El metaverso es una de las palabras del año 2021. Muy pocas empresas quieren quedarse fuera y ha sido la estrategia principal del nuevo rumbo de Mark Zuckerberg; ya no es Facebook, ahora es Meta. Llevar una vida inmersa en la realidad virtual es la base de este concepto que llega con muchas novedades pero con retos muy conocidos en lo que respecta al acoso y el comportamiento inadecuado. 

Llevamos pocas experiencias en lo que respecta al casi recién nacido metaverso pero las suficientes como para que ya hayan saltado algunas alarmas. Chanelle Siggens es una usuaria del videojuego Population One. Con sus gafas Oculus Quest, estaba dentro de su mundo digital cuando un avatar de otro jugador se le acercó y eyaculó sobre el avatar de Siggens. Le pidió que parara y el jugador respondió: "Se encogió de hombros como diciendo: 'No sé qué decirte. Es el metaverso: haré lo que quiera'", recordó la jugadora a The New York Times

No ha sido el único caso conocido. En Horizon Worlds, una persona que estaba probando el beta del el videojuego de realidad virtual explicó que su avatar fue manoseado por un extraño, informó The Verge. "El acoso sexual no es una broma en Internet, pero estar en la realidad virtual agrega otra capa que hace que el evento sea más intenso", escribió. "No solo me manosearon anoche, sino que hubo otras personas que apoyaron este comportamiento que me hizo sentir aislado en la Plaza", dijo en referencia al espacio virtual.

El acoso de siempre, pero en el metaverso 

Cuando Mark Zuckerberg anunció el metaverso de Facebook, prometió llevar a cabo el proyecto teniendo en cuenta la privacidad y la seguridad. No es la primera vez que oímos estas promesas por parte del creador de la red social. Por ahora, no se han tomado medidas específicas para frenar y prevenir el acoso o los comportamientos inadecuados en el metaverso.

Algunos de estos casos pueden ser difíciles de rastrear si la víctima no los denuncia porque ocurren en tiempo real y en muchos casos no se registran. El problema es el mismo en todos los juegos de realidad virtual y, además, hay pocos mecanismos para informar de las malas conductas, afirmaron investigadores del metaverso a The New York Times. De hecho, en el videojuego VRChat se produce una infracción aproximadamente una vez cada siete minutos, según el centro sin ánimo de lucro Center for Countering Digital Hate.

El acoso sucede en un mundo de realidad virtual pero la situación recuerda a la problemática ya de sobras conocida sobre cómo frenar el acoso, la discriminación y el discurso de odio en redes sociales. El abogado expertos en derechos digitales Sergio Carraso comentó a Hipertextual que estos hechos, al final, son los de siempre. "Lo que cambia es la cara que ve el usuario, no lo que hay detrás. Hay una red, hay unos responsables y unos canales de comunicación, y el acto que se realiza al final puede ser subsumible en la normativa que ya existe", explicó. 

"El hecho de que se trate de metaversos, u otros casos como puedan ser realidad aumentada o virtual, no cambia lo que es el fondo del asunto".

Sergio Carrasco

Una cuestión de poder y de identidad

Ser víctima de acoso en una red social no implica que tenga un impacto menor en la víctima por el hecho de que la agresión o acoso no sea física. Chanelle Siggens, la mujer víctima de acoso en el videojuego Population One, explicaba que cuando alguien se acerca y te toca sin consentimiento en un mundo de realidad virtual, "tu mente te está engañando para que pienses que está sucediendo en el mundo real", y continuó, "con el metaverso completo, será mucho más intenso".

Mónica Pereira, experta en Psicología de la Urgencia y la Emergencia y en Intervención con Víctimas de Violencia, declaró a este medio que el maltrato, en este caso hacia la mujer, no se trata solo del daño que puede hacer físicamente como de una cuestión de identidad personal. "Estamos hablando de una muestra de superioridad de quien te agrede, aunque sea por medio de redes sociales o de un avatar, está queriéndote mostrar que es superior a ti y que te quiere utilizar", explicó. Aclaró que eso afecta a la identidad como persona y como mujer. 

"Al final, es una forma de decirte ‘tú no vales nada y yo te puedo manipular y maltratar cuando me dé la gana’. Por eso afectan tanto aunque sea por redes o incluso al avatar que he creado en la red social. (...) Se genera la sensación de que no hay lugar seguro para mi (ni siquiera un lugar virtual) y provoca la desconfianza en el mundo en general". 

Mónica Pereira

Unas denuncias sin respuesta

En el reportaje de The New York Times, el jefe del Center for Countering Digital Hate, Callum Hood, afirmaba que pasó semanas grabando interacciones de VRChat. Entró en las comunidades virtuales en las que los avatares pueden jugar entre ellos, o en los espacios públicos virtuales en los que se reúnen para hablar. En 11 horas, Hood registró 100 incidentes problemáticos como amenazas sexuales o violentas. Algunos de ellos involucraron incluso a menores de 13 años. 

Después de su investigación, informó a Oculus, así como a VRChat, de las violaciones en los términos de servicio, pero no ha recibido respuesta. "VRChat no es seguro porque sus desarrolladores y Facebook no han implementado medidas básicas para garantizar que los usuarios abusivos no puedan acceder a sus servicios", dijo. "Han creado un refugio seguro para los usuarios abusivos al mismo tiempo que invitan a los menores a ingresar al metaverso", alertó. 

Una historia conocida más allá del metaverso

Empiezan a registrarse casos de acoso y comportamiento inadecuado en el metaverso. Es un hecho y no es una sorpresa. Si tenemos en cuenta la trayectoria de las redes sociales en lo que respecta al tratamiento de estos casos, sabemos que no es una tarea fácil que todas las denuncias tengan respuesta. 

Todavía hay retos para lidiar con ellas con plataformas que llevan años siendo utilizadas por millones de personas todos los días. No llama la atención, por lo tanto, que el caso se repita (con matices) en la realidad virtual y en el metaverso. Por ahora también se está repitiendo la dificultad a la hora de frenar de manera determinante estos comportamientos.