Un equipo de científicos de la Universidad de Winnipeg, en Canadá, acaba de nombrar una nueva especie de homínido: el Homo bodoensis. Se trata de un ancestro directo de los humanos modernos, que vivió en el Pleistoceno medio, una época tan importante como confusa.

Es importante porque se considera que en ella tuvo lugar el surgimiento del Homo sapiens. Pero confusa porque resulta complicado aclararse con las fechas y establecer cuáles eran las especies de homínidos que convivieron. De hecho, entre los paloeantropólogos este periodo se conoce como Muddle in the Middle, lo cual en español significaría algo así como “embrollo en el medio”. Sin juego de palabras, eso sí.

El Homo bodoensis, por lo tanto, ha llegado para poner un poco de orden en todo esto. No soluciona todas las incoherencias de este periodo de un plumazo, pero al menos resuelve algunas dudas y reclasifica algunos fósiles que, hasta ahora, se encontraban en una especie de limbo. ¿Pero qué más sabemos sobre esta nueva especie de homínido?

El embrollo del Pleistoceno medio

El Pleistoceno medio es un periodo que tuvo lugar desde hace 774.000 hasta hace 129.000 años. 

Tanto en África como en Eurasia se han encontrado fósiles de diferentes especies de homínidos datados en esa época. Sin embargo, hay dudas en su clasificación.

Algunos fósiles han sido difíciles de datar por encontrarse en aguas con mucha radiación

Se han hallado cráneos y otros huesos fósiles de Homo sapiens, una especie de homínido que por ese entonces estaba prácticamente en pañales, pero que ya había desarrollado esas características concretas que le diferencian de sus antecesores.

También hay ejemplares de Homo naledi, una especie que ha resultado un tanto conflictiva en lo que a su clasificación se refiere, por la dificultad que han presentado sus fósiles para datarlos.

Este problema de la datación se ha encontrado también con fósiles como el cráneo de Floresbad, conocido así por el nombre del yacimiento sudafricano en el que se encontró. En un vídeo grabado por el paleoantropólogo Lee Berger en 2020, explicaba que no están claras las fechas a las que pertenece, por varios motivos.

El principal es que el terreno en el que estaba está frecuentemente en contacto con agua con altas dosis de radiactividad, algo que dificulta algunas de las técnicas de datación empleadas. Además, no está clara la especie de homínido a la que pertenece, pues cuenta con características que coinciden con las de los primeros Homo sapiens, pero también con algunas afines al Homo heidelbergensis. Incluso se encontraron cerca unos dientes que no está claro que pertenezcan al mismo individuo, pero que hacen todavía más difícil la clasificación.

Por otro lado, el cráneo de Kabwe, citado también por Berger, es otra de esas piezas confusas del rompecabezas del Pleistoceno medio. Fue hallado en una mina de plomo y zinc en Zambia, en 1921. De nuevo, la composición del terreno puede dificultar su datación, aunque se cree que tiene unos 299.000 años. En cuanto a la especie, se cree que debe tratarse de un Homo heidelbergensis, aunque surgieron dudas sobre si podía ser otra especie. También se ha clasificado en algún momento como Homo rhodesiensis.

Sin embargo, este nombre nunca ha estado aceptado del todo por su relación con Cecil Rhodes. Este fue un magnate minero británico que le dio nombre a Rodesia, la región en la que aparecieron los primeros fósiles de este tipo. Es conocido por los violentos crímenes que cometió en África en nombre del colonialismo británico, de ahí que haya un gran rechazo a que su nombre indirectamente forme parte de una especie de homínido.

Finalmente, nos encontramos con el hombre de Bodo. Este es un cráneo hallado en 1976 en la localidad de Bodo D’ar, en Etiopía. Inicialmente se vio que muchas de sus características cuadraban con las del Homo erectus. Sin embargo, algunas iban más en concordancia con las de los primeros Homo sapiens. Ante la duda, hay científicos que apostaron por clasificarlo como Homo heidelbergensis u Homo rhodesiensis, dada la antigüedad de 600.000 años que resultó de su datación.

Todos estos son algunos de los nudos que componen ese embrollo del medio; que ahora, gracias al nombramiento de una nueva especie, podrían desatarse ligeramente.

Homo bodoensis. Crédito: Ettore Mazza

Una nueva especie de homínido

Ha sido el análisis del ADN de los fósiles el que ha permitido reclasificar algunos de esos especímenes que se encontraban en duda. Según ha explicado la autora principal del estudio, Mirjana Roksandic, en un comunicado de prensa, se han encontrado evidencias de ADN neandertal en algunos de esos fósiles de Homo heidelbergensis que se encontraban en duda, por lo que se han reclasificado en esta dirección. 

Pero ha sido precisamente el hombre de Bodo el que se ha desmarcado totalmente, mostrando tener cualidades ajenas a cualquier otra clasificación. Esto ha llevado a Roksandic y su equipo a bautizarlo como Homo bodoensis. Algunos de esos H. heidelbergensis mal clasificados que no han resultado pasar al equipo neandertal, por lo tanto, se clasificarían también como Homo bodoensis, dando un poco más de orden a esta intrincada situación. 

En definitiva, estos nuevos miembros de la familia aclaran un poco más las cosas. Pero no nos confundamos. La época en la que los primeros seres humanos comenzaron a caminar sobre la Tierra sigue siendo bastante liosa para los paleoantropólogos. Parece ser que, a pesar de todo, sigue habiendo Muddle in the Middle para rato.