Las dietas de moda no dejan de traernos nuevas sorpresas año tras año. Desde las dietas milagro para perder peso y los suplementos alimenticios inservibles hasta la dieta de Albert Einstein, pasando por las dietas de celebrities como Victoria Beckham: el abanico de disparates comestibles inunda cada rincón de la red de forma inconmensurable. La nueva directriz dietética que ha saltado a la palestra del famoseo tiene que ver con Marta Torné, reconocida actriz española que dice incluir altas cantidades de alimentos ecológicos en su dieta.

Pero, ¿qué es exactamente un alimento ecológico? ¿Acaso esta denominación alimentaria garantiza que un producto es más sano? ¿Pueden estos alimentos otorgarnos el elixir de la eterna juventud? Nada más lejos de la realidad.

En ocasiones vemos en los lineales del supermercado kiwis procedentes de Nueva Zelanda envueltos en insultantes cantidades de plástico. Además, suelen venir acompañados ocasionalmente de un sello verde bien hermoso que los acredita como ecológicos. Esta es una de las tantas contradicciones que nos ofrecen los alimentos ecológicos en la actualidad: tampoco son una garantía de sostenibilidad ni por asomo.

Qué significa ecológico realmente

¿Y qué pasa con la salud? ¿Acaso podemos decir que un alimento es más sostenible por mucho certificado ecológico que contenga? Para la mayoría de seres humanos, la connotación “ecológico” viene asociada inmediatamente a un productos de mayor calidad, más saludable e incluso más sabroso. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que esto así sea. La única condición que debe cumplir un alimento para ser considerado ecológico es ajustarse a las directrices de la legislación europea en dicha materia.

Debes saber que tanto “ecológico” como “bio” u “orgánico” significa exactamente lo mismo: no hay diferencia entre estos términos. En la actualidad, los aspectos legales que regulan este asunto se definen en el Reglamento 2018/848 de la Unión Europea. Aquí se nos dice que los objetivos de la alimentación ecológica son la protección del medio ambiente, el mantenimiento de la fertilidad de los suelos a largo plazo, el cuidado del bienestar animal y la biodiversidad, entre otras consideraciones. Además, para considerar una producción como ecológica se cumplen algunos de los siguientes puntos:

  • Queda totalmente prohibido el uso de organismos modificados genéticamente (OMG).
  • La producción ganadera debe adaptarse al lugar y tener una estrecha vinculación con el bienestar del suelo.
  • Queda restringido el uso de fertilizantes de origen artificial, plaguicidas, fertilizantes, y hormonas, así como de aditivos en la medida de lo posible.

En definitiva, todas las cuestiones mencionadas dentro de la legislación de los alimentos ecológicos se refieren mayormente a cuestiones de sostenibilidad y medio ambiente: no se dice ni mu sobre la salud. Por ello, no hay ninguna garantía legal que acredite beneficios para la salud derivados del consumo de alimentos ecológicos. La denominación “ecológico” solamente se comporta como un sello o acreditación en base a unas normas concretas, no va más allá. Recordemos que no solo hay peras y manzanas ecológicas: las magdalenas ecológicas también se venden a mansalva.

Por suerte, contamos con evidencia científica para arrojar luz en este agrícola asunto: la ciencia ha arrojado interesantes conclusiones que apoyan esta premisa. Una de las revisiones científicas sobre ecológicos más extensas y completas hasta la fecha, publicada en la revista Annals of Internal Medicine, concluyó que los alimentos orgánicos no son significativamente más nutritivos que los alimentos convencionales.

Los huevos ecológicos sí tienen sentido

Casi todos los alimentos convencionales tienen su alter ego ecológico en el mercado actual. Las frutas y verduras suelen ser protagonistas, pero también hay alimentos de origen animal con el etiquetado “eco” a sus espaldas. Desde carne de pollo y hamburguesas de cerdo hasta huevos: los alimentos ecológicos tocan todos los palos. Precisamente, los huevos son un gran ejemplo de la utilidad real que puede tener el etiquetado ecológico. No todo iba a ser malo.

El número 0 que llevan impresos algunos huevos ecológicos en su cáscara indica que las gallinas han seguido una producción ecológica. En este sentido, vemos una mejoría en las condiciones de bienestar animal que tienen las gallinas, ya que tienen acceso al aire libre. Además, la legislación dicta que la mayoría de sus piensos deben provenir de alimentación ecológica. Por otro lado, los huevos etiquetados con el número 1 provienen de gallinas camperas y los huevos de categoría 2 y 3 equivalen, respectivamente, a gallinas criadas en suelo y jaulas. Estas últimas son las dos peores categorías posibles para las gallinas, ya que los animales tienen muy poco espacio para moverse y ven poco o nada la luz del Sol.

El verdadero alimento ecológico: los de proximidad

Como mencionamos al inicio, Marta Torné ha mostrado en sus redes sociales una dieta saludable basada en alimentos ecológicos. Y está genial: es una dieta positiva para la salud. Pero no por la presencia de ecológicos, sino porque se basa en una alta proporción de alimentos saludables en su conjunto como frutas, verduras, legumbres y pescados. Da igual si son “eco” o no.

También dice huir de azúcares y procesados, algo que por supuesto entraña una elección saludable, aunque con ciertos matices. No todos los alimentos procesados son insanos: las conservas de pescado, los vegetales ultracongelados, sopas frías tipo gazpacho o salmorejo y cremas como hummus o guacamole son plenamente válidas dentro de una alimentación saludable.

Adicionalmente, la actriz española confiesa basar su alimentación en el consumo de frutas y verduras de temporada, así como carnes y pescados de proximidad. Y aquí es donde encontramos la clave del asunto. Los alimentos locales, de proximidad, son el verdadero ecológico que deberíamos consumir. ¿Por qué? Pues porque conforman alimentos cultivados o producidos en nuestra área geográfica cercana, con un impacto medioambiental sumamente inferior y que además fomenta la economía local, de nuestros barrios y zonas cercanas.

Que los alimentos ecológicos no sean más saludables o nutritivos que los convencionales no quiere decir que su consumo deje de ser interesante. En algunos contextos los alimentos ecológicos podrían ayudarnos a mejorar la sostenibilidad y el medio ambiente, pero si los compramos locales y de cercanía. No si vienen de la otra punta del mundo envueltos en plásticos a raudales. Recuérdalo: no es necesario buscar el sello verde “eco” o “bio” del supermercado para encontrar alimentos respetuosos con el medio ambiente.