Cada vez que Elon Musk abre la boca, genera un sinfín de titulares alrededor de sus declaraciones. Su reciente entrevista con Chris Anderson, de TED, es una clara prueba de ello. Sus empresas como método de filantropía, la vida "sin hogar" y la promesa de robots sexuales fueron solo algunos de los temas que se desprendieron de esta charla, donde el CEO de Tesla y SpaceX también explicó por qué dedica la mayor parte de su día a trabajar.

Como no podía ser de otra manera, el argumento que ofreció estuvo a la altura de lo que podríamos esperar del magnate de origen sudafricano. Es que Elon Musk asegura que al canalizar todo el potencial de sus pensamientos puede lograr un impacto millonario sobre sus compañías.

Consultado sobre cómo se lidia psicológicamente con el hecho de que su valuación puede subir o bajar por miles de millones de dólares de un día para el otro, el empresario indicó que no piensa demasiado en ello. Y manifestó que su verdadera preocupación está puesta en sacarle el mayor rédito posible a cada jornada.

"Lo que sí es más difícil, y que se vuelve un problema a la hora de dormir, es que cada buena hora, o minuto incluso, de pensar en Tesla y SpaceX tiene un efecto tan grande en las compañías que trato de trabajar lo más que puedo, hasta el límite de la cordura, básicamente. Tesla está llegando a un punto, o probablemente lo alcanzará más adelante este año, en que cada minuto de pensamiento de gran calidad es un impacto de un millón de dólares. Y es una locura", aseveró Elon Musk.

Elon Musk y el impacto millonario de una lluvia de ideas

Y como para no quedarse corto en su apreciación, agregó: "Si Tesla tiene ingresos semanales por 2.000 millones de dólares, son algo así como $300 millones por día, los siete días de la semana. [...] Hubo situaciones en las que en una reunión de media hora pude mejorar el resultado financiero de la compañía en 100 millones de dólares".

Lo que dice Elon Musk puede sonar petulante, pero habla más de la tremenda magnitud que han logrado sus compañías que de él mismo. Es cierto que el magnate parece tener un poder especial para hacer declaraciones extravagantes; lo vimos en el pasado cuando aseguró que su sentido del humor le daba publicidad gratuita a Tesla, o cuando retó a duelo a Vladimir Putin, o incluso durante la actual novela por su intento de comprar Twitter, por solo mencionar unos pocos.

Sin embargo, lo que aquí expone es que firmas como Tesla y SpaceX están llegando a un punto donde cualquier cifra les queda chica. Es una realidad muy despegada de la de otras miles de millones de personas, por supuesto, pero es la que les toca afrontar. Y no cualquiera tiene el aplomo necesario para subirse a esa tremenda montaña rusa de presiones, emociones y obligaciones.

Queda claro que algunas declaraciones de Elon Musk (o relacionadas a él) a veces resultan chocantes sin el contexto necesario. Un claro ejemplo de ello fue el revuelo de cuando Grimes dijo que el magnate vivía "bajo el umbral de pobreza", haciendo referencia a que no presumía lujos pese a ser la persona más rica del mundo.

El propio empresario también se refirió a ello, en relación a las críticas que reciben habitualmente los multimillonarios. "Sin duda, sería muy problemático si estuviera gastando miles de millones de dólares al año en consumo personal, pero ese no es el caso. [...] La única excepción es el avión [por su aeronave privada], pero si no lo uso tengo menos tiempo para trabajar", justificó.