Ha llegado el día. Hoy, 4 de marzo, a las 13:25 hora peninsular española (06:25 en Ciudad de México), tendrá lugar el impacto de un dispositivo humano misterioso sobre la superficie de la Luna. Misterioso porque no sabemos de dónde viene. Primero se pensó que era cosa de SpaceX. Después, que procedía de un lanzamiento de la Administración Nacional Espacial China (CNSA). Parece que ninguna de las dos opciones es la correcta. Y, por si eso fuera poco, el misterio llega hasta el punto de que no podremos ver el impacto en directo, porque se producirá en la cara oculta de nuestro satélite.

Eso sí, al menos podremos ver el cráter que deje. Y es que la NASA se ha comprometido a desplazar el Lunar Reconnaissance Orbiter hasta el lugar del impacto una vez que el polvo se asiente y se pueda ver claramente el resultado. Así, tendremos imágenes del que será el primer cráter horadado por la colisión de un dispositivo creado por el ser humano. Dejando a un lado las naves que se estrellaron intentando aterrizar, por supuesto.

Es un ejemplo clarísimo de lo lejos que puede llegar la basura espacial. Pero también una gran oportunidad para la ciencia, ya que se han estudiado muchos cráteres lunares, pero ninguno con un conocimiento tan claro del objeto que lo excavó. Está bien buscar la parte positiva. Pero, por si acaso, será mejor controlar a dónde van a parar los cohetes varados en el espacio.

Ni China ni SpaceX

El objeto misterioso, bautizado como WE0913A, se detectó el 14 de marzo de 2015. El responsable del hallazgo fue Bill Gray, un científico especializado en la detección de objetos cercanos a la Tierra (NEOs). Su objetivo es, sobre todo, detectar posibles asteroides, cometas o cualquier otro objeto que pudiera poner en peligro nuestro planeta.

Pero esta vez el objeto del impacto no será la Tierra, sino la Luna. Observó un dispositivo de creación humana cuya trayectoria se acercaba cada vez más a nuestro satélite. Sus cálculos evidenciaron rápidamente que terminaría por impactar en él siete años más tarde, en marzo de 2022.

El objeto misterioso se observó por primera vez en 2015

Pronto supieron que con el tamaño del objeto y la velocidad a la que impactaría no había peligro para la Luna. Solo dejaría un cráter más. Pero, aun así, era necesario dar a conocer su hallazgo y, sobre todo, buscar el origen del impactador.

Los primeros cálculos de Gray apuntaron a la segunda fase de un cohete Falcon 9 de SpaceX, que se había usado un mes antes para poner en el espacio el satélite de observación Deep Space Climate Observatory (DSCOVR). Así lo hizo saber al mundo. Sin embargo, poco después, su compañero Jon Giorgioni le contó que, en base a sus cálculos, no cuadraba que aquel Falcon 9 que no pudo regresar a la atmósfera terrestre se estuviese dirigiendo inexorablemente hacia la Luna. Más bien, la trayectoria que cuadraba a la perfección era la de un cohete Long March 3C, usado en 2014 por la CNSA para poner en marcha la misión Chang’e 5-T1, dirigida a la cara oculta de la Luna.

Esto cuadraba muchísimo más. No obstante, China niega en rotundo estar detrás del misterioso WE0913A. Y es que, según explicaron en un comunicado, su cohete sí que logró reingresar en la atmósfera terrestre con normalidad. Si no se encuentra vagando por el espacio no puede ser él. Esto dejó a los científicos sin más teorías, por lo que ahora solo queda dejar a un lado la causa del impacto y centrarse en analizar las consecuencias.

Lunar Reconnaissance Orbiter/NASA

La parte buena del misterioso impacto en la Luna

Este suceso será algo único, pues servirá para investigar la formación de un cráter casi a tiempo real. Según explicó recientemente en un artículo en The Conversation Paul Hayne, profesor asistente de ciencias astrofísicas y planetarias de la Universidad de Colorado Boulder, este suceso casual podría “revelar mucho sobre cómo las colisiones naturales golpean y recorren las superficies planetarias”. Esto, de paso, ayudará a entender las consecuencias de los impactos en otros lugares más allá de la Luna, incluida la Tierra. 

Gracias al Lunar Reconnaissance Orbiter, los científicos tendrán la información necesaria para ponerse manos a la obra. De momento se sabe que, tras el impacto, una onda de choque viajará a lo largo del proyectil a varias millas por segundo. A continuación, una onda de choque gemela recorrerá hacia abajo el regolito, que es ese material polvoriento que cubre la superficie selenita. Todo esto generará un gran calentamiento del polvo y las rocas que, probablemente, producirá un destello blanco que podría verse si hubiese algún vehículo sobrevolando ese punto de la Luna en ese momento. Pero no lo habrá. Una pena.

Tras el impacto apenas quedará nada del cohete misterioso

A continuación, según las descripciones de Hayne, “una nube de roca y metal vaporizado se expandirá desde el punto de impacto a medida que el polvo y las partículas del tamaño de la arena se arrojen hacia el cielo”. Y después, durante varios minutos, “el material expulsado volverá a llover hacia la superficie alrededor del cráter humeante”. El cohete prácticamente se pulverizará y apenas quedará nada de él, así que no cabe la posibilidad de intentar descifrar su origen a posteriori

Todo esto son predicciones basadas en otros impactos en la Luna. Pero esta vez conocemos casi a la perfección el origen del impacto: un objeto de 12 metros de largo y unos 4.500 kilogramos de masa. Con el cráter ya formado, será mucho más fácil encontrar una correlación entre el tipo de impacto y las consecuencias. Hay mucho que aprender. Y es que, desde luego, este es un buen ejemplo de que no hay mal que por bien no venga.