La ómicron nos ha hecho volver a temer a las nuevas variantes del coronavirus. No por su gravedad; pues, afortunadamente, parece ser más leve que las anteriores. Al menos en personas vacunadas. Pero sí por su contagiosidad, mucho mayor que la de otras variantes con las que nos hemos topado anteriormente. Por eso, conocer la llegada de la IHU, nos ha hecho temblar un poquito más.

Una variante más que se suma a la lista y que, para colmo, parece tener un gran número de mutaciones. Eso suena de lo más apocalíptico. ¿Pero hay realmente motivos para el pánico?

Lo cierto es que, en base a lo que conocemos, no los hay. Sí que hay razones para la cautela, pero lleva habiéndolas dos años. Desde que la pandemia llegó a nuestras vidas debemos vivir siempre con mucha cautela por lo que pueda venir. No obstante, al menos en lo que a IHU se refiere, podemos estar tranquilos. Y es que más mutaciones no siempre implica más peligro, por contradictorio que parezca. Vamos a ver por qué, pero sobre todo vamos a ver qué sabemos de IHU hasta ahora. 

La variante IHU entra en escena

Las noticias sobre la variante IHU se han hecho públicas mundialmente con la publicación de un estudio por parte de sus descubridores.

Cabe destacar que dicho estudio es un preprint. Es decir, aún no tiene revisión por pares. Generalmente, lo que dicen este tipo de trabajos debe tomarse con doble ración de cautela, puesto que aún no se ha revisado que su metodología o sus resultados sean adecuados. 

Se cree que la variante pudo surgir en Camerún, pues el primer paciente detectado volvió de un viaje allí

Pero sí que es cierto que la OMS ya sabe de esta variante y la tiene bajo vigilancia. Y menos mal. Eso es lo lógico. Cuando se descubre una nueva variante, esto debe ponerse en conocimicneot de las autoridades sanitarias pertinentes, para que puedan controlar y revisar su posible expansión.

Eso fue lo que hicieron desde el Hospital-Instituto Universitario Méditerranée Infection de Marsella, más conocido como IHU, cuando detectaron esta nueva variante en un paciente que volvía de un viaje en Camerún. Una qPCR inicial, realizada sistemáticamente por protocolo en Francia para la detección de mutaciones, mostró un patrón que no se correspondía con la Delta, entonces predominante en el país. Se tomaron nuevas muestras, tanto de este paciente como de otras siete personas positivas, residentes en el mismo pueblo pequeño del sudeste de Francia, con el fin de secuenciar el genoma del virus. Así, se observó que, efectivamente, se trata de 46 mutaciones y 37 deleciones. Esto último hace referencia a la pérdida de un pequeño fragmento del material genético que compone un cromosoma. Como si arrancáramos un trocito de una de las páginas que componen un libro. 

Por lo tanto, estaban ante una nueva variante a la que bautizaron como B.1.640.2 por ser subvariante de la B.1.640 detectada en septiembre. Todo esto dio lugar al aviso de la OMS, que colocó bajo vigilancia la nueva variante, bautizada esta vez como el hospital que la descubrió, en vez de como una letra griega. Ocurrió en noviembre, antes de que la ómicron entrara en escena. Y aun así a día de hoy esta última se ha hecho mayoritaria en muchísimos países, mientras que de la IHU apenas supone un 1% de los casos reportados en Francia. 

¿Por qué podemos mantener la calma?

Cuando un virus contagia a un nuevo individuo aprovecha la maquinaria de sus células para sacar copias de sí mismo.

Ese fotocopiado masivo puede conducir a errores, que a veces pasan desapercibidos, puesto que no afectan a regiones relevantes de su material genético. Otras veces puede que le confieran tantos cambios que muera de éxito, al causar una patología tan grave que los infectados no puedan relacionarse con otros individuos. Y otras puede que esos cambios disminuyan su gravedad y aumenten su contagiosidad, facilitando que pueda saltar entre personas con gran facilidad. Esto es lo que pasó con ómicron.

Si hay muchas mutaciones puede que estas compliquen la contagiosidad del virus

Con IHU ha pasado algo intermedio. Tiene muchas mutaciones, sí, pero eso no indica necesariamente que sea peor. Se ha visto que varias de esas mutaciones se encuentran en la proteína spike, que es la que usa el virus como llave para introducirse en nuestras células. Las mutaciones pueden afilar la llave de modo que se introduzca maravillosamente en nuestra cerradura. Pero también pueden cambiarla tanto que penetre con más dificultad. La variante IHU no parece haber mutado para contagiarnos más eficientemente, puesto que apenas se ha expandido desde que se descubrió, hace ya varios meses.

Por supuesto que es necesario que la OMS la vigile. Ya que la hemos descubierto (habrá otras muchas que nos hayan pasado desapercibidas) es algo necesario. Pero no por eso debemos entrar en pánico. Ómicron surgió mucho después y se ha impuesto sin problemas. Esa variante sí que ha afilado la llave. IHU parece tenerlo más complicado.

Por lo tanto, sí, hay que dejar a los científicos que estén pendientes de ella para que analicen su evolución. Pero también hay que escucharles. Y ya han dicho que no parece ser una variante preocupante.

Así que será mejor que nos centremos en intentar pararle los pies a ómicron. Y en no olvidar que ómicron posiblemente nació en Sudáfrica e IHU posiblemente en Camerún. Es lo que ocurre si no vacunamos a todo el planeta por igual. Le damos carta blanca al virus para sacar copias sin parar. Y así, más tarde o más temprano, lo lógico es que cometa errores que acabemos pagando todos los demás. Al fin y al cabo, sus errores no dejan de ser consecuencia de los nuestros.