Hace unos días saltó la noticia: se prohíbe el dióxido de titanio para su uso como aditivo alimentario en todos los países de la Unión Europea. Este aditivo lleva utilizándose muchos años en la industria alimentaria sin problemas. Aunque, como explicaremos a continuación, también se encontraba en el punto de mira de las autoridades sanitarias desde hacía algunos años.

Como era de esperar, muchos consumidores se han mostrado preocupados en redes sociales ante este comunicado sanitario. ¿Por qué se ha cesado su utilización en alimentos? ¿Qué significa esto para los consumidores? Si lo hemos consumido hasta ahora, ¿quiere decir que nuestra salud estaba en riesgo?

Antes de empezar, vamos a resolver una pregunta básica: ¿qué es el dióxido de titanio (E-171)? Es un colorante perteneciente al grupo de aditivos alimentarios que, hasta la fecha, se podía utilizar en la elaboración de alimentos dentro de la Unión Europea.

Concretamente, este colorante se utiliza en productos de pastelería, salsas, dulces, chicles y también golosinas por su potente color blanco. Este color pálido tan intenso es visible gracias a la capacidad del dióxido de titanio para reflejar toda la luz que le llega, por lo que no absorbe ninguna longitud de onda del espectro electromagnético visible.

Por qué se ha prohibido el dióxido de titanio

El pasado mes de mayo, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) publicó un informe científico que no dejaba lugar a dudas: el dióxido de titanio dejaba de considerarse seguro. En otras palabras, no se podía descartar un efecto genotóxico del aditivo alimentario en el organismo humano, según esta entidad científica.

Estos eventos fueron acelerados por la movilización de ANSES, agencia francesa de seguridad alimentaria, que ya advirtió en el año 2019 sobre la inseguridad del dióxido de titanio, hecho que motivó al gobierno francés para su prohibición en Francia en 2020. 

De esta forma, y al ser incapaces de garantizar la seguridad del aditivo mediante las nuevas evidencias científicas, la EFSA optó por trasladar a la Comisión Europea sus dudas acerca del dióxido de titanio, un aditivo que ya llevaba tiempo en el punto de mira. Solamente era cuestión de tiempo que el dióxido de titanio fuera prohibido a nivel legal en toda la Unión Europea. Y así ha sido. El pasado 18 de enero de 2022 la Comisión Europea publicó un nuevo reglamento que cesaba la actividad del dióxido de titanio en alimentos.

Concretamente, se establece un periodo transitorio para la retirada del producto hasta el 7 de agosto de 2022. Después, los productos únicamente permanecerán en el mercado hasta el agotamiento de su fecha de consumo.

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¿Qué significa genotóxico?

Seguramente te preguntes qué quiere decir genotóxico. Un compuesto genotóxico es aquel que tiene la capacidad para dañar nuestro ADN. La explicación reside en la naturaleza del dióxido de titanio, que cuenta con una estructura basada al 50% en nanopartículas. Esta característica ha planteado ciertas dudas a la comunidad científica en los últimos años. De hecho, otros estudios científicos han vinculado al dióxido de titanio con alteraciones en la microbiota intestinal.

Se cree que estas nanopartículas podrían penetrar en el interior del organismo y causar ciertos problemas. Esta incertidumbre ha sido la que finalmente ha llevado a prohibir el aditivo en alimentos. Para otros productos como cremas y protectores solares todavía sigue estando permitido y no plantea problemas.

Podemos considerar nanopartículas a todos los materiales y elementos cuyas partículas tienen un tamaño de 1 a 100 nanómetros. Un nanómetro corresponde a la millonésima parte de un milímetro. El ejemplo habitual que se utiliza para ilustrar estas minúsculas proporciones suele ser el cabello humano: un pelo tiene unos 80.000 nanómetros de grosor.

Llegados a este punto es normal alarmarse. ¿Pasa algo si hemos consumido este aditivo de forma frecuente? Lo cierto es que no debemos asustarnos, ya que el consumo del dióxido de titanio no implica un daño inmediato a nuestra salud. En otras palabras, no quiere decir que por consumirlo nuestro ADN se dañe ni vayamos a desarrollar un cáncer. Eso sí, actualmente la ciencia no puede descartar su perjuicio a largo plazo, y por eso se retira del mercado.

Progresivamente las empresas van a proceder a retirar los productos con este aditivo del mercado. Si tienes alguno en casa, por ejemplo un paquete de chicles, sería preferible tirarlo a la basura en base a las últimas recomendaciones de la EFSA. Aún así, es importante recalcar que los aditivos cuentan con varias capas extra de seguridad para que, en caso de que sucedan noticias como esta, nuestra salud siga estando protegida.

La seguridad de los aditivos

¿Cómo podemos saber que un aditivo es seguro? Es posible averiguarlo a través del código “E-XXX” que acompaña a cada aditivo alimentario. Que un aditivo posea esta numeración es indicativo de que estamos ante un ingrediente controlado por las autoridades sanitarias.

De hecho, esta numeración también sirve para identificar la función de los aditivos en alimentos. 

Tipos de aditivos alimentarios en base a su función, según legislación europea.

Además, como sucede con todos los aditivos alimentarios, es necesario justificar su uso tecnológico y utilidad en la industria alimentaria. No cualquier sustancia vale como aditivo. Esto queda marcado así por legislación. Aquí puedes consultar más información sobre el proceso legal de aprobación de aditivos alimentarios. Una vez que el aditivo ha sido aprobado, este cuenta con ciertas reevaluaciones periódicas de toxicidad. No se queda sin vigilar para siempre. Precisamente, una de estas reevaluaciones científicas ha sido la que ha llevado finalmente a la prohibición del dióxido de titanio.

Por otro lado, debemos saber que las dosis permitidas en aditivos están controladas con sumo detalle. La legislación marca ciertos límites según el aditivo y el producto a elaborar, pudiendo emplear diferentes concentraciones máximas para un embutido que para un producto de alimentación infantil, por ejemplo.

El parámetro IDA

En este sentido, existe un parámetro conocido como IDA (Ingesta Diaria Admisible) que se aplica en ciertos aditivos según estudios científicos. Esta cifra indica la cantidad máxima de un aditivo alimentario que podemos consumir de forma diaria durante toda la vida sin que se produzca un daño apreciable en nuestra salud.

La IDA se mide en mg/kg de peso corporal, y para su adjudicación se utiliza un factor de seguridad de 100. Esto quiere decir que, si los estudios científicos concluyen que la cantidad máxima segura de un hipotético aditivo es 4000 mg/kg, finalmente se adjudica una IDA de 40 mg/kg de peso corporal. Justamente, esta es la IDA correspondiente al edulcorante aspartamo. Por ejemplo, para que un adulto de 68 kilogramos superará la IDA de aspartamo tendría que consumir en un mismo día unas 21 latas de Coca-Cola Zero. Una cantidad totalmente desorbitada: casi 7 litros de refresco de cola. En caso de lograr semejante hazaña edulcorada, lo último que te debería preocupar es el aspartamo.

Por qué no tener miedo a los aditivos alimentarios similares al dióxido de titanio

Foto por Dennis Klein en Unsplash

Es normal que tras esta noticia sobre el dióxido de titanio nos replanteemos la seguridad de los aditivos que consumimos a diario. De hecho, es positivo reflexionar sobre ello. No todos los aditivos son necesarios en los alimentos que consumimos: colorantes, potenciadores del sabor, aromas y edulcorantes solo se utilizan con fines estéticos y saborizantes. Por el contrario, otros tienen la finalidad de protegernos frente a intoxicaciones alimentarias, como sucede con los conservadores. A su vez, algunos aditivos se utilizan para mejorar texturas y prevenir la oxidación de las grasas como los emulsionantes y antioxidantes, respectivamente.

¿Podemos garantizar que todos los aditivos que consumimos hoy en día no se vayan a prohibir en el futuro?

Sin embargo, que algunos no sean necesarios no quiere decir que sean peligrosos. Como hemos visto, estas sustancias están ampliamente vigiladas por los organismos científicos correspondientes. No es la primera vez que un aditivo alimentario se prohíbe tras años de uso. De hecho, y aunque parezca contradictorio, esta prohibición es una prueba más del enorme control al que están sometidas estas sustancias.

¿Podemos garantizar que todos los aditivos que consumimos hoy en día no se vayan a prohibir en el futuro? Desgraciadamente no. Esto seguirá pasando como en el caso del dióxido de titanio, y será una prueba más del avance científico. La ciencia se basa en nuevos descubrimientos, y las entidades gubernamentales deben adecuar las leyes a los nuevos hallazgos científicos. La alimentación no es una excepción, también es un área importante del ámbito científico. Solamente de esta forma podremos seguir avanzando y descubriendo cosas que antes no sabíamos.