Las grietas en la Estación Espacial Internacional (EEI) se están empezando a convertir en algo perturbadoramente frecuente. Ya hubo una en 2018 que trajo de cabeza a los astronautas durante meses, hasta que lograron dar con su origen y sellarla. Más tarde se han ido encontrado otras. Por suerte, todas suponían problemas menores, que en ningún momento han llegado a poner en peligro la integridad de la estación ni la vida de sus tripulantes. Tampoco parece que vayan a hacerlo de momento las más recientes, detectadas en el módulo ruso Zarya. Sin embargo, son el claro indicador de que, como ya imaginábamos, las instalaciones se hacen viejas, mostrando cada vez más cercano el fin de su vida útil.

Este último hallazgo fue anunciado ayer mismo por Vladimir Solovyov, ex cosmonauta e ingeniero jefe de la Corporación Espacial de Cohetes y Energía, en la agencia rusa de noticias RIA

Explicó que las grietas en la Estación Espacial Internacional son fisuras superficiales ubicadas en los ojos de buey de Zarya. De momento no son peligrosas, pero podrían extenderse con el tiempo. Y eso, desde luego, no es una buena noticia.

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El módulo ruso Zarya, también llamado Bloque de Carga Funcional, fue el primero que se lanzó a la EEI, en noviembre de 1998. Durante esta etapa se encargó de abastecer de electricidad las incipientes instalaciones, además de servir para el almacenamiento y la propulsión durante el ensamblaje.

El módulo ruso Zarya fue el primero que se lanzó a la EEI, en noviembre de 1998

Más tarde se han lanzado nuevos módulos centrados en algunas de esas funciones, por lo que con el tiempo ha quedado relegado solo al almacenamiento. Ahora, 23 años después, se ha convertido en el protagonista de las nuevas grietas en la Estación Espacial Internacional. Desde luego, va mostrando su antigüedad y el hecho de que no aguantará mucho tiempo más.

Además, si bien las fisuras halladas hasta ahora han tenido fácil solución, Sovloyov considera que podrían ir a peor. No se trata solo de las fugas de aire, que hasta ahora no han llegado a niveles preocupantes y se han compensando insuflando aire regularmente a las zonas afectadas. El ex cosmonauta considera que también podrían dañarse muchos equipos para 2025.

Y es que, en realidad, entonces estaría más que pasada la fecha de jubilación prevista de la estación. Cuando esta se lanzó inicialmente al espacio las agencias espaciales firmantes del acuerdo para su construcción decidieron que su vida se mantendría hasta 2020. Más tarde optaron por alargar la fecha hasta 2024, en un principio con las reticencias de la rusa Roscosmos. 

Lo que está claro es que no le queda mucho tiempo. Por eso, ya se están proyectando alternativas. Es el caso de Gateway, la estación espacial proyectada por las agencias espaciales estadounidense, europea, canadiense, rusa y japonesa para orbitar alrededor de la Luna. Fuera se ha quedado China, que tampoco ha perdido el tiempo, pues la Administración Nacional del Espacio China (CNSA) ya ha comenzado la construcción de su propia Estación Espacial e incluso ha enviado allí a sus primeros tripulantes. Renovarse o morir. Esto es aplicable a muchas facetas de la vida y, desde luego, la carrera espacial también es una de ellas.