Cyrano (2021), de Joe Wright, es una historia de amor. También un musical, una comedia amable y, por si todo lo anterior no fuera suficiente, un drama de época. Pero en especial, es un tributo. Al personaje inmortal de Edmond Rostand, que el argumento recuerda de manera más o menos clara. Encarnado en esta ocasión por Peter Dinklage (Tyrion Lannister en Juego de Tronos de HBO Max), el estreno de cines brinda a Cyrano una nueva profundidad. Pero al contrario de lo que pudiera imaginarse, Dinklage no explora la elocuencia como punto principal del personaje. En realidad, le imprime una dignidad trágica.

De la misma manera que el hermano menor de la familia más peligrosa de Westeros, Cyrano no inspira compasión, sino respeto. E incluso, una admiración genuina que a medida que avanza la película se transforma en una fortaleza moral imbatible. Eso, a pesar de que al Cyrano de Wright le define la exclusión. Convertido en objeto de burla, y al final condenado a una vida en los confines del poder, el personaje de Dinklage deben luchar por su valor.

El héroe de la versión contemporánea de Cyrano no “lleva un cuerpo pegado a una enorme nariz” como reza la inmortal línea literaria. En realidad, es un hombre de baja estatura en una época en la que serlo condenaba al infortunado al ostracismo o a la condición de fenómeno. De modo que, a los efectos, Cyrano no es poco atractivo, sino monstruoso. La película de Wright se inclina hacia hecho de dirimir la cuestión de qué nos hace hombres en épocas deshumanizantes. ¿Se trata de un excesivo comentario político para un romance clásico? No del todo si se analiza de la manera correcta.

Cyrano, una gran balada del amor no correspondido

La película toma curiosas decisiones para ampliar la premisa del amor sin esperanzas. El guion dota al Cyrano de Dinklage de un aire erudito que hace que su frustración sea más elevada e intelectualmente comprensible. De hecho, esa pequeña sutileza en la forma de analizar al personaje — siempre un aventurero, esta vez un hombre político — hace más sólido el argumento.

Dinklage muestra cómo la apariencia física puede convertirse en un motivo para el odio y el rencor, lo que pone a Cyrano una encrucijada apasionante.

Dinklage muestra cómo la apariencia física puede convertirse en un motivo para el odio y el rencor

El personaje lucha por sus sentimientos, pero también establece un vínculo entre la belleza y el poder. El film desea contar este gran drama sobre el desencanto, la derrota moral y el rechazo. Pero a la vez, ensalzar a su personaje como algo más que un perdedor bienintencionado.

Todo mientras la música transforma la historia en un entretenimiento exuberante. Wright tiene ambición para buscar un equilibrio entre una propuesta dispar y la gran pregunta es si lo logra.

A medias y con dificultad, sería la respuesta más sencilla. Pero en realidad, el director reelabora su premisa hasta permitir que abarque varias dimensiones a la vez. Lo que permite a Dinklage demostrar su valor como actor, dominio en escena y una inesperada vulnerabilidad que conmueve. 

El dolor del amor y la belleza de la música 

Cyrano deslumbra con una puesta en escena colorida, barroca y sofisticada. La música hace también lo suyo: para el segundo tramo, la sensación inmediata es que Cyrano se nutre de un cine lejano y preciado que vive en la imaginación colectiva. La partitura entera, obra Matt Berninger, su esposa Carin Besser y los hermanos Aaron y Bryce Dessner, celebra con creatividad el argumento.

Pero a diferencia de las otras grandes obras del año, la música en Cyrano apuntala la historia, sin consumirla por entero. Las coreografías son tan precisas como las de West Side Story, pero en Cyrano tienen momentos ingeniosos en la que todo el entorno se torna musical. Muy lejos de la edulcorada Tick Tick…Boom! de Lin-Manuel Miranda, Cyrano tiene un toque sombrío que equilibra su aparente optimismo. 

El resultado es un mundo en que la música impregna lo cotidiano sin parecer una forzada excusa narrativa. Chasquidos de espadas que se entrecruzan entre sí, pasos, gota al caer. El soundtrack cuenta la historia, y a su vez el argumento tiene un amplio espacio pormenorizar en sus puntos esenciales. El amor está ahí, la tragedia también. En el centro, su emblemático personaje, que sostiene el guion con habilidad.