La dislexia es una dificultad del aprendizaje que está infradiagnosticada. De hecho, en la educación pública, tanto este como otros trastornos del neurodesarrollo apenas se detectan. Y es que un estudio de los hospitales de Vall d'Hebrón y Sant Joan de Deu calcula que en España solo se detecta un 10% de los casos. Aunque los que tienen suerte, como Maeva Nieto, pueden llegar a tener un diagnóstico tardío. Pero ¿qué es la dislexia?

Maeva tenía alrededor de los 12 años cuanto tuvo, por fin, un informe sobre lo que le sucedía. Fue en el último ciclo de primaria que por fin una profesora se preocupó por ella. Aunque se había evidencia el problema mucho antes: "Tenía una profesora que me tenía de tontita. Esta persona le dijo a mis padres, con todo el capacitismo del mundo y de forma despectiva, que yo era autista, como si fuera un insulto", cuenta a través de videollamada a Hipertextual. "No lo dijo como si estuviera preocupada", añade. "Tardé muchísimo en aprender a leer y escribir, fui la más lenta en aprender el abecedario"; además también tardó en aprender a hablar.

¿Qué es la dislexia?

Para saber más sobre la dislexia, en Hipertextual hemos hablado con Rafael López Azuaga, psicopedagogo en el Gabinete Psicopedagógico Kaposkly (Cádiz).

En al educación pública española solo se detectan el 10% de los casos de trastornos del neurodesarrollo, entre ellos la dislexia

"Es un trastorno cognitivo que conlleva a que la persona que lo padece tiene dificultades para reconocer y procesar las letras, sílabas y palabras. Esto le provoca tener dificultades para leer y escribir, y comunicarse por vía escrita", explica el psicopedagogo a través de correo electrónico. "Las personas disléxicas tienen dificultades para el aprendizaje; ya que la lectura es fundamental para aprender". Y es que "la vía escrita es una de las principales vías por las que las personas aprenden en las escuelas", comenta. "Tenemos libros de texto, fichas, cuadernos de actividades, la pizarra, los exámenes... Muchas cosas vienen por escrito, y a los alumnos se les pide expresarse por escrito", comenta.

"La comprensión lectora puede estar afectada en mayor o menor medida, y esto hace que les cueste entender los textos de los libros, las preguntas de los exámenes y, por lo tanto, su rendimiento disminuye".

Ritmo de aprendizaje

Aunque depende de la persona, el ritmo de aprendizaje solo es lento en cuanto a la lectoescritura, la comprensión no está afectada. De hecho, en el primer curso de la ESO, a Maeva la metieron a refuerzo de lengua. "Cuando llegué al instituto me metieron en refuerzo de lengua porque yo no podía dar francés; porque si ya tenía problemas con el castellano, tenía que aprender inglés; meterme en francés no era muy buena idea", explica. "De hecho, fue el drama de mi vida", comenta entre risas. Pero el problema de Maeva no se solucionaba yendo a refuerzo. "Me aburría muchísimo", cuenta. Y es que ella no tenía ninguna dificultad para entender lo que se contaba en clase. "Compensatoria estaba pensado para personas con otro tipo de dificultades de aprendizaje, personas que aún no manejan bien el idioma o que acaban de llegar a España".

Las personas con dislexia "necesitan más tiempo para lecturas o los exámenes, también tipografías especiales que sean más claras"

Por eso, ni su madre ni su pedagoga entendieron por qué terminó también en compensatoria de ciencias sociales. Pero ella estaba aburrida en clase "y mi madre les dijo que eso no podía ser bueno para mí". "Mi pedagoga dijo que hablasen con ella porque en la dislexia depende mucho de la persona; pero se suele necesitar otro tipo de adaptación. Se necesita más tiempo para lecturas o los exámenes, también tipografías especiales que sean más claras", ilustra.

"Dentro de las aulas es fundamental adaptar los textos que se usan", explica el psicopedagogo. "Textos con oraciones más sencillas, acompañadas de elementos visuales y gráficos que fortalezcan la comprensión de la información, o textos elaborados con pictogramas", añade.

"Reforzar el empleo de recursos más audiovisuales que favorezcan la comprensión de los aprendizajes, que complementen el texto que lee, y posibilitar que el alumnado pueda ser evaluado de manera oral o haciendo dibujos representativos, o mediante pruebas tipo test. Y, por supuesto, que todos estos instrumentos sean complementarios a la prueba escrita. Se les debe dar más tiempo para acabar las tareas y los exámenes, que en cada enunciado solo se le pida algo concreto y no que haya dos o tres actividades en un mismo enunciado; que puedan escribir exámenes a ordenador en el caso de que presenten una disgrafía asociada, que los enunciados de los problemas de matemáticas vengan acompañados de representaciones visuales y esquemáticas de este, entre otras medidas".

Rafael López Azuaga, psicopedagogo

Diagnóstico de la dislexia

Durante meses, Maeva salía de sus clases una hora a la semana para hacer la prueba que le diría, por fin, qué le pasaba. "No me dijeron para qué era; pero yo sabía que era importante", comenta. Por eso, se esforzaba mucho. "Me gustaba estudiar, aunque a veces fuera un poco vaga. Por eso, los profesores se dieron cuenta que algo me pasaba, porque era como que llegaba a un tope y por más que me esforzara, de ahí no pasaba. Por ejemplo, tenía errores muy tontos en algunos exámenes que, después de estudiar muchísimo, no tenían sentido".

La petición de la prueba fue cosa de su tutora; pero tres profesores más tuvieron que corroborar que tenía dificultades de aprendizaje. Además, necesitaron el permiso de sus padres, que finalmente terminaron recibiendo "un tocho" en el que el diagnóstico es claro: Maeva tiene dislexia.

Para el diagnóstico, "se utilizan diversos instrumentos", comenta a Hipertextual el psicopedagogo. "Por un lado, su producción en las diferentes tareas escolares que realizan. Si ven que tiene dificultades para leer y escribir, que cometen numerosos errores al escribir. Como omisiones, adiciones, inversiones, sustituciones de letras, sílabas y palabras; separaciones indebidas, confunden letras en espejo, uniones indebidas... o les cuesta mucho entender lo que leen". Todo esto "puede ser indicio de que presenten dislexia".

De hecho, el efecto espejo, es decir, escribir letras al revés, era uno de los signos que mostraba Maeva todavía con 12 años. También errores al copiar, entre otras cosas. No obstante, es importante señalar que "habitualmente se espera hasta aproximadamente los 6 años porque hasta esta edad, es normal cometer errores porque los niños y niñas están madurando el proceso lectoescritor", comenta el psicopedagogo.

Una prueba "frustrante"

"Una vez detectados los indicios, se les pasan numerosas pruebas para evaluar los procesos lectores y escritores; como la identificación de letras, la lectura de palabras y pseudopalabras (palabras desconocidas, inventadas o mal escritas), dictados de sílabas, palabras y pseudopalabras, reconocimiento de estructuras sintácticas diferentes, comprensión de oraciones y textos, escritura de pequeños textos".

Una de las pruebas fue muy frustrante para Maeva, ya que se le mezclaban las letras y no podía hacer bien el ejercicio

Maeva aún recuerda una de estas pruebas como un momento bastante frustrante para ella. "Una prueba que me frustró muchísimo fue una de lectura. Primero me puso unas palabras que existen y luego me puso otras con letras aleatorias; eran palabras que no existían. Y me costó muchísimo leerlas, me frustraba", cuenta. "Y me preguntaba qué me pasaba y yo le decía "es que se me mezclan las letras". No veía bien lo que ponía. Y entonces creo que en ese momento la señora que me estaba haciendo la prueba pensó que estaba muy claro lo que me ocurría", añade.

"También se les pasan otras pruebas complementarias para evaluar la lateralidad, la atención, la memoria de trabajo; la velocidad de procesamiento, la comprensión verbal, el vocabulario, la percepción visual y auditiva; la coordinación visomotora, etc", añade López Azuaga. "Y es recomendable calcular el coeficiente intelectual para descartar que las dificultades lectoescrituras son debidas a una discapacidad", señala.

La falta de inteligencia, el mito más extendido de la dislexia

Maeva Nieto

Si hay que derribar un mito sobre la dislexia, ese es que las personas que conviven con este trastorno cognitivo no tienen una menor capacidad intelectual. De hecho, suelen estar en la media o por encima de ella, según señala López Azuaga. "No son personas con discapacidad, de hecho su coeficiente intelectual puede estar dentro o por encima de la media y su estilo de aprendizaje suele ser más visual. Aprenden y rinden mucho si se les presenta la información de forma oral o gráfica, con dibujos y representaciones gráficas, y si se les evalúa de forma oral demuestran en mayor medida sus reales aprendizajes".

La dislexia es una dificultad del aprendizaje; pero eso no impide que la persona pueda hacer de todo. Como bien demuestra la propia Maeva, que ha estudiado idiomas, tiene formación universitaria y ha publicado tres libros y varios relatos en antologías. “He aprendido idiomas; me manejo con el inglés bien, como cualquier otra persona. Y ahora estoy aprendiendo portugués", comenta. "También tengo una carrera universitaria, que mis profesores en primero de la ESO no pensaban que fuese posible. Y ya no solo eso sino que también tengo un máster y estoy con el doctorado. Escribir y publicar libros también creo que es algo que muchas personas no pensaban que pudiera hacer una disléxica de La Fortuna”, comenta a Hipertextual.

No ir a la universidad no tiene nada de malo; pero es distinto si el sistema educativo te empuja fuera porque tienes una dificultad en el aprendizaje

El infradiagnóstico impide que muchas personas con dislexia terminen sus estudios, porque no tienen las adaptaciones necesarias. "Todos deberíamos tener las mismas oportunidades", comenta Maeva. No ir a la universidad no tiene nada de malo, todas las profesiones son igual de válidas; pero es distinto si el sistema educativo te empuja fuera porque tienes dislexia y terminas haciendo algo que, en realidad, no te gusta.

En definitiva, la dislexia puede ser un gran obstáculo a la hora del aprendizaje. Pero eso en ningún momento significa que no puedan estudiar o tener la formación que ellos elijan. Eso sí, sin un diagnóstico y ayuda de un pedagogo será todo mucho más difícil.