Cóctel explosivo, de Navot Papushado, podría compararse en algunos puntos con la saga John Wick. Principalmente por el uso coreográfico de la violencia y la percepción del asesinato como toda una declaración de intenciones. La película también tiene mucho de Viuda Negra y no solo porque su elenco es casi por completo femenino. Sus personajes están en busca de reivindicación, pero también de un tránsito curioso hacia la búsqueda de la identidad. 

Entre ambas cosas, el argumento tiene la habilidad suficiente para combinar ambas propuestas y crear algo inesperado. No siempre resulta, pero también logra sorprender. Cóctel explosivo tiene la capacidad de construir su propio ritmo en medio de un punto precario entre la acción ultraviolenta y un drama familiar. ¿Es posible unir ambas cosas? Papushado lo intenta y lo hace con una habilidad errática que por momentos tiene buenos resultados. 

Por supuesto, la enésima versión de un asesino entrenado en medio de una situación que le sobrepasa tiene pocas novedades que ofrecer. Ava (2020), de Tate Taylor, meditaba sobre temas parecidos y conflictos no resueltos muy semejantes a los del film de Papushado. Pero a diferencia del frío personaje interpretado por Jessica Chastain, la Sam de Karen Gillan tiene una rara fortaleza basada en la furia. 

Gillian invierte una considerable cantidad de tiempo en mostrar que su personaje es una perfecta máquina asesina. Pero que también está lleno de una cólera que determina sus acciones, incluso por encima del entrenamiento al que fue sometida. Papushado toma algunas decisiones sobre la naturaleza emocional de su personaje que resultan sorprendentes en un film semejante. 

Sam no solo mata, sino que además procura que el acto de matar sea poderoso, una apoteosis de todos los conflictos que lleva a cuestas. Por supuesto, como hija de Scarlet (Lena Headey) es inevitable que haya un trágico impulso de puro dolor. Pero Papushado evita la tentación de crear un drama que empañe la dureza de las líneas de fondo del argumento, para crear algo nuevo. 

Cuando Sam levanta el arma y dispara, su rostro permanece impasible. Pero la furia en ella es un curioso tránsito para conectar con un pasado familiar que lleva a cuestas y con el que apenas puede lidiar. 

'Cóctel explosivo': balas, traumas, sangre y una historia de asesinatos 

Sam lleva quince años trabajando como asesina para La Firma, una organización con obvios parecidos con la de la franquicia John Wick. De hecho, uno de los puntos bajos del film es su incapacidad para separarse del todo de sus referentes inmediatos. 

De la misma manera que ocurre con el asesino interpretado por Keanu Reeves, La Firma es un misterio. Una super estructura criminal que funciona bajo sus propias reglas, nunca demasiado claras. Papushado de hecho proporciona información con mano cuidadosa hasta crear la sensación de que La Firma lo es todo. 

Es el pasado de Sam (su madre le dejó abandonada al huir de La Firma), es el presente (trabaja para ellos) y también el futuro. Pero además Sam encuentra que La Firma guarda su propia versión de la realidad. Como si debajo de las órdenes también coexistiera un mundo desconocido. De hecho, son las malas decisiones y la necesidad de entender qué ocurre lo que llevará al personaje de Gillian a un punto de no retorno.

Es entonces cuando Cóctel explosivo muestra su verdadera identidad. Sam tendrá que apelar a todo su entrenamiento para salvar una situación desesperada. Pero en mitad de algo semejante, la idea de que el personaje es algo más que un estereotipo se construye con cuidado. Papushado logra que Sam sea también una mujer aturdida en mitad de algo más complicado y en busca de respuestas a su vida. Todo en medio de una lluvia de balas, las más estrafalarias muertes y la mujer que es más allá del arma en sus manos.

Papushado toma la interesante decisión de expandir el universo de la película con pequeños fragmentos de información. Cuando Sam acude en busca de las viejas amigas de su madre, hay algo más que la idea de encontrar aliados. Tanto Florence (Michelle Yeoh), como Anna May (Angela Bassett) y Madeleine (Carla Gugino), son símbolos del pasado que Sam quiere reconstruir. 

A su manera, se trata de una pequeña cofradía que intentará luchar desde las sombras contra la omnipotencia de La Firma. Y lo logra a medida que sea hace más evidente que Cóctel explosivo es mucho más profunda que la acción en estado puro que muestra. 

En la búsqueda de las cosas perdidas 

Para el tercer tramo de Cóctel explosivo, Papushado decide que será un espectáculo visual. Y es quizás el punto en que el argumento no logra compensar el exceso de escenas asombrosas y rocambolescas con una historia a la altura. Para entonces, la narración parece haber perdido lustre — o al menos potencia — , y aunque jamás decae demasiado sí que perdió el brillo de su poderosa primeras escenas. 

Pero aun así, la historia de esta asesina en busca de su pasado que además de disparar también tiene la feroz necesidad de vencer. La metáfora de la furia a fuego lento de Gilliam, en contraposición a su forma de matar, es cada vez más evidente. 

Sin embargo, lo más interesante es el recorrido del personaje en busca de lo que la define, más allá de lo que le acosa. Para bien o para mal, Papushado creó un antihéroe potente y siniestro, con aires de redención en un momento extraño del cine. Con múltiples figuras femeninas en busca de demostrar su fortaleza, Sam es rara avis por momentos conmovedora pero casi siempre desconcertante. Quizás el mejor logro de actriz y director en medio de una película demasiado cliché para su propia salud fílmica.