La obra empieza de una manera diferente. Nos dicen que no apaguemos los teléfonos móviles, que los tengamos a mano. Es más, que nos conectemos a la red Wi-Fi de Privacidad. Este es el nombre de la obra y el hilo conductor de un experimento teatral que ha pasado antes por Londres, Nueva York y México y que ahora llega al Teatro Marquina de Madrid con la adaptación de Esteve Ferrer. En el escenario, Chema del Barco, Canco Rodríguez, Juan Antonio Lumbreras, Rocío Calvo y Candela Serrat. Y Adrián Lastra como cabeza de cartel. Hablamos con el actor nacido en Vallecas sobre esa fina línea entre lo público y lo privado y, por supuesto, sobre la privacidad. Más bien, de la falta de ella. 

La historia está inspirada en el ex trabajador de la CIA Edward Snowden, aunque en este caso gira en torno a un escritor que acaba de ser abandonado por su pareja. Este es el punto de partida de un viaje que a Lastra le gusta llamar un "evento teatral". "No es una comedia o un drama, aunque hay partes de eso en la obra. Para mí es una experiencia teatral. Rompemos las reglas del teatro", dice el actor a Hipertextual. La presencia de los móviles rompe una de esas reglas, otra es la interacción directa con el público. "Insistí al principio de las funciones para que se hablara al público de verdad. Que no se note que hay un personaje en escena y que la gente piense 'me está hablando Adrián'"

Los espectadores forman parte de una función que les rodea con pantallas, "esta cosa de Matrix, este universo" como dice Adrián, que les habla de qué son las cookies, cómo funcionan, los datos que regalamos a las tecnológicas y hasta la suplantación de identidad. Los dilemas sobre el uso de las redes sociales se lanzan a través de hologramas de personajes como Ari Ezcra Waldman, autor del libro Privacy as Trust, o Jill Lepore, profesora de historia de Harvard. Adrián Lastra afirma que el objetivo de la obra no es decirle a la gente lo que tiene que hacer, cómo debe comportarse en redes sociales o cuál debería ser su relación con la tecnología. Simplemente exponen cuál es la realidad en la que vivimos. 

Cara a cara con Adrián Lastra

Por supuesto, uno de los objetivos de este "evento teatral" con una gran parte didáctica es hacer ver al espectador que está más expuesto de lo que pensaba. Algunos van sabiéndolo, otros lo descubren. Y otros se sorprenden a pesar de saberlo. En un momento de la obra, algunas personas del público son escogidas para subir al escenario y tener una cita con un Adrián Lastra que intenta rehacer su vida después de dejarlo con su pareja. La redactora que firma esta pieza fue una de esas personas que estuvo frente a frente respondiendo a las preguntas de Lastra. Unas preguntas que ya venían estudiadas a través de un análisis de las redes sociales antes del inicio de la obra –al comprar las entradas, los organizadores dan la opción de enviar tu usuario en redes sociales–. 

Y así fue cómo Adrián Lastra supo que la redactora había jugado en un equipo de fútbol en México –hasta el nombre del equipo–, dónde había realizado un curso de fotografía y los idiomas que habla. Aparecieron fotografías de la cuenta de Instagram, hasta una en la que aparecía un ex novio. Una situación que puede ser embarazosa pero que refleja, al final, la moraleja de la obra. Que la privacidad es relativa; y somos nosotros los que regalamos toda esta información. Quizá tenga que salir una fotografía de la fiesta de cumpleaños de un ex novio delante de todo el Teatro Marquina para que nos demos cuenta. 

Pregunta: ¿Cuáles han sido las reacciones del público después de ver Privacidad?

Respuesta: "Reacciones en el momento podemos ver pocas por las mascarillas pero sí he visto miedo. Cuando he salido a la calle después de la función la gente me ha dicho ‘qué yuyu’, ‘qué mal rollo’. No me dice cuánto se ha reído, se quedan con más. Con que estamos exponiendo nuestra vida a quién sabe quién para que burlen nuestra intimidad. Yo pensaba que la gente se iba a quedar más por la comedia, pero no, se quedan con eso". 

P: ¿Crees que la gente es consciente de cómo funcionan las redes sociales?

R: "La gente, cuando le cuentas cosas en la función, es como si le explicas a un fumador lo malo que es fumar. Si se leen un libro o va a una terapia para dejar de fumar, le están diciendo lo mismo que les dice su madre sobre lo malo que es el tabaco. Pero se lo está diciendo un profesional, se lo dice de tal forma que les convencen de que no quieren tener esos pulmones. Hay un factor psicológico. Cuando ven su vida reflejada en este escenario, les contamos algo que les está empezando a dar un poco de miedo. Seguramente todos sepan qué son las cookies pero cuando se lo damos de comer como hacemos nosotros aquí, es muy diferente. Toda la información que damos está muy bien metida con la mantequilla de la comedia". 

Una privacidad expuesta

Adrián Lastra empieza su obra con el corazón roto en una consulta de un psicólogo. Ahí empieza una retahíla de reflexiones, lecciones y confesiones. Vemos un personaje sin casi presencia en redes sociales que poco a poco empieza a ser testigo del poder que tienen. Cae en sus redes, nunca mejor dicho, con la publicación de un selfie bajo la atenta mirada de un influencer (interpretado por Juan Antonio Lumbreras) que convierte esa foto en un solo un reflejo (demasiado) retocado de Adrián Lastra. Por cosas como esta, el actor madrileño opina que las plataformas han afectado más a peor que a mejor. "Me blanqueo los dientes, me pongo los ojos más claritos, me voy a quitar esta curva o me pongo esta. (...) Por qué nos dedicamos a ponernos filtros. No pareces ni tú, y lo peor es que de eso se trata, que no parezcas tú". 

"Lo que más me duele de las redes sociales es que la gente quiera ser otra persona"

Lastra insiste en que "es perfecta tu imperfección" aunque nos quieran vender justo lo contrario. Que seamos un espejo de personas que no somos nosotros. "Lo que más me duele de las redes sociales es que la gente quiera ser otra persona. Siguen un patrón de imitación para ser Chiara Ferragni o María Pombo", dice Lastra, "y parece que es muy fácil ser influencer. Ves tu Instagram y el de una influencer y puede ser igual. Olvídate del número de seguidores, los filtros son los mismos". La realidad, en cambio, es muy distinta. Cuántas personas pueden ser influencers o streamers como Ibai. O cuánta gente llega a ser futbolista de todos los niños que quieren ser futbolistas, se pregunta. 

Pregunta: ¿Ha cambiado tu relación con las redes sociales desde Privacidad?

Respuesta: "Desde Privacidad, ya no estoy tan activo. A lo mejor es también por el momento en el que estoy, me haces esta entrevista dentro de dos meses y te digo que estoy haciendo lo mismo. Pero ahora no estoy muy centrado en redes sociales, ni tampoco he cambiado mi comportamiento en lo que respecta al uso de cookies o para desinstalar los aparatos que tengo conectados al Wi-Fi en casa. No lo he cambiado porque como me ponga con estos detalles al final me quedo solo, me quedo incomunicado". 

"Sí me ha dado más rechazo, más miedo. Con los algoritmos de Instagram, por ejemplo, hay veces que te preguntas por qué este contenido funciona y este no. Empiezas a hacerte preguntas sobre el algoritmo y me da una cosa… Qué listas son (las plataformas) que hacen que parte de mi tiempo esté centrado en saber cómo luchar contra Instagram. Y no quiero. El que me quite 10 minutos de mi vida, me parece insoportable". 

P: Tienes una profesión en la que tu vida puede estar más expuesta. ¿Cómo encajan las redes sociales en tu sector?

R: "Hay muchos compañeros que no son activos en redes sociales o que directamente no tienen redes sociales. No les gustan las redes y a lo mejor la utilizan para publicar 4 o 5 fotos. Una de mis amigas, y también actriz, tiene WhatsApp desde hace 2 años. Al final tuvo que caer en la trampa de que hay que tener WhatsApp". 

"Para mí, personalmente, yo sé que mi vida está expuesta porque nos movemos en un mundo en el que tu vida privada es casi pública. Ya no por lo que enseñas en redes, sino porque sales en televisión y lo que muestres en Instagram, tu casa, tu piano, tu pareja, tu familia, con eso ya estás exponiendo a todas estas personas. ¿Hay que esconderse? No tengo ni idea. Yo sé muy bien lo que subo o no. Sé lo que son las redes sociales. Sé que hay un grupo muy grande de gente que te está siguiendo para ver “tu vida”. Porque no vas a enseñar la mierda". 

P: ¿Has tenido alguna mala experiencia con las redes sociales?

R: "Mira que yo no tengo mucho hate en las redes que utilizo, pero me cayeron muchas hostias por un vídeo que subí en Instagram en la cuarentena. Estábamos confinados y ya podían salir varios grupos, como los padres con los hijos. Y salieron las imágenes de mucha gente junta en el parque. Me enfadé y subí un vídeo diciendo mi opinión. La que me cayó. Me escribieron amigos diciendo que es muy fácil decirlo porque como eres famoso y rico (pone cara de asombro)... pero la gente vive en 50 metros cuadrados y quiere salir. Lo que he aprendido es que en las redes sociales mejor que esté callado. Y a mí me encanta la gente que lucha y se pega con su hate. A mí no, me da una pereza…".

¿Apagamos nuestros móviles?

Al final de la obra, un "diálogo" entre Adrián Lastra y Edward Snowden. Y una pregunta "¿Apagamos nuestros móviles?". Saber qué hacer después de Privacidad no tiene una fácil respuesta. Por el dilema de aceptar la realidad en la que vivimos, o desconectarse completamente. "Se hacen preguntas para que tú salgas de aquí diciendo que vaya mierda de mundo en el que vivimos, o me ha expuesto el mundo en el que vivo porque no lo había visto 360 como lo había visto aquí. A partir de aquí voy a intentar solucionar cosas", plantea Lastra.

Y eso que Privacidad solamente plantea una pequeña parte de esa realidad de la que Lastra dice que si la queremos enseñar entera, "estamos jodidos". Pero enseña lo suficiente como para que los espectadores aprendan algo o reflexionan sobre mucho.   

La adaptación de Esteve Ferrer no responde a la pregunta de qué hacer con nuestra privacidad o con la información que regalamos a las tecnológicas, "nosotros creamos unas dudas, no te decimos qué tienes que hacer" dice Lastra, pero sí lanza cuestiones al aire. "Este es el mundo que tienes, mírate al espejo. Tampoco está tan mal, ¿no?"