Morir congelado tiene pinta de ser terrible. Y si no que se lo pregunten a Jack, protagonista de Titanic (1997). Por desgracia, a lo largo de la historia muchas personas han estado a punto de morir de esta manera (y otras tantas han fallecido por este motivo). De hecho, nada hacía prever lo que estaba a punto de sucederle a Jean Hilliard el 20 de diciembre de 1980 cuando una noche su coche se salió de la carretera helada en Lengby, Minnesota. La joven decidió salir del coche y eso le llevo a un estado de hipotermia y congelación al que, por suerte, sobrevivió. Pero no nos adelantemos tanto, veamos cómo fue la historia de Hilliard.

Como decíamos, el coche que conducía Jean se salió de la carretera y cayó en una zanja. A ella le sonaba el paisaje y pensó que estaba cerca de casa de una amiga suya, Wally Nelson. Por eso, decidió salir del coche para tratar de alcanzar el lugar en el que vivía Nelson y así pedir ayuda. Sin embargo, no calculó bien la distancia a la que se encontraba de la casa y tardó más de lo que pensaba, explican en IFLScience. "Estaba más frustrada que asustada", comentó

Por desgracia, poco antes de alcanzar la puerta de casa de Nelson, Jean se desplomó, congelada a unos metros de su objetivo. A la mañana siguiente Wally la encontró completamente helada, incluso sus ojos estaban congelados. Además, estaba tan rígida como una tabla, según explicó la amiga. Eso hizo que fuera más difícil transportarla. De hecho, tuvo que ponerla en la parte trasera del coche en diagonal.

Casi murió congelada por la hipotermia

"El cuerpo estaba frío, completamente sólido, como un trozo de carne salido de un congelador"

Llegó tan congelada que ni siquiera pudieron pincharle la piel y tenía tan solo 12 latidos por minuto. Los termómetros del hospital ni siquiera recogían su temperatura. "El cuerpo estaba frío, completamente sólido, como un trozo de carne salido de un congelador", comentó el doctor George Sather, que la trató, según recoge IFLScience.

Pero como decíamos antes, a pesar de llegar en esta situación, Jean salió adelante. Al principio los médicos no eran muy optimistas con la situación; pero trabajaron de todas formas para sacarla adelante. Y lo consiguieron. Empezaron con unas almohadillas térmicas y poco a poco Jean se fue descongelando, aunque este término no es exacto. Al final salió del hospital y solo tenía los dedos de los pies todavía congelados, pero habían barajado amputarle las piernas. Por suerte para Jean, no fue necesario y todo, incluso los dedos de los pies, volvieron a estar normales.

En este caso no podemos decir que Jean llegase a congelarse de verdad. Esto es porque cuando las células de una persona se congelan de verdad, se dañan y a menudo se destruyen porque se cristalizan como el hielo. Y este es el motivo por el que todavía no hemos conseguido congelar a personas a largo plazo.

Por tanto, Jean no se congeló de verdad. Aunque tuvo hipotermia y estuvo en un estado que, de haber durado más tiempo, la habría matado; su cuerpo y su circulación se ralentizaron, por lo que pudo sobrevivir con mucho menos oxígeno, obteniendo el suficiente. Por suerte, se libró de morir congelada.

En definitiva, hay que tener mucho cuidado con las carreteras heladas porque nos pueden jugar una mala pasada.