En Cangrejo Negro, nueva película de Netflix que ha destronado a El proyecto Adam, el apocalipsis es un hecho misterioso. No hay grandes explicaciones, ni el film tampoco las necesita. El director, Adam Berg, adapta la novela de Jerker Virdborg con una sobriedad rayana en la frialdad. Pero más allá de eso, Cangrejo Negro transforma la percepción de la distopía en un paraje desolado. 

Por un lado, Edh (Noomi Rapace) parece encarnar con su rostro tenso y sus largos silencios lo que sea que haya ocurrido en un mundo en decadencia. A la vez, el mundo que Berg muestra está sostenido por un crudo instinto de supervivencia. Después de todo, el guion de Cangrejo Negro se ocupa de mostrar que antes de la devastación hubo algo más. Un mundo que parece coexistir al límite de la memoria y del miedo de una forma u otra. 

Pero en el presente de Cangrejo Negro la guerra lo es todo. Lo es en la sensación de urgencia que hace que Edh deba aceptar lo que es sin duda una misión suicida. Se muestra en la posibilidad de que un conflicto bélico a gran escala pudiera acabar –o volverse aún más crudo– en una serie de decisiones morales. Cangrejo Negro basa su efectividad en la forma inteligente en que hilvana el conflicto obvio con capas subyacentes de algo más elaborado. No solo se trata de lo que podría ocurrir si el equipo falla, sino las aristas que se extienden a través de ese fracaso.

Berg utiliza la notoria analogía del hielo que frágil (el principal enemigo de Cangrejo Negro) para analizar la psicología de sus personajes. Y lo hace a través de un trayecto incómodo que se enlaza con la percepción del bien del mal. Este grupo de soldados reclutados a través del dolor para lo imposible, tendrán que atravesar un espacio doloroso para encontrar el triunfo. ¿Cuál es ese espacio roto? Nadie lo sabe con claridad hasta que debe enfrentarse a él. 

Bajo aguas heladas y turbulentas 

Reclutada por el equipo Cangrejo Negro para ir en busca de lo que podría poner fin a la guerra, Edh se debate entre conflictos morales y el miedo. También entre la esperanza que sostienen como una posibilidad remota. El personaje está dispuesto al riesgo mortal para recuperar a su hija perdida durante el conflicto y lo hace sin vacilación. Parte de las fortalezas de esta curiosa visión sobre lo apocalíptico es la capacidad de Rapace de encontrar un equilibrio entre el dolor y la furia. Edh es una combinación de matices, percepciones incompletas y un sufrimiento profundo que evade conclusiones rápidas. 

Cangrejo Negro es algo más que una versión sobre una historia incómoda

Pero en Cangrejo Negro no se muestra de inmediato y Berg las utiliza como motor impulsor hacia ideas más complejas y dolorosas. Se trata de algo más poderoso que hace de Cangrejo Negro una noción sobre lo impensable. El guion, que juega con cuidado con las piezas sueltas a través de una misión sin retorno, es más preciso que efectista. Alejado de los habituales dramas exagerados, melodramáticos o con grandes explosiones, está más interesado en lo mínimo. También en un recorrido persistente a través de lo que los personajes no muestran. 

Esa variación del tono y la forma se enlazan a través de concepciones sobre el bien y el mal. Berg brinda a su película una inusitada fragilidad. También, una rara concepción acerca de las batallas  — invisibles —  que llevamos a cabo en busca un equilibrio cruel. Poco a poco, la concepción sobre lo efímero, lo violento y en medio de todo, lo que impulsa la necesidad de vivir, lo es todo. Cangrejo Negro es algo más que una versión sobre una historia incómoda. En realidad, es un recorrido por regiones oscuras de espacios pequeños y abrumadores. 

Cangrejo negro: vencer o morir 

En la película Los héroes de Telemark de de Anthony Mann de 1965, los esforzados Kirk Douglas y Richard Harris eran el rostro de un conflicto sutil. Ambos personajes atravesaron hielo y un íntimo terror para alcanzar un objetivo imposible. Cangrejo Negro toma la referencia y la lleva a un nivel lateral, con la concepción del peligro como un acicate para avanzar en tiempos violentos. 

Más allá de su empaque de film enfocado en mostrar la voluntad como impulso motor hacia el futuro, Cangrejo Negro es una trampa. Una brillante y bien concebida acerca de las motivaciones de sus personajes. En especial, las de Edh, convertida en el rostro reconocible de un dilema. Uno más complicado que vivir o morir.