¿Dónde quedaron aquellos cromos con la cara de los ídolos? ¿Qué pasó con el primer vinilo? ¿Cuál es el estado de aquellos ideales de la infancia? ¿Cuántos sueños se volvieron realidad en la adultez? ¿Existió la carrera espacial, antes de este momento en el que la luna parece más cerca que nunca? ¿Alguien recuerda a Neil Armstrong? Esas son solo algunas de las preguntas que Apolo 10½: Una infancia espacial, al nueva película de Netflix, invita a plantearse en clave nostálgica. 

Sí, en clave nostálgica. La producción repasa distintos acontecimientos que de forma progresiva marcaron a la Generación X. Sirven de excusa para hablar sobre parte de los temas mencionados antes en forma de preguntas. Estos hechos se describen a través de la mirada de un niño que, al crecer, va encontrándose con todos estos avances. 

En la actualidad pueden parecer anacrónicos pero hubo un momento en el que el futuro no podría ser más ilusionante para muchos. Apolo 10½: Una infancia espacial recrea parte de ese momento, a la vez que se ríe de aquello, volviendo a un niño el protagonista de mucho de lo que ocurre. Esa perspectiva le permite mirar ese pasado con humor y nostalgia. Es uno de los mensajes del relato: del pasado, al menos, podemos reír. 

La estética de Apolo 10½: Una infancia espacial

Puede que sea incómoda pero, sí, es parte del sentido narrativo que tiene el film. Aunque pueda parecer extrañar, por ser una caricatura, una suerte de cómic sacado de otra época, es una declaración de principios del relato: en efecto, se trata de que el espectador se ubique en ese momento histórico, libre de tantos avances en materia tecnológica. Recrear esa experiencia sin que parezca del todo anticuada y a la vez conservando su esencia es uno de los logros de la película.

Es el vehículo a través del cual se enlazan todos los elementos de la narración, desde las referencias musicales hasta las políticas, pasando por distintos productos y hechos históricos de relevancia. Mediante una familia estadounidense se describe a una sociedad y su relación con distintos hechos que ahora, en retrospectiva, marcaron un antes y un después. En el tono se percibe algo paródico, como si se tratara de mirarse a sí misma y decir: qué idiotas fuimos en este momento o ¿realmente logramos esto?

No se descarta que, siguiendo esa línea, algún espectador pueda interpretarla como una parodia entera, una película para reírse del pasado y sugerir, incluso, que todo aquello fue mentira. Sí, siempre puede haber alguien interesado en las teorías conspirativas o en promesas repletas de mentiras. Volviendo sobre la película, sabe manejarse en el registro para profundizar sobre varios aspectos y rememorar, casi de forma documental, parte de la historia contemporánea más importante de la humanidad.

La nostalgia, ese recurso inagotable

Si se tratara de resumir a prisa, Apolo 10½: Una infancia espacial podría quedar en lo anterior, un hecho histórico recreado y narrado desde la perspectiva de un niño. ¿Da para tanto? El hecho, quizá no (más allá de posibles lecturas, interpretaciones y estudios apasionados). Pero al ser contextualizado en diversos acontecimientos paralelos, en la época en la que se produjo, la serie irradia un sentido evocativo y nostálgico inevitable

Entonces, de pronto esos sueños que se tuvieron vuelven a brillar; aquellos vinilos siguen pareciendo seductores; ese momento representado permite recordar a alguien o un acontecimiento más personal; los cromos olvidados en las gavetas se desempolvan para volver a ser mirados con ilusión. Esta película de Netflix se mueve en esas aguas, entre querer recordar una parte de un momento clave para la humanidad y revivir toda una época a través de su música, sus artistas, sus avances y miedos.

Por tanto, ese viaje de vuelta resuena en el presente porque parte de esa historia atraviesa a todas las generaciones que siguieron luego de la X. De manera atractiva, Apolo 10½: Una infancia espacial rinde homenaje a todas las personas involucradas en los viajes espaciales, sin entrar en zonas cursis ni aburridas. Quizá no sea la apuesta más atractiva de Netflix pero sí es inteligente y bien lograda.