Una escena desencadena todo. Se trata del secuestro de un joven dentro de un hotel. El hecho es filmado y esa grabación se viraliza, hasta el punto de ridiculizar lo ocurrido. ¿Por qué? Los autores del delito usaron máscaras con rostros de la realeza británica. Entonces, el hecho alcanza otra resonancia. No será la única dentro de Sospechosos, la más reciente serie de Apple TV+, con Uma Thurman y Noah Emmerich como protagonista.

Sospechosos, dirigida por Chris Long, está inspirada en False Flag, una serie israelí. Un puñado de personas que en apariencia no tienen relación alguna terminan siendo parte de algo más grande de lo esperado. Un thiller de escala internacional ambientado en Gran Bretaña. Sus protagonistas, con agendas y roles diversos, tejen los hilos del relato. 

Es parte de la apuesta de la serie: sostener el misterio y la incertidumbre hasta el final. Sin embargo, aspectos que podrían servir para sostener el relato o llevar al espectador hacia otra fase, como pistas a seguir, puede que terminen desviándose de su camino. Es un riesgo correr en apuestas narrativas ambiciosas como Sospechosos.

Sospechosos y la huella digital

Sospechosos hace un retrato de la sociedad contemporánea. A través del seguimiento mediante cámaras y el uso de dispositivos móviles para consagrar o arruinar reputaciones (por no decir gobiernos), parte de la investigación sobre el secuestro avanza en este sentido. Los organismos de seguridad pueden saber a detalle qué ocurre con los sospechosos.

Entre compartir datos con Google o información en Instagram, por ejemplo, cada persona está un poco más expuesta. La huella digital es más evidente cada vez. La serie abandona este recurso para darle fuerza a las historias, intereses y relaciones entre los sospechosos. ¿Un acierto? No está claro. Prescindir del recurso, en este caso, es quitar una herramienta a la resolución del caso. Esa fragilidad se resiente durante la segunda parte de la serie de ocho episodios. 

Mientras se aferra al recurso tecnológico, Sospechosos lleva al espectador hacia métodos y formas de trabajo dentro de los cuerpos de seguridad de élite. Apple TV+ no será referencia por estos intentos, pero suelen generar curiosidad: ¿ahora mismo alguien nos está viendo? Lo más probable es que sí. Quizá no una persona, pero un algoritmo sí está filtrando cada una de estas palabras y búsquedas. 

El guiño ecológico

Pero Sospechosos no es una serie al estilo Mr. Robot para reflexionar sobre el mundo digital y la criminología. La apuesta de Apple TV+ tiene un fondo humano y conspirativo complejo que expone a una madre, que revela distintos conflictos individuales, como las mentiras entre parejas y la influencia del pasado en distintas decisiones. Esa es la aspiración más grande de la serie, funcionar como una orquesta de historias movilizadas a partir de un delito.

Aunque no lo logra porque varias de ellas se difuminan en el trayecto o se expresan de forma confusa. Desde la aparición de un criminal con tantas habilidades como Rambo hasta la referencia al cambio climático que mete en problemas al personaje de Uma Thurman. Esa multiplicidad de temas e intereses deriva en una petición planteada en la serie: “Digan la verdad”, que resuena un poco más allá de la serie debido al hermetismo que se genera en varios tramos. Esos temas que se asoman en un momento no tienen la continuidad necesaria y, cuando se retoman en el último capítulo, parecen más una urgencia que una consecuencia lógica del relato.

El final de la primera temporada es abierto. Así que es válido esperar su continuación, como una oportunidad para profundizar en alguno de los temas planteados. Por su pertinencia con el momento actual y las opciones narrativas que ofrece el relato.