Ha sido el envite o farol de la semana. En apenas cinco días, Meta, la antes conocida como Facebook, ha pasado de dejar caer que podría cerrar algunos de sus negocios principales en Europa a decir que no lo hará.

El origen radica en la actualización por parte de la compañía de Mark Zuckerberg del informe que de forma obligatoria debe mandar a la SEC (el regulador bursátil de Estados Unidos). En él se informan de las posibles virtudes y amenazas que puede tener su negocio. Y ahí, como dejado caer, se avisaba de la posibilidad de dejar el Viejo Continente.

¿Por qué? Por un tira y afloja judicial que va camino de cumplir una década en liza y que tiene sus raíces en el caso Snowden sobre la conveniencia de que las grandes tecnológicas transfieran los datos que recopilan en suelo europeo a sus servidores en Estados Unidos. Un debate que mezcla la privacidad, la soberanía de cada ente territorial, pero que suele pasar desapercibido entre los usuarios finales de estos servicios. El tema volvió a estar candente desde hace un tiempo tras una sentencia en suelo irlandés (donde tiene su filial Meta en Europa al igual que otras tecnológicas) y que inducía en el fin de la llamada Safe Harbour y la limitación del Privacy Shield, con el más reciente GDRP de por medio. Si te interesa, aquí te explicamos más a fondo.

En su informe Meta decía:

Si no se adopta un nuevo marco de transferencia de datos transatlánticos y no podemos seguir confiando en los SCC o en otros medios alternativos de transferencia de datos de Europa a los Estados Unidos, es probable que no podamos ofrecer algunos de nuestros productos más importantes. y servicios, incluidos Facebook e Instagram, en Europa, lo que afectaría material y adversamente nuestro negocio, situación financiera y resultados de operaciones.

Sin embargo, apenas unos días después, la propia Meta reculaba diciendo que solo planteaba una posibilidad. En cierto modo, Meta tiene razón, ya que su obligación es informar de todas sus posibles debilidades, pero eso no quita que se haya aprovechado de la situación para ganar cuota de atención sobre este debate que, en cualquier caso, podría obligar a más compañías además de Meta a dejar de prestar algunos servicios en Europa.

Pero, ¿qué pasaría de ocurrir de verdad algo así?

Meta, la mayor perjudicada

Aunque sea Meta la que haya tirado el órdago, sería ella misma la que saldría peor perjudicada. En plena caída libre del precio de sus acciones y unos escándalos que le han llevado hasta cambiar su nombreMeta acaba de anunciar en sus últimos resultados que por primera vez ha perdido usuarios en sus mercados maduros.

Y, de salir de Europa, el mazazo económico sería enorme. La Unión Europea es el origen del 24.6% de sus ingresos, el segundo más importante tras Estados Unidos y Canadá (43,7%) y por delante de Asia-Pacífico (22,7%). Eso se traduce en 29.057 millones de dólares que se esfumarían para la empresa de Zuck. Mucho dinero.

Pero más allá de eso, también ha llamado la atención la poca preocupación que ha causado a nivel político. Por ejemplo, los ministros de economía alemán y francés, Robert Habeck y Bruno Le Maire, han dicho respectivamente cosas como que “después de ser hackeado he vivido sin Facebook ni Twitter durante 4 años y la vida ha sido fantástica”. O “Puedo confirmar que la vida es genial sin Facebook”.

Está claro que puede que haya gente que no lo echara de menos. Pero también es cierto que hay un mercado y muchos negocios que dependen en parte de sus perfiles sociales. Facebook cuenta con más de 10.000 empleados en Europa y planeaba doblar esa cifra, empleados ligados al marketing, desarrolladores de empresas que basan su negocio en estas redes... El agujero en lo laboral sería desde luego importante y la aportación tecnológica de Facebook o Instagram y no digamos WhatsApp, que no sale en la conversación pero es usado de forma más masiva como chat principal en mercados como España como Estados Unidos, está ahí.

Una UE que con la regulación quiere abrir paso a sus startups

Foto por ALEXANDRE LALLEMAND en Unsplash

También parece evidente que en los muchos pulsos legislativos que la UE está librando con las tecnológicas norteamericanas no se trata solo de prevenir un posible colonialismo digital por parte de Estados Unidos, si no también de intentar hacer hueco a las startups que pudieran ofrecer desde Europa esos modelos de negocio en torno a la información.

Quitando el caso de Spotify, Europa no ha promovido ninguna marca importante a nivel global ligada con la información y distribución de los contenidos en internet.

¿Pero por qué Europa ha llegado así encarando el final del primer tercio del siglo XXI? Los análisis son muy variados y van desde la presencia de un sector industrial muy fuerte, la menor iniciativa privada frente a Estados Unidos – o pública frente a China- o la excesiva permisividad con la que se abrió las puertas a las Big-Tech americanas en los primeros 2000 en un momento de crecimiento económico global y cierta despreocupación. Otras opiniones, como la que expresaba Kevin Allison, analista del sector en Berlín, a The New York Times incidía en que el liderazgo de Europa en regulación en internet -fake news, sanciones anti-monopolio, privacidad- ha servido también para alejar las grandes iniciativas tecnológicas.

Todo ello redunda en que Spotify sea la única opción europea ligada con el tratamiento de contenidos online que haya superado los 50.000 millones de dólares de valoración, una cifra que solo han conseguido superar solo otras dos tecnológicas europeas: la alemana dedicada al software estadístico, de gestión y big data SAP, y la holandesa proveedora de semiconductores ASML.

En las siguientes líneas se puede ver el TOP-10 de empresas tecnológicas europeas por su valoración, con Spotify ahora ocupando el tercer lugar.

La suma de la valoración de estas diez empresas, eso sí, no superan de forma conjunta las cifras de valor de mercado que tiene cualquier de las GAFAM norteamericanas, y empresas como Intel, Cisco, Oracle o Adobe también superan a la más potente de las del viejo continente.

En pocas palabras, es posible que si Facebook o Instagram salieran de la UE, se fomentara un mercado por encontrarle un sustituto local.

Y mientras, todos a Twitter

¿Y mientras? Está claro que otras redes sociales ocuparían su lugar (si es que no se les prohibiera transferir datos a Estados Unidos). El apagón sufrido durante varias horas de los servicios de Facebook en octubre del año pasado dan una idea de qué servicios se verían más beneficiados.

Entonces, Twitter fue la red social a la que todos parecimos acudir para reírnos de la situación y en parte buscar información sobre lo que estaba pasando. El perfil oficial de la red social lanzaba un mensaje saludando a “literalmente todo el mundo”.

Como sustituto a WhatsApp, Telegram, Discord o Signal dispararon su actividad. En sustitución de Instagram, TikTok pero también Snapchat aprovecharon la caída.

Según Sensor Tower el uso de Snapchat aumentó un 23%, Twitter un 11% y TikTok un 2%. En cuanto a los posibles sustitutos de WhastApp, el uso de Signal creció un 15%, mientras que el de Telegram subió un 18% a nivel mundial.

Pero más allá de usar otras aplicaciones, otro de los datos curiosos que nos dejó la caída de Facebook es cómo acudimos de nuevo a las llamadas telefónicas y los SMS.

Según datos difundidos por Orange y Vodafone en España, se dieron un 120% más de llamadas que lo habitual entre las 19.15 horas y las 19.30 horas, así como un aumento medio del 55% de las llamadas de voz durante las horas en que el servicio de Facebook estuvo interrumpido.

Seguramente todo esto entre dentro de lo anecdótico dentro del día en el Facebook (ahora Meta) se fue a negro. Algo que, pese a las idas y venidas de esta semana, parece complicado que pase.