Si al director George A. Romero le hubiesen dicho la influencia que iba a tener La noche de los muertos vivientes (1968) en el cine posterior sobre zombis, incluso más de cincuenta años después de su lanzamiento, no se lo hubiese creído. Pero aquí estamos, con la franquicia de The Walking Dead pariendo series derivadas; y los españoles Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro estrenando ahora Malnazidos.

Este filme de 2020 es una sorpresa por varias razones. Para empezar, si respecto al segundo de los dos cineastas constituye su debut como realizador de largometrajes después de montar los otros cuatro de su compañero, se trata de la primera ocasión que este último da pie con bola. Y, para seguir, con lo complicado que resulta ofrecer una propuesta digna del género, lo han conseguido prácticamente sin despeinarse.

Se sitúa en las antípodas de esa fórmula ya rancia del humor absurdo que es Spanish Movie (2009), de la estomagante brocha gorda de Promoción fantasma (2012) y Tres bodas de más (2013), de Anacleto: Agente secreto (2015) y sus problemas de verosimilitud y de la fallida Superlópez (2018). En Malnazidos, que adapta la novela Noche de Difuntos del 38, escrita por Manuel Martín (2012), todo funciona sin dificultades.

Esquivando las típicas dificultades zombis en ‘Malnazidos’

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La nueva película de Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro, que parece haber subido de rango cinematográfico por el bien de su colega, no cae en las meteduras de pata que suelen cometerse en las producciones audiovisuales con cadáveres reanimados de los que persiguen a los protagonistas para comérselos; o, como mínimo, hincarles un poco el diente antes de perder interés por sus tripas.

Malnazidos elude la tentación de ir de cabeza a por el disfrute gore y sus imágenes repulsivas, con las que los departamentos artísticos de maquillaje, prótesis y efectos se lo pasan tan bien; como aquellos aficionados al mismo que solo se acomodan en sus butacas para ver entrañas esparcidas y salpicaduras de sirope de fresa. Así que olvidaos de Peter Jackson y Braindead (1992), por ejemplo.

En esta aventura se preparan las meriendas zombis habituales; sin ceremonias ni manteles de cuadros pero sí con más cerebro que mordeduras y ningún destripamiento explícito. A los guionistas Jaime Marques y Cristian Conti, que no se han prodigado mucho más allá de Noche de Reyes para Miguel Bardem (2001) y Distrito salvaje (2018-2019), les debemos asimismo su humor verbal.

Los chistes no provocan carcajadas; pero tampoco dan vergüenza ajena ni se precipitan en el ridículo inasumible por el que también podría despeñarse la trama; o incluso puestas en escena concretas, con las situaciones tan difíciles que acostumbran a plantearse en historias como las de Malnazidos. Conque Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro logran cierto nivel aceptable ahí que agradecemos.

Volcarse en los personajes, no en los muertos vivientes

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Otra virtud de este filme, nada desdeñable y procedente del libro, radica en que aprovecha la coyuntura histórica de la Guerra Civil que asoló España entre 1936 y 1939, tan machacada según determinado sector político al que le incomoda por algún motivo abstruso; y decide una vuelta de tuerca original con implicaciones superiores a las que pretende para convertirla en un jugoso detalle narrativo.

Sin embargo, también debemos comentar que este último no surtiría ningún efecto beneficioso y ni tan siquiera meramente visible si Malnazidos no estuviese volcada en construir a unos personajes peculiares y contundentes, en cuyas interacciones se sustenta el desarrollo de los acontecimientos al margen de las amenazas repentinas que afrontan. Y el adecuado reparto contribuye a ello sin discusión.

Ni un tiquismiquis le podría pegas a la labor interpretativa de Miki Esparbé, Aura Garrido y sus compinches; ni a la partitura funcional de Javier Rodero, no muy memorable en cualquier caso. Por todo ello, esta película de zombis firmada por Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro puede pasarle la mano por la cara incluso a la mayoría de las que vienen de Hollywood; y no es ninguna bobada.


Puntuación: 3 de 5.