The Medium, de Banjong Pisanthanakun, es una combinación de varias cosas a la vez. En primer lugar, de una conveniente y poco disimulada aproximación al terror sobrenatural. En segundo, un recorrido por el terreno resbaladizo del subgénero found footage, el cual atraviesa con cierta torpeza tensa. Entre ambas cosas, hay una concepción inquietante sobre el bien y el mal que no termina de resolverse del todo. Quizás el mayor problema de la película del director tailandés. 

Llamada “una de las películas más aterradoras del año”, a la película la precedió una breve pero intensa campaña de intriga. Se habló de funciones con luces encendidas, de la incapacidad del público para soportar sus imágenes. Al contraste, The Medium tiene más parecido con las misteriosas versiones del terror asiático de principio de los noventa que con un fenómeno autónomo. Buena parte del film , que tiene un indudable aire revisionista de códigos de terror sobrenatural , parece, de hecho, llevar a cuestas la ambigüedad. Una que, además, se enlaza con la intención de Banjong Pisanthanakun de crear una percepción sobre lo terrorífico que profundice en sus obsesiones favoritas.

Conocido en Occidente por la ya icónica Shutter (2004), Pisanthanakun se hizo famoso por desarrollar un tipo de terror tenso y claustrofóbico. De hecho, la intención sobre lo que se oculta detrás del tiempo y la violencia continúa siendo la piedra angular en The Medium. Pero, al contrario que en su película más conocida, el argumento, que mezcla espíritus, la desolación del miedo y códigos de terror poco novedosos decae por momentos. Claro está, se trata de algo inevitable cuando el argumento entero depende (y trata de obtener) la credulidad del público.

Para The Medium, es de considerable importancia mostrar la periferia del terror basado en la cultura. Un retrato ambicioso sobre la credulidad y la fe colectiva que, poco a poco, desemboca en algo más siniestro. Pero, a pesar de su prometedor comienzo y buena intenciones, el film de Banjong Pisanthanakun tiene evidentes problemas de ritmo. Más allá de eso, una vez superada la mirada general a la propuesta, adolece así mismo de originalidad. Una combinación que termina por ser el mayor problema de la premisa. 

'The Medium', cuando el terror es también una moraleja

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The Medium es una película construida para ser asumida como un retrato cultural. También, para componer un recorrido acerca de lo que creemos y por qué lo hacemos. En un movimiento formal poco claro, Pisanthanakun abandona el diálogo entre el terror y la coherencia argumental para tratar de narrar el misterio. ¿Cómo lograrlo? El ya manido found footage parece la respuesta apropiada e inmediata para lograr una conexión con el terror de lo verídico. Empeñado en crear una atmósfera que se base en un realismo torpe y lineal, Pisanthanakun sostiene una sensación de urgencia sustanciosa. Pero, más allá de eso, el film debe luchar contra un elemento incómodo: ser el reflejo de algo mayor. 

Las posesiones, exorcismos y batallas por el alma de inocentes son un tema común en el cine asiático. Y, en Occidente, una metáfora más que literal sobre la reconstrucción del terror como elemento colectivo. The Medium falla al intentar combinar ambas cosas y elaborar una condición sobre lo inquietante relacionado con lo inexplicable. A medida que Banjong Pisanthanakun se concentra en mitos, leyendas y el miedo a lo abstracto, el film pierde solidez. Hay una buena cantidad de ideas ambiciosas en la necesidad de Pisanthanakun de narrar el terror como una caja de los misterios. Pero el director no logra profundizar en ninguna el tiempo suficiente para narrar algo más audaz.

Con todo, The Medium tiene la cualidad de mostrar una faceta sobre la condición de la fe de una forma medianamente novedosa. La percepción acerca de la rica tradición oral sobre lo sobrenatural de Tailandia es una consciente exploración del miedo. Una que se hace las preguntas correctas y, además, elabora un vehículo conveniente para profundizar en la identidad colectiva. ¿A qué tememos en una época cínica? ¿Qué se esconde detrás de ese temor?

No obstante y a pesar de lo prometedor de ese punto de vista, Banjong Pisanthanakun avanza hacia lugares comunes que se desgastan demasiado pronto. Por supuesto, el guion, escrito también por el director,  aprovecha el falso documental para confrontar ideas. De hecho, la mayor intención del recorrido por las creencias del pueblo Isan, en el noreste de Tailandia, parece ser el cuestionamiento. Siguiendo la fórmula tradicional del found footage, el equipo de cineastas de Pisanthanakun busca respuestas sin esperar encontrarlas. No obstante, al tropezar con Nim (Sawanee Utoomma), en cuyo cuerpo habita un secreto ancestral, la incredulidad se transforma en interés.

A partir de ese punto, la película intenta abarcar la historia familiar que rodea a Nim e, igualmente, su cualidad narrar lo sobrenatural desde lo íntimo. Pisanthanakun hace un esfuerzo considerable por dejar claro que hay un punto de inflexión entre la mirada objetiva y algo más. Y quizá es esa ruptura lo que hace que la película pierda sentido en su segundo y confuso tramo. Para sus escenas más impactantes (o las que deberían serlo), The Medium se acoge a la fórmula tradicional del terror sobrenatural. Y, para bien o para para mal, es ese su punto más bajo.

La raíz de lo terrorífico

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Es probable que el mayor problema de The Medium sea su incapacidad para definir un ritmo y un tono concreto. También, que, en cierto punto, Banjong Pisanthanakun tiene evidentes dificultades para sostener la premisa. Al final, el recorrido hacia el centro del enigma, que se transforma en horror puro para su última hora, desconcierta por errático. Y es esa confusa necesidad de unir partes que necesariamente no se sostienen de forma total la que entorpece el argumento.

Para su últimas escenas, The Medium batalla con sus blanduras y, en especial, con códigos del cine de terror tan socorridos que resultan tediosos. No obstante, Pisanthanakun logra incluso en sus peores momentos mantener el sentido de lo inminente. Una urgencia pesarosa en medio de un experimento doloroso sobre el miedo que, quizá, es el punto más rescatable del film.