La primera temporada de la serie de Netflix, Yo Nunca, dejó a su protagonista Devi en medio de una complicada situación sentimental. También en un punto de equilibrio entre su caótica vida familiar y el duelo por la muerte de su padre. 

Por supuesto, Yo nunca tiene un duro compromiso que superar. En medio de la gran variedad de series de Netflix similares y con idéntica temática, debe intentar contar situaciones semejantes con un nuevo matiz. Y en su primera temporada lo logró al burlarse del melodrama con raro un sentido del humor, lo étnico y el amor familiar. 

El resultado fue un repaso por todos los dolores adolescentes, pero sin recurrir al drama o la risa superficial. La directora deseaba enviar un mensaje y lo hizo. Ser joven es confuso y a menudo doloroso. Pero no por eso debe ser aburrido. Mucho menos, solemne. Con su despliegue de colores, diálogos rápidos e ingeniosos, la serie logró convertirse en un pequeño éxito para las series de Netflix. 

En medio de lugares tan distintos, Yo Nunca logró crear un cliffhanger lo suficientemente atractivo como para justificar su original ritmo. Este drama con toques de comedia y de reflexión sobre lo que es ser adolescente es más que una mirada de una etapa complicada. Es un juego audaz sobre la forma de relatar lo muy visto  y llevarlo a una nueva dimensión.

Su segunda temporada tenía el reto de sostener el interés y la curiosidad del público basada en la premisa de lo original. Pero en lugar de tomarse en serio como los éxitos adolescentes, Euphoria o We are who we are, Yo Nunca toma la dirección contraria. 

Las tres historias relatan el tránsito de la juventud desde ópticas distintas. Pero del trío, solo Yo Nunca tiene el desenfado suficiente para burlarse de sus momentos más dolorosos. Un logro que crea una experiencia nueva de tópicos manidos o incluso en la manera en cómo la serie analiza lo esencial. ¿Qué tan duro es ser joven en nuestra época? Según Yo Nunca es difícil tan burlón como un chiste retorcido. 

'Yo nunca', de vuelta a la escuela

Pero a pesar de su tono en apariencia ligero, Yo Nunca no evade algunos puntos grises y duros matices en su argumento. La historia comienza en el mismo punto en terminó la temporada anterior y eso es una ventaja. Los nuevos conflictos son, en realidad, de un mayor nivel de complejidad de los antiguos. Devi todavía lidia con la muerte de su padre. Pero lo hace desde cierta distancia que le permite entender el dolor como un catalizador. 

A la vez, la adolescente fue el centro de una incómoda atención en la primera temporada y ahora se enfrenta al anonimato. Opacada por una nueva estudiante india en la secundaria de Sherman Oaks High, la serie pierde su brillo de Bollywood por algo más oscuro. Los celos, la rivalidad y el rencor son parte del escenario. Pero sin prescindir de los juegos de palabras y la noción sobre la percepción del miedo al futuro que acompaña al personaje. 

Sin grandes estridencias, Yo Nunca medita sobre la soledad, el miedo y la incertidumbre. A la vez hace chistes sobre el sexo y la lujuria juvenil en un tono juguetón y malicioso. Pero en medio de las carcajadas hay algo agrio. La sensación que la serie transita un recorrido hacia hacerse más madura y más relevante es inequívoca. 

La combinación resulta interesante cuando el guion se toma la libertad de ser despiadado. Las sesiones de terapia de Devi son una combinación de autoindulgencia, pero también confesiones de viejas heridas. Entre ambas cosas, la serie logra retratar la vida emocional de su personaje con conmovedora franqueza. 

Incluso en lo tocante al terreno amoroso, Yo Nunca vuelve a utilizar su singular fórmula de ser inesperadamente cruel y después solo sincera. Eso a pesar de utilizar el habitual triángulo amoroso que ya es tradicional en programas del estilo. Pero si en Emily en París hay cierto sentido de la justificación urgente, en Yo Nunca el romance tiene un aire orgánico.

La serie, con su considerable grado de autoconsciencia sobre lo irónico de hablar de la juventud desde la visión del adulto, juega en un ámbito peligroso. Yo Nunca podría ser muy superficial en su intento de divertir. O muy dura en su intención de mostrar que hay algo más bajo tras los rápidos e inteligentes diálogos. Pero, en realidad, es ambas cosas a la vez.

Al final, la serie logra su objetivo: ser más segura en su propuesta y menos ambigua en su intención. Y, por supuesto, también tiene éxito en su punto más alto: tener a una protagonista antipática que resulta entrañable.

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