Los confinamientos del principio de la pandemia de coronavirus dejaron a todo el planeta en stand by, con la respiración contenida a la espera del final de lo que, inocentemente, se nos antojaba un periodo terrible pero corto. El cierre de fábricas, oficinas, colegios, teatros y cualquier otro lugar que supusiera aglomeración de gente dejó las calles desiertas, con escenas propias de cualquier escena del cine apocalíptico. Pero eso también trajo ciertas ventajas. Pronto supimos que la contaminación del aire, especialmente la causada por gases como el NO2, había caído drásticamente. No es para menos, pues la industria, el transporte y otras muchas actividades se redujeron solo a lo indispensable. Y como consecuencia, se avisó que podrían haberse evitado muchas muertes. ¿Cuántas? No se sabía, pero ahora tenemos una cifra aproximada de cuántas pudieron ser. Al menos en Europa.

Los cálculos los ha realizado un equipo de modeladores de satélites estadísticos de salud y observación de la Tierra con sede en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, junto a científicos del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copernicus. La investigación ha sido financiada por el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo y se ha publicado en Nature’s Scientific Reports.

Sus conclusiones son claras. Los confinamientos por coronavirus pudieron suponer la salvación de al menos 800 vidas en Europa. Lógicamente, esto no compensa ni mínimamente todas las muertes que nos ha traído la COVID-19. Pero sí demuestra que unas medidas de movilidad o control de la industria más estrictas podrían ayudar a revertir las consecuencias que tiene la contaminación global sobre la salud de las personas. Y también a otros muchos niveles, por supuesto.

Cuando los confinamientos por coronavirus pararon el mundo

Durante los confinamientos acaecidos en buena parte del mundo entre marzo y mayo de 2020 el mundo dio un vuelco.

Las calles estaban desiertas de seres humanos, pero no de animales. Muchos se atrevieron a dejar sus escondites a salvo del mundanal ruido y se atrevieron a introducirse en las ciudades. La vida se hacía dentro de las casas y sobre todo en los balcones. En España y otros países el silencio del día se rompía a las 8 de la tarde, cuando millones de personas salían a sus balcones a aplaudir a unos entregados y exhaustos sanitarios a los que, desgraciadamente, no se les ofreció nada más que eso.

La nube de contaminación que rodeada algunas ciudades se disolvió notablemente

Todo esto es lo que veíamos. Lo que se podía palpar. Pero, mientras tanto, el NO2 y el resto de gases contaminantes derivados de la actividad humana disminuían poco a poco sus niveles. La nube de contaminación que rodeaba algunas grandes ciudades se disolvió casi por arte de magia, dejando a sus habitantes ver un paisaje que no habían podido divisar antes. Se nos avisó. Supimos que esa disminución del aire sería muy beneficiosa. Pero que lamentablemente se revertiría inmediatamente una vez que recuperáramos nuestras vidas.

Dos años después no las hemos recuperado del todo. El coronavirus sigue corriendo como la pólvora. Aunque, con una gran cantidad de personas vacunadas, sí que podemos hacer una vida, si no igual, similar a la anterior. Y eso ha supuesto que esa nube de contaminación vuelva a rodear las ciudades. Ahora llega el momento de analizar los datos de aquel entonces y comprobar cómo de efectiva fue aquella reducción de la contaminación. Si de verdad evitó algunas muertes. Y, dados los datos del estudio que se acaba de publicar, desde luego que las evitó. 

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Menos muertes por contaminación

Gracias a los datos satelitales, estos científicos han podido recoger información sobre los niveles de diferentes sustancias contaminantes antes de los confinamientos por coronavirus, mientras tanto y después.

Se ha visto que, efectivamente, muchas de esas sustancias se redujeron notablemente. Especialmente ocurrió con el NO2, un importante gas de efecto invernadero que también se relaciona con problemas de salud como inflamación de las vías aéreas, afecciones en el hígado o el bazo y también mal funcionamiento de sistemas, como el circulatorio o el inmunitario. Esto último, además, propicia que se den más infecciones del sistema respiratorio, que pueden llegar a ser fatales.

El gas que más se redujo fue el NO2, porque deriva principalmente de la actividad humana

También son peligrosas las partículas de tamaño muy reducido, conocidas como PM2.5 y PM10, por su diámetro en micras. Suponen un riesgo porque, al ser tan pequeñas, pueden introducirse fácilmente en las vías aéreas. Las emite la actividad humana, pero también tienen fuentes naturales, como los incendios. Por eso, sus niveles no se redujeron tantísimo como los del NO2.

Sin embargo, en total, y comparando las muertes por causas relacionadas con ellas antes y después de los confinamientos, los científicos calculan que se evitaron unas 800 muertes en toda Europa.

Este es un cálculo para todo el continente, aunque los efectos no fueron los mismos en todos los países. De hecho, los países en los que más se redujeron los niveles de NO2 fueron Italia, España y Francia. En ellos, esta reducción se situó entre el 50% y el 60%. Además, en ellos se encuentran algunas de las ciudades en las que se calculó un mayor número de muertes evitadas. Por ejemplo, en Francia fue París, en Italia Milán y en España Barcelona. Eso sí, en la lista también se encuentra Londres, por lo que Reino Unido también tuvo una gran reducción en la mortalidad por contaminación.

Datos sostenidos en el tiempo

Aunque en la mayoría de países los confinamientos vieron su fin en mayo, la reducción en los niveles de contaminación se mantuvo durante todo el periodo analizado, entre febrero y julio de 2020. Eso sí, fue especialmente importante entre marzo y abril.

¿Qué significa todo esto? Que podemos hacer más. Lógicamente, no se trata de volver a parar el mundo. Pero, al menos, ahora sabemos que unas políticas más estrictas de reducción de emisiones podrían reducir drásticamente las muertes. Si eso ocurrió en seis meses en un solo continente, en un periodo más largo de tiempo y en un espacio más amplio del planeta las consecuencias podrían ser muy positivas.

Decían que esta pandemia sacaría lo mejor de las personas. Ya hemos visto de millones de formas que era mentira. Pero, al menos, ahora sí que podemos echar la vista atrás y sacar algo de luz de una de sus etapas más oscuras. No dejemos que sean el coronavirus o la próxima gran pandemia quienes vuelvan a demostrarnos que podemos frenar las muertes causadas por la contaminación. Tomemos las riendas de nuestro propio planeta.