La cuarta temporada y final de la serie Killing Eve, disponible en HBO Max, dejó varias lecciones a cuestas. La principal: la forma brillante del programa de despedir a lo grande a sus dos personajes centrales convertidos en iconos de la televisión. Para bien o para mal, la serie se convirtió en un duelo de poder y estrategia entre dos mujeres extraordinarias. El resultado fue un cierre que superó las expectativas, moderadas, después de una decepcionante tercera temporada. Pero para su cierre, Killing Eve parecía ser muy consciente de la posibilidad de su legado en la historia de la televisión. A la vez, de todo lo que podía ofrecer una premisa en que la atmósfera y el poder de sus personajes lo era todo. ¿Logró la serie que llevó la violencia y el asesinato a un nivel de obsesión amorosa complacer a su fiel audiencia? 

Es una pregunta difícil de responder. Por cuatro temporadas, Killing Eve se convirtió en un raro y sofisticado fenómeno pop. La historia de la asesina obsesionada con su objetivo llevó a la televisión un argumento tan novedoso como teñido de una elegancia perversa. Más allá, creó una visión sobre la violencia, la crueldad, el poder y la noción sobre un nuevo tipo de tensión erótica que deslumbró al público. La cuarta temporada y final tenía por objetivo concluir la historia de Eve (Sandra Oh) y Villanelle (Jodie Corner). 

También, analizar la narración como un todo en el que cada uno de sus elementos tenía un lugar preponderante y de considerable interés. Después de todo, a pesar que el centro de la historia son Eve y Villanelle, había otros enigmas de interés. Desde la identidad de los Doce, hasta qué podría ocurrir con Carolyn (Fiona Shaw) e incluso, el misterio alrededor de Konstantin (Kim Bodnia). Killing Eve necesitaba superar la noción sobre el misterio por episodio y encontrar una consistencia mayor. ¿Lo logró en su última temporada? 

En realidad, hizo algo más que eso: analizó la idea de su poder como estructura e historia. Y dejó varias lecciones para la posteridad que vale la pena analizar con cuidado. Después de todo, la serie encontró una forma de reconstruir la habitual idea de enemigos implacables en la televisión. Y analizar la condición de sus personajes como engranajes de un mecanismo, que a pesar de sus altos y bajos, sostuvo una premisa impecable. Sin duda, el mayor legado de la serie. 

Dos personajes a través de los cuales gravita toda la historia 

Killing Eve sorprendió con una primera temporada brillante en la que subvirtió la idea sobre la complicidad entre personajes. Eve y Villanelle no estaban destinadas a ser cómplices, tampoco a convertirse en interés romántico mutuo. En realidad, la serie preparó el escenario para una confrontación violenta que terminaría necesariamente en una muerte. La premisa, que suele ser habitual en el cine, no lo es tanto en la televisión. Y de hecho, fue uno de los puntos más altos de una estructura narrativa cada vez más retorcida, profunda y bien construida. 

Si algo deja como legado Killing Eve y en especial, su cuarta temporada, es la idea del enfrentamiento intelectual, moral e incluso espiritual entre sus personajes

Killing Eve estuvo pensada desde sus primeros capítulos para analizar las relaciones de poder entre sus personajes. También, para brindar tanto a Eve como a Villanelle una connotación sobre lo trágico que convirtió la serie en algo por completo novedoso. De hecho, toda la estructura del argumento basó su eficacia en la capacidad de brindar credibilidad a la tensión entre ambos personajes. Tanto como para que se convirtiera en un punto de considerable interés al analizar el poder, la violencia y el miedo en su narración. 

Si algo deja como legado Killing Eve y en especial, su cuarta temporada, es la idea del enfrentamiento intelectual, moral e incluso espiritual entre sus personajes. Un punto a favor de una trama en apariencia sencilla que se hizo cada vez más elegante a medida que avanzó en la historia. 

Un nuevo tipo de personaje femenino 

Tanto la Eve de Sandra Oh como la Villanelle de Jodie Corman son personajes atípicos dentro de la historia de la televisión. Con su poderosa personalidad y letal inteligencia, Eve es una mirada a un tipo de maquinación intelectual que rara vez se atribuye a personajes femeninos. Lo mismo podría decirse de su némesis, la exquisita asesinada creada por Corman. Juntas crearon una percepción sobre el bien, el mal y todas sus estratificaciones que sorprende por su valor narrativo. 

El dúo de asesina y objetivo se convirtió en el centro de tensión de la serie. Pero también, una cuidadosa exploración sobre la percepción acerca de las relaciones misteriosas (intelectuales y emotivas) entre personajes. Uno de los grandes puntos la serie, y en especial su cuarta temporada, es la forma en la relación entre ambas se hace más orgánica y letal. Y finalmente, una mirada bien construida sobre el miedo, la necesidad, una forma refinada de crueldad y también, sin duda, del amor. Y en sus últimas escenas, Killing Eve dejó claro hasta qué punto el concepto se hizo necesario para comprender a la serie, su importancia y poder. 

Un mundo de personajes secundarios que recorrer en Killing Eve

El cierre de Killing Eve respondió a la mayoría de las preguntas de los fanáticos sobre el mundo que rodea a sus dos personajes centrales. Pero también, ha dejado claro que a pesar de sus altibajos, la serie supo sostener la idea de un trasfondo esencial. A pesar de encontrarse concentrada en la lucha de poder entre sus dos personajes centrales, su pléyade de secundarios fue uno de sus puntos más potentes.

La cuarta temporada y de Killing Eve (con sus cuestionamientos sobre Caroline, Konstantin y su muerte) dejó claro que la serie es más que su historia central. Y el cierre de la historia (impactante y angustioso), mostró como todas las líneas terminaron por confluir en un único espacio narrativo.

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La muerte, el amor, el odio, la mirada al ¿futuro? Todo bajo la percepción que la serie se sostuvo a sí misma dentro del poder de sus tramas más extrañas. Una vez revelada la identidad de los Doce, la serie avanzó hacia lugares trágicos y demostró, la verdadera importancia de su trasfondo. Un éxito argumental que subsanó la decepcionante tercera temporada de la serie y le obsequió un final de antología.