Un hombre ha muerto en China después de contagiarse del conocido como virus del mono B. Con esta noticia hemos amanecido esta semana. Dados los acontecimientos del último año y medio, ha generado bastante revuelo en redes sociales: un virus poco conocido, transmisión desde un animal, China…

Todas las piezas de la historia nos suenan bastante. Sin embargo, lo ocurrido no tiene nada que ver con lo que pasó en su día con el SARS-CoV-2. Para empezar, porque no es una enfermedad nueva. Se conoce desde 1932 y, de hecho, este hombre chino ha sido la primera víctima del virus del mono B en su país, pero no en el mundo. Se conocen varios casos por todo el globo, sobre todo por América del Norte.

Ese es el primer punto que diferencia a ambas enfermedades, aunque hay unos cuantos más. Veamos cuáles son exactamente.

Para empezar, ¿qué sabemos del virus del mono B?

El virus del mono B es el nombre corto que se da a la enfermedad causada por la infección del Herpesvirus simiae B

Los principales hospedadores de este patógenos son los macacos, entre los que se encuentran, por ejemplo, los monos rhesus y los macacos cangrejeros. Por lo general, estos animales no suelen experimentar síntomas por la infección. Como mucho, pueden desarrollar alguna sintomatología leve. Sin embargo, si contagian a un humano, por contacto con fluidos o secreciones corporales a través de mucosas o pequeñas heridas, sí que dan lugar a una enfermedad bastante grave. Suele comenzar con fiebre, cefalea y náuseas, pero posteriormente la inflamación cerebral comienza a generar daños neurológicos que, en la mayoría de casos, terminan con la muerte del paciente. De hecho, su mortalidad se sitúa entre un 70% y un 80%.

Pero la parte positiva es que, por algún motivo, los seres humanos no deben ser muy susceptibles al contagio, ya que solo se han documentado unas pocas decenas desde que se descubrió en 1932.

Los científicos, las víctimas principales

A pesar de que parece ser que el principal reservorio de la enfermedad se encuentra en Asia, se han dado casos en todo el mundo.

Los científicos son el grupo más vulnerable, por el amplio uso del mono rhesus en investigación

Esto se debe a que el mono rhesus (Macaca mulatta) es un animal muy usado en investigación como modelo experimental. Así, por mordeduras o zarpazos, o simplemente por contacto con fluidos al diseccionarlos u operarlos, los científicos pueden terminar contagiándose. De hecho, la inmensa mayoría de contagiados en el mundo pertenecían a esta profesión. 

El primero fue el doctor William Brebner, en 1932. Se encontraba investigando el virus de la poliomielitis en monos rhesus cuando uno de ellos le mordió. Poco después, empezó a enfermar, primero con un eritema generalizado, que se manifestó como una inflamación rojiza por todo su cuerpo. Más tarde, la inflamación pasó a los vasos linfáticos y a la médula espinal, causando un empeoramiento que terminó costándole la vida. El análisis de tejidos neurológicos durante su autopsia reveló la presencia de un virus desconocido, que más tarde terminó bautizándose como virus del mono B.

Después, en los años 50, en pleno apogeo de la investigación de la vacuna de la polio, se sumaron casi 20 personas a la lista de contagiados. Esto hizo necesario cambiar los primates que se utilizaban en su investigación, de modo que la incidencia volvió a caer.

Desde entonces, han sido muy pocos los humanos infectados. El último ha sido un veterinario chino, que comenzó a manifestar los síntomas del virus del mono B después de diseccionar a dos monos infectados en un centro de investigación de Pekín.

Se han realizado pruebas a sus contactos directos y todos han dado negativo. Además, parece ser que no es muy contagiosa entre humanos. De hecho, a lo largo de la historia solo se conoce que ocurriera algo así en una ocasión.

¿Por qué no debemos comparar este caso con la pandemia de COVID-19?

Como hemos visto ya, esta no es una enfermedad nueva. Se sabe que no es muy contagiosa entre humanos y su origen está muy claro. Esto hace más fácil contenerla. Al fin y al cabo, no es normal que la población general ande jugando con macacos.

Lo único en lo que sí coinciden las dos enfermedades es que están relacionadas con una mala manipulación de animales salvajes

Es algo propio de un accidente en un laboratorio. El virus del mono B no es el primero con el que ha ocurrido algo así. Y por desgracia lo más probable es que tampoco sea el último. Buen ejemplo de estas malas manipulaciones experimentales es el de Janet Parker, una fotógrafa médica conocida por ser la última persona que murió de viruela en el mundo, tras contagiarse mientras trabajaba con el virus en el laboratorio.

Afortunadamente, aunque estos accidentes pueden darse, no son frecuentes. Pero sirven para recordar la importancia de extremar las precauciones cuando se trabaja con animales salvajes. Esto es aplicable a un entorno científico, pero también a la alimentación. Al fin y al cabo, si hay algo que sí relaciona al virus del mono B con los orígenes de la COVID-19 es que, fueran cuales fueran estos, debió darse una falta de higiene o una mala manipulación. Y, en este caso, sí que la seguimos pagando mucho tiempo después. 

En definitiva, de momento no debemos temer una nueva pandemia. Eso sí, del mismo modo que nos hemos visto inmersos en esta, pueden venir otras. Esta nos está sirviendo de ensayo y, si somos honestos, como sociedad estamos ensayando regular. Dado que todavía nos queda un tiempo conviviendo con el coronavirus, deberíamos ponernos más en serio a demostrar que nosotros podemos con esto. Las vacunas son un arma colosal, pero nosotros también debemos poner de nuestra parte. 

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