En la película Distancia de Rescate de Netflix, basada en la novela del mismo nombre de Samanta Schweblin, hay pocos elementos del cine de terror. O al menos varios de los clásicos, evidentes o clichés. En lugar de eso, el recorrido por una historia tenebrosa y dolorosa está basado en la sugerencia. Podría parecer una decisión extraña por parte de la directora Claudia Llosa, pero termina por ser quizás el punto más poderoso del argumento. 

Distancia de Rescate no pretende aterrorizar. No de manera directa. En realidad, desea que el miedo ocurra a la trastienda, por el rabillo del ojo, en momentos de extrema belleza y horror que apenas parpadean en pantalla. Y lo logra a través de una magistral puesta en escena y un sentido espléndido de la sorpresa y la elegancia. También con una perfecta sincronía de elementos que se sostienen entre sí para enhebrar una historia oscura y elocuente. 

Adaptación de una narración tensa, envolvente y con una dureza interior claustrofóbica, Distancia de rescate en una historia a dos voces. También es un argumento lleno de pequeños extremos terroríficos que sugieren que algo ocurre en el silencio. Figuras que aparecen y desaparecen entre puertas entreabiertas. Una historia que avanza con la firmeza de una oleada de miedo que se eleva y se deshace en los momentos más inesperados. 

Claudia Llosa logra una sutil sugerencia que el misterio está a punto de revelarse, aunque sin duda hay algo más importante en medio. Distancia de rescate toma lo mejor de directores como Roman Polanski y Ari Aster para mostrar el miedo sin hacerlo. Para construir la sensación de lo inminente que se aproxima, entre imágenes que por sí solas son relatos inquietantes de extrema elegancia. Si algo hay que agradecer a esta discreta mirada al miedo es su necesidad de mantenerse al margen de elementos clichés del género. 

'Distancia de rescate', dos miradas al terror 

Claudia Llosa tiene experiencia en contar historias mínimas en las que en apariencia el argumento transcurre entre líneas. La directora de La teta asustada y No llores, vuela tiene una enorme capacidad para mirar el mundo a través de versiones ambiguas. No obstante, Distancia de rescate es su film más logrado, más duro y más inquietante. 

Con un guion adaptado por la propia Samanta Schweblin, la película transcurre en dos espacios paralelos. Por un lado, las conversaciones en voz baja entre Amanda (la española María Valverde) y Carola (Dolores Fonzi). Ambas mujeres comparten su temor sobre la maternidad, un pasado lleno de hechos dolorosos y un miedo persistente. O al menos, lo es el de Carola cuyo personaje es el núcleo de un recorrido por una posibilidad terrorífico. Por otro lado, está una línea de terror real, sobrenatural, que Llaso construye con una firmeza elocuente. Para la directora, lo sustancial no es el miedo que pueda causar — aunque hay momentos de verdadero terror — sino cómo recrearlos. La forma en que se sostiene y se elabora lo tenebroso como una serie de símbolos que se entrecruzan entre sí.

Este retrato del nuevo terror latinoamericano literario llevado a la pantalla grande en todo su esplendor, deslumbra por su inteligencia. Las actuaciones de Valverde y Fonzi son un mosaico cada vez más elaborado de percepciones sobre la identidad y el enigma. Llaso toma lo mejor del libro original y lo sublima para crear una condición temible. ¿Hay secretos temibles en la naturaleza? Al estilo del mejor horror folk británico, Distancia de rescate juega con las metáforas. Lo hace, hasta brindar a los largos silencios y a los juegos de cámaras paralelos una revisión sobre el secreto. Algo palpita al fondo de lo que Amanda intenta contar a Carola. Un hecho tan espantoso y temible, que se enlaza con una idea más sombría sobre lo individual y lo clandestino. 

Pero más allá del sentido del mal y lo sobrenatural en Distancia de Rescate, el mayor valor de la película es su silenciosa potencia. Lo que parece ser una conversación entre dos mujeres, termina por convertirse en un relato mórbido y terrorífico sobre lo siniestro. Algo está ocurriendo en este rincón anónimo y salvaje del campo argentino. Capaz de devorar a Carola y a su hija. Que ya destrozó a la familia de Amanda. Lo que sea que ocurra es una colección de largas miradas, silencios entremezclados con la conciencia de lo invisible. Un experimento osado en una película de terror latinoamericana que termina por asombrar por su eficacia.

Cuando el miedo se esconde en las sombras 

Durante la última década, el terror literario latinoamericano ha creado toda una percepción novedosa sobre el género. Se trata de una versión acerca de lo terrorífico con sus propios parámetros y una formidable mirada al absurdo. Su llegada a la pantalla grande con una adaptación pulcra y brillante resulta toda una sorpresa por su capacidad para desconcertar. 

Distancia de rescate no es una película de terror que intente provocar sobresaltos ni tampoco sorprender. Claudia Llosa apela a lo primitivo, a lo temible y a invisible para crear una red de símbolos y metáforas de enorme calidad. En especial, cuando la película alcanza su último tramo es evidente que lo maligno es una presencia que está en todas partes. Que se manifiesta a través de los paisajes bucólicos o la sensación casi onírica de los personajes en medio de una circunstancia inexplicable

Para cuando su último y extraño plano final llega, la película demuestra el potencial de la historia para aterrorizar. Y lo hace, apelando no sólo al terror como elemento, sino al espectador como parte de una trama envolvente. Quizás, uno de los pasos más audaces del terror latinoamericano actual y sin duda, uno de los más inteligentes. Con un único plano, Claudia Llosa deja claro el poder de un misterio sin nombre. Y también, las bondades de una nueva percepción del terror.