Son mascotas capricho y, como tales, se valora mucho ese pedigrí que se garantiza en ciertos criaderos. Pero ahora sabemos que esas características tan concretas y tan deseadas por algunas personas provocan gravísimos problemas de salud a estos animales. Hasta el punto de que no entrarían en los baremos de salud normales de los perros.

carlino, perros
Daniel Sandovzl (Unsplash)

Los problemas de salud que los alejan de otros perros

En un estudio realizado por científicos del Real Colegio de Veterinaria de Reino Unido se concluyen varios factores por los que los carlinos se alejan muchísimo de otros perros en lo que a salud se refiere.

Concretamente, tienen 1,9 más probabilidades que otros perros de desarrollar uno o más trastornos en un solo año. Año tras año. 

Su cráneo es tan pequeño que el cerebro está prácticamente aplastado

Esto se debe a varios factores. Por un lado, su cabecita pequeña, adorable por fuera, no es más que un cráneo muy reducido en el que el cerebro se encuentra prácticamente aplastado. Esto puede llevarles a padecer síndrome obstructivo braquicefálico, un trastorno respiratorio para el que son 54 veces más propensos que otras razas de perros. 

En cuanto a su llamativa piel arrugada, cuenta con pliegues en los que es más fácil que se acumulen microorganismos patógenos, por lo que tienen una mayor probabilidad de padecer infecciones cutáneas.

Por otro lado, la sonrisa permanente en realidad es un jadeo derivado de unas fosas nasales tan pequeñas que apenas pueden respirar por ellas. Y tampoco se queda atrás la cola, visiblemente muy bonita, pero debida a una malformación en sus vértebras.

Finalmente, los carlinos parecen mucho más adorables con sus cuerpos redonditos. Esto lleva a que sus dueños no cuiden demasiado su alimentación. Al fin y al cabo, cuanto más gorditos más monos. Pero eso es aún peor, pues el sobrepeso aumenta el riesgo de todo lo anterior.

En definitiva, ya hay muchos carlinos en el mundo y hay que cuidarlos con especial mimo. Pero también deberíamos concienciar a quienes buscan un perro de que potenciar la cría de esta raza seguirá condenando a muchos de ellos a un claro sufrimiento. Suena mucho a tópico, pero ellos nunca lo harían. Preocupémonos nosotros por ellos.