El Internado: Las Cumbres se ha convertido en un curioso fenómeno desde su estreno en el 2021 en Amazon Prime Video. A pesar de sus evidentes fallos de guion y de ritmo, la primera temporada se convirtió en un éxito de audiencia. Tanto como para que la plataforma decidiera ampliar y profundizar la historia con ocho nuevos capítulos. En esta ocasión, el argumento regresa al internado y a sus intrigas. Y se decanta finalmente por un tono preciso.

Después de las críticas que recibieron los anteriores capítulos por su incapacidad para mostrar una línea argumental definida, El Internado: Las Cumbres explora el suspense. Y lo hace con mucha más habilidad y buenas decisiones narrativas que su debut en la multipantalla. Aun así, la serie vuelve a recorrer un camino irregular al intentar interconectar varias historias entre sí y brindar a sus personajes nuevos escenarios.

Por supuesto, se trata de un riesgo. El Internado: Las Cumbres basa su efectividad en el equilibrio precario del guion entre cierta insinuación de profundidad enigmática y un melodrama entretenido. También en el intento de sostener una historia en apariencia enrevesada desde cierta simplicidad.

La segunda temporada conserva aire desenfadado y experimental del material original, pero analiza la posibilidad una solidez madura. No lo logra en todas las ocasiones — su gran fallo es no encontrar un tono y ritmo — pero logra sostenerse como narración consistente. De la misma forma que su versión de Antena 3, El Internado: Las Cumbres es un recorrido por dos géneros distintos que confluyen en momentos dispares. 

Por un lado, un aire levemente gótico que en su segunda temporada es más evidente y del que el argumento saca provecho. Al otro extremo, su insistencia en la identidad juvenil y el misterio como trasfondo. Entre ambas cosas, El Internado: Las Cumbres remonta la sensación de confusión que dejó su primera temporada y encuentra su identidad. Ya no se trata de una versión de un material más exitoso o de una historia con tintes de terror con rostros adolescentes. Es un curioso híbrido entre el misterio que rodea al internado — convertido para la ocasión en un personaje más — y la conexión con la oscuridad latente. Una que llega a lograr en sus momentos mejor elaborados pero que no siempre resulta comprensible o lineal en los más bajos. 

Un trayecto hacia una serie con su propio rostro 

El internado: Laguna Negra se convirtió en un considerable éxito desde su estreno en el 2007 hasta su final tres años después. La combinación de suspense, tramas adolescentes y un desvergonzado acento en el entretenimiento puro convirtieron la producción en un placer culpable. De hecho, la mayor parte de sus 7 temporadas se convirtieron en fenómenos de audiencia. Aún más, el singular juego entre el suspenso y después, el drama con tendencia a lo romántico llegó a crear su propio estilo. Para su cancelación, El internado: Laguna Negra ya formaba parte de la historia de la televisión española. 

Con una evidente influencia en series basadas en la percepción de la sospecha, El Internado: Las Cumbres a la posibilidad de un suspenso progresivo

Para su versión internacional con El Internado: Las Cumbres, Amazon Prime acentuó su personalidad de producto juvenil y agregó la percepción de un misterio retorcido latente. El resultado en su segunda temporada es una mayor sensación de claustrofobia. Si en la primera temporada, el internado — como institución — tenía la atmósfera opresiva de la reclusión forzosa, en sus nuevos capítulos se hace más elaborada. Las largas tomas del paisaje desolado o las conversaciones a media voz. Hay una percepción constante que cada estudiante podría estar en riesgo o a punto de correr un peligro desconocido. No obstante, el juego de insinuaciones no resulta tan efectivo como pudiera esperarse. En especial, cuando los personajes se desdibujan en la insistencia del guion por la oscuridad emocional del contexto. 

Con una evidente influencia en series basadas en la percepción de la sospecha, El Internado: Las Cumbres a la posibilidad de un suspenso progresivo. Y ese es quizás uno de sus puntos incómodos: buena parte de los primeros seis capítulos se desarrollan en medio de enigmas múltiples. Una y otra vez, El Internado: Las Cumbres insinúa una resolución — o al menos, una respuesta definitiva — solo para llegar a otra encrucijada. Con un juego semejante — que termina por convertirse en un elemento distractor y en el peor de los casos agotador — la producción avanza con esfuerzo. Lo mismo ocurre con los personajes. Los cambios de estructura y sentido de sus intenciones, terminan por convertirlos en una extraña red de hilos narrativos sin resolución. 

El Internado: Las Cumbres, Un juego mal planteado 

Al final, lo que realmente parece importar al argumento es la capacidad de la serie para desconcertar. Una y otra vez, los giros narrativos conducen a lugares inesperados de la trama, del comportamiento de los personajes y a revelaciones asombrosas. Pero la pregunta inevitable es hasta qué punto una historia puede admitir sorpresas y revelaciones que solo conducen a otras tantas.

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Con personajes virtualmente anónimos pero su acento en el misterio gótico que se sostiene de una mejor atmósfera, la segunda temporada de El Internado: Las Cumbres resulta atractiva pero confusa. Quizás se trate de un juego de espejos inofensivo pero embaucador. Tal y como lo fue el material original durante su larga temporada de éxitos.