"Los eventos online han venido para quedarse, ha llegado la nueva era de las reuniones digitales". Este es uno de los mantras más repetidos de Johnny Bourfarhat, el fundador de Hopin, la startup que despuntó durante la pandemia con su propuesta de eventos virtuales. El problema del famoso "han venido para quedarse" es que no todos los que llegaron se quedarán. ¿Persistirán los eventos digitales una vez se dé carpetazo definitivo al coronavirus? Por supuesto. ¿Sobrevivirán todos? Los actuales problemas de Hopin demuestran que las víctimas empiezan a ser señaladas.

Los últimos meses para Hopin no han sido del todo buenos. La compañía británica se ha tenido que enfrentar a una caída en picado del precio de sus acciones, cotizando en el mercado secundario, de un 41% aproximadamente. También a una ola de despidos que se han saldado con 138 empleados menos, un 12% de una plantilla que llegó a alcanzar más de 500 empleados. Unos empleados que, como recoge Financial Times, apuntan a que las cosas en Hopin no van del todo bien.

De los más de 15.000 eventos digitales que se ofertaban en la plataforma durante los meses de más contagios a nivel global, ahora persisten unos 500. ¿El motivo? La inercia de los trabajos. Con la vuelta a las oficinas, regresan los eventos presenciales. Con una ligera persistencia de los eventos híbridos, la realidad es que lo digital ha pasado de un todo a algo puramente residual. Especialmente donde Hopin tenía su foco de negocio. La tecnológica se centraba, además de en los eventos privados de empresas, en el modelo "Explore". Una suerte de Netflix de eventos abiertos en el que cualquiera podía participar. Conciertos, charlas y eventos sociales de todo tipo se dieron cita en entornos digitales durante los confinamientos.

Ahora, la mayor parte de ellos –y con la apertura del ocio físico– han pasado a la historia. Y con ellos la versión "Explore" de Hopin que alimentaba la mayor parte de su negocio. Los eventos privados y de empresas, en los que la británica está poniendo el foco en este momento, no son suficientes para alimentar las cuentas de una compañía que pasó de 0 a 7.800 millones de valoración gracias a un virus mundial.

Una tormenta perfecta para los eventos digitales

Sería injusto decir que Hopin fue un éxito de la pandemia. Si bien es cierto que fue cuando alcanzó su mayores resultados, la tecnológica de eventos virtuales ya supo ver el negocio en 2019. Fundada por Johnny Bourfarhat y Dave School, la compañía dio sus primeros pasos antes de que una reunión virtual fuese obligatoria más que una opción.

Lograron, en febrero de 2020 y antes de que lo más fuerte de la pandemia se viniese encima, una ronda de financiación de 6,5 millones de dólares. Calderilla si tenemos en cuenta lo que Hopin logró recaudar cuando comenzó a florecer a lo largo de 2020. Porque mientras otros sectores luchaban por atraer la atención de unos inversores desconcertados –como el mundo en general–, Hopin los tenía a puñados.

En junio del 2020, anunciaban su Serie A con 40 millones de dólares liderada por IVP. En noviembre de ese mismo año, lograban su Serie B de 125 millones de dólares. Era un crecimiento rápido auspiciado por inversores que querían subirse a la innovación del momento. En diciembre de 2020 compraban, por 240 millones de euros, la plataforma de grabaciones StreamYard. Esto supuso un aumento de sus ingresos casi en un 40% que, sumado a sus resultados por el covid, dibujaban al unicornio perfecto.

Y aunque todo apuntaba que era un modelo de negocio que se iba a perpetuar en el tiempo, la realidad es que terminó desinflándose con unos inversores que se precipitaron con una empresa sobredimensionada por las circunstancias. El ser humano es un animal de costumbres, pero las de siempre. Y Hopin fue el ganador de la pandemia y víctima de la misma.

Hopin, no estás sola

Sería injusto decir que Hopin es la única víctima de la vuelta a la normalidad pospandemia, pese a que no esté oficialmente terminada. Es una más de una larga lista de compañías que lo dieron todo durante los meses del confinamiento y ahora no terminan de encontrar su lugar.

Las redes sociales fueron un refugio para millones de personas encerradas en sus casas. Si estas ya venían de lograr grandes resultados antes de cualquier virus, la pandemia supuso una vuelta a los grandes números. Facebook, de hecho, mantiene el vigor con unos últimos resultados que apuntan a un aumento del 12% de sus usuarios respecto al año pasado. Otros no han vivido la misma suerte y volaron en poco tiempo. Clubhouse, hija de la pandemia, también murió con ella. Fue un amor de verano que pronto terminó por agotar a millones de usuarios necesitados de novedades en sus vidas.

La misma suerte que vivió el mundo del delivery, más allá del mundo de los eventos de Hopin. Glovo, Just Eat, Deliveroo –que por entonces estaba activo en España– y Uber Eats vivieron sus meses dorados. Tanto como para afirmar que la llegada de la pandemia había adelantado el negocio del delivery unos cuantos años. Y tanto como para atraer otro modelo de negocio en auge en este momento: la última milla con entregas rápidas. Deliveroo Hero –propietaria actual de Glovo– decepcionaba a sus inversores con unos malos resultados en 2021. Pese al aumento de las operaciones, las empresas asociadas seguían perdiendo dinero. Tanto lo mismo con Just Eat, que incluso analiza una venta de una filial en Estados Unidos. Si a esta ecuación se le suma la llegada de la Ley Rider, la tormenta perfecta del delivery está servida.

Sin embargo, el pinchazo del rey de la pandemia –del otro además de Hopin– ha sido el que más ha dolido. Y aunque no solo tiene la culpa el fin del confinamiento –aquí hay muchas variables en juego– sí denota un cambio de ciclo. Por primera vez en su historia, Netflix anunciaba una caída de usuarios en su plataforma. Esa misma que había alcanzado su récord durante el confinamiento, se dejaba 200.000 clientes por el camino. Pocos a tenor de los que ya apuntan que perderán en los próximos resultados. Y sin bien es cierto que Disney + y HBO Max están prestando una dura competencia a Netflix, el descenso de los niveles de visionado del confinamiento –y el aumento del precio– han sido determinantes para la caída de otro de los grandes de la pandemia.