Dickinson, la serie de Apple TV+ que relata en la vida de una joven Emily Dickinson, se despide en su tercera temporada. Quizás por ese motivo, todo el aire nostálgico y levemente agridulce de sus capítulos. A pesar que la historia está llena de su habitual humor corrosivo, escenas surreales y una brillante narración, hay un punto oscuro e inevitable. Dickinson, que comenzó como un experimento, termina como una oda a algo más poderoso y sincero. Y es es madurez evidente en su planteamiento lo que le lleva a un nuevo nivel narrativo que sorprende. 

La Dickinson que se despide es algo más que un premisa de ficcionar la vida de una de las grandes escritoras estadounidenses. Es también un recorrido emocional a través del quehacer creativo, los grandes retos de la vocación y el impulso del talento. Por si eso no fuera suficiente, también es un trayecto hacia lugares más elocuentes y brillantes sobre la mujer. 

Dickinson, es una historia que ofrece una mirada renovada sobre la capacidad para la lucha por los ideales. Y lo hace desde un espacio renovado que sustenta su ingenioso argumento. La vida de Emily Dickinson sirve como excusa para profundizar en los motivos del talento y la vocación. Sobre el porqué hacemos lo que hacemos y luchamos por esa inspirada versión sobre nuestras esperanzas. 

En su tercera temporada, la intención del guion sobre el punto es incluso más evidente. Pero también mucho más amplia. Ya no se trata solo de las luchas de Emily, que poco a poco encuentra su lugar en el mundo. También es un recorrido mayor hacia lo que creemos indispensable, lo que asumimos poderoso y la percepción sobre la propia complejidad. Dickinson, con todo su aire entrañable, sólido y audaz, es una reinvención sobre el habitual tópico del dolor de la diferencia. Y la forma de convertirlo en algo más novedoso. 

'Dickinson', a la tercera va la vencida

Hace dos años, la creadora, escritora y productora ejecutiva de la serie Alena Smith, anunció que la tercera temporada de Dickinson sería la última. Para Smith se trataba de relacionar la idea de la historia con una conclusión. Y especuló sobre el hecho, que eso le permitiría comprender hacia dónde se dirigía la serie. Y justo uno de los elementos más evidentes en la nueva temporada es esa condición de obra concluida. A diferencia de otros tantos programas en la televisión actual, Dickinson fue creada y escrita con un objetivo. Y ese epílogo de una historia más grande y profunda llega con una frescura que se basa en los riesgos que toma.

Antes se alabó a la serie por utilizar la figura de Emily Dickinson como metáfora de la libertad y la condición del artista que crea. La tercera temporada lleva la premisa a un nuevo nivel y construye en su personaje una mirada a la rebelión. Una que influye directamente con el carácter subversivo con que Smith dotó a su personaje y que elaboró una idea minuciosa sobre el bien interior. Emily convertida ya en una joven mujer en busca de su destino  –o lo que espera lo sea – es más que un personaje. Es una promesa en estado puro. También, todo el impulso redentor de la poesía y la confrontación intelectual como algo más íntimo. 

Si en sus primeras temporadas, Emily Dickinson fue retratada como una joven mujer a punto de florecer. Aquí alcanza una madurez nueva. Lo hace desde la concepción de que esta adolescente obsesionada por la escritura y la vida, será una mujer asombrosa. Y en esta ocasión, el programa no evade las explicaciones complejas sobre el tránsito emocional de Emily. Tampoco a incluir todo tipo de referencias a la historia literaria estadounidense y mundial. 

En especial, resulta memorable la presencia de la comediante Ziwe Fumudoh como la activista Sojourner Truth. También, la extraordinaria mirada al tiempo y la sensibilidad de Billy Eichner Walt Whitman. La serie aprovecha los versos del conocido escritor para crear un diálogo sincero entre temas existencialistas de alto calibre. Y es entonces cuando es notorio el objetivo del programa. Ya no se trata solo de Emily Dickinson (la siempre Hailee Steinfeld) alcanzando el punto más alto de su talento y de su búsqueda de sentido. También de la madurez de quienes la acompañan en el trayecto y el mundo que está a punto de hacerla una figura histórica. 

La Dickinson de Steinfeld es una criatura llena de energía, belleza y poder. Pero también, es un reflejo de una época angustiosa, dura y llena de presagios angustiosos. Pero esa oscuridad tiene algo de luz. Y entre ambas cosas, la tercera temporada alcanza sus mejores momentos. Lo más elocuentes, lo más temibles en su peso intelectual. Lo más emocionales en toda su belleza. 

Y decir adiós nunca es fácil, pero aquí se hace memorable

La guerra civil estadounidense está cerca y Emily está muy cerca de cumplir varias de sus ambiciones. La serie, que despide y a la vez abre la puerta al hecho de ser un producto que se basa en su cualidad para perdurar, está lista para la despedida. Y también lista para dejar claro que el poder de su argumento se basa en un hilo invisible que sostiene una mirada inteligente sobre sus principales temas.

Dickinson termina pero lo hace a la manera de los grandes libros. Más allá de sus escenas finales, hay el recuerdo de un fenómeno extraordinario en plena formación. Uno sostenido y equilibrado sobre el bien y el mal.