La tercera temporada de Succession, la premiada serie de HBO, tenía un problema que enfrentar. Después de convertirse en una de las series favoritas de los críticos, público y temporadas de premios sufrió una inconveniente ausencia de dos años. Una que además incluyó el parón de la pandemia y los problemas de producción que trajo aparejada la pandemia. Para cuando comenzó a filmarse, las vicisitudes de Waystar Royco y los Roy parecían lejanas en el tiempo. O al menos desvinculadas de un mundo pandémico obsesionado con lo claustrofóbico y el dominio del poder en el ámbito privado.

¿Podría Succession, basada en las relaciones de poder en una empresa más semejante a un reino que a una corporación, ser atractiva de nuevo? Para su alegría de sus seguidores, Succession regresa y lo hace convertida en una poderosa mirada sobre el mal contemporáneo, la violencia y la avaricia. Pero también es un meditado recorrido por la hipocresía estructural de una época obsesionada por la bondad. 

Logan Roy y sus cuatro hijos son una representación de lo depravado de la ambición. También crean las condiciones para entender el mecanismo que empuja a los personajes a ser el rostro incómodo de una cultura pérfida y vanidosa. En Succession no hay nadie que resulte agradable, la empatía es una palabra casi fantasiosa y la idea del bien una excentricidad. 

Y quizás, el éxito esencial del programa sea ese. Succession no desea que haya una forma de comprender las motivaciones de los personajes. Y de hacerlo, el público tendrá que enfrentar terreno peligroso. Por supuesto, es un riesgo duro de correr en una época en la que la televisión da un viraje hacia una profunda mirada hacia lo humano. Ted Lasso de Apple TV+ reflexiona con cuidado acerca de la bondad, los retos y el poder espiritual. Por otro lado, Escenas de un matrimonio el otro gran éxito de HBO del año, es una descarnada crónica sobre la naturaleza humana. 

Pero a Succession no le importan nada de esas percepciones de la emoción actual o sus variaciones. En realidad, tiene una poderosa y perversa capacidad para la provocación que en su tercera temporada llega a un nuevo nivel. A la serie, que está decidida a mostrar que tal repulsivo puede llegar a ser cualquiera, le obsesiona la oscuridad. Pero no una sencilla o sostenida por clichés sobre el comportamiento. 

Cada uno de los Roy es una faceta de un diamante temible. Desde la corrosiva envidia a la potencia de la necesidad de control, los Roy son un nuevo tipo de villanos. Si es que pudieran llamarse así. Porque en realidad, su gran “delito” es la codicia, la frialdad y la necesidad de imponer su dominio. ¿No es esa la base del éxito desde hace más de cuarenta años? Logan se lo ha preguntado varias veces a lo largo de dos temporadas. En la tercera temporada responde la pregunta con creces.

Un reino monstruoso con un rey peligroso 

El regreso de Succession comienza casi inmediatamente después de los conflictos planteados en la segunda temporada. Por supuesto, los anteriores capítulos prometían una confrontación. Una de semejante calibre y de violencia tan refinada como para preguntarse si el clan terminaría escindido, roto o destruido bajo el peso del patriarca. 

Pero aunque los nuevos episodios responden la pregunta con creces, también avanzan hacia lugares desconocidos de la historia. Waystar Royco de nuevo es el centro del poder. Pero esta vez, Logan moverá las piezas para que haya las suficientes grietas para poder empujar en una dirección u otra cualquier presión interna. 

De hecho, uno de los puntos más altos de una temporada llena de ellos es Logan Roy. Casi desde el primer episodio, el personaje lo es todo. Por supuesto, dentro de Waystar Royco Logan lo es todo. Es un rey viejo, desdentado, sabio y violento. A su alrededor, sus hijos gravitan como una presencia que se delinea en contraste a su poder.

Y es justo en ese punto en el que comienza la temporada tres de Succession. Kendall se enfrentó a su padre y perdió. O al menos, por ahora está fuera del radar o a la suficiente distancia como ser un gran enemigo. La serie no aclara de inmediato qué hará Kendall, pero es evidente que la herida estará abierta. Con Greg como su único aliado, debe encontrar la manera de enfrentarse a su familia. 

Pero en este caso, la serie de HBO se pregunta de forma directa si hay alguna línea de parentesco que sostenga esta batalla. Después de todo, se trata de una traición. Una de alto calibre. Una que despertó el espíritu combativo y pérfido de Logan. ¿Qué puede esperar el conglomerado o el resto de los miembros en un choque de titanes semejantes? 

Sin duda, el centro de la temporada de Succession es la hipocresía, lo que supone que el show comienza a variar sus puntos centrales. Si en la primera temporada mostró todos los tentáculos del poder y en la segunda su alcance, en la tercera muestra el veneno que esconde. Kendall acaba de traicionar a la familia e intenta justificarse a sí mismo. A la vez, continúa con su enfrentamiento con Logan, con la plenitud de esa audacia suya de plantar cara a la ferocidad de su padre. 

Y aunque los paralelismos con el capitalismo y otros tantos temas sobre la moral dual que apasionan al programa siguen ahí, la temporada 3 los profundiza. Esa ambigüedad grosera, el hacer lo correcto como una forma de negocio y en especial de máscara, sigue siendo de una dureza asombrosa. Y asombrosa también es la manera en que el guion aglutina todas sus partes para narrar algo nuevo. Succession regresó y los viejos fantasmas del odio también.

En 'Succession' todo se resuelve en la mesa familiar 

Pero al final, lo mejor de Succession son sus hilos invisibles. Los que unen a todos los miembros de un clan que pueden tanto sentarse a la mesa como luchar en la sala de juntas. Planean complicadas manipulaciones y temibles enfrentamientos. Pero también les preocupa la salud del padre mientras este les canibaliza con infalible olfato.

A lo largo de los años, la pregunta sin responder acerca si Succession es su es un drama o una retorcida comedia. La temporada 3 tampoco responde la pregunta, pero sí analiza los filamentos que sostienen la envergadura del show. Si el final de la temporada pasada el grito de Roy lo era todo, el silencio maquinador en la nueva es una mirada a algo más grande. Succession regresó y con una plenitud malvada que resulta cautivadora.