Vivimos en un mundo en el que las redes sociales forman parte de nuestras relaciones con el mundo. No es una novedad. Desde el clásico Tuenti para la generación del 90, pasando por Facebook y llegando a Twitter. Con escala en Instagram, el olvidado Snapchat y un TikTok que marca tendencia. Lo mismo para encontrar pareja: Tinder, Bumble, Happn y todas sus variables. ¿Un síntoma común de todas ellas? Ampliar las barreras físicas y hacer de las relaciones algo asociado a la globalización, despersonalizado en muchos casos. Entre todas ellas, una opción que busca el nicho en todo lo opuesto: la hiperlocalización. Nextdoor, la startup creada en 2011 para conectar con tu mundo más cercano, lucha en contra de la propuesta de todas las anteriores.

Ahora bien, en un ecosistema con acceso al mundo al alcance de la mano, ¿funciona una marca que quiere conectar con lo más próximo? Por los resultados de Nextdoor todo apunta a que la hiperlocalización está de moda. Más aún con la llegada del coronavirus, una pandemia que ha limitado nuestros movimientos al entorno más cercano. Desde la llegada de la COVID-19, los resultados de la red social se han disparado para buscar opciones de acción social cerca del hogar.

De hecho, la idea convence tanto que Nextdoor está a punto de salir a bolsa con una valoración de 3.632 millones de euros. Todo a través de las fórmulas de moda en el sector de las tecnológicas: una SPAC. Una sociedad de propósito único, o de cheque en blanco llamada popularmente, a través de la fusión con Khosla Ventures. Un mecanismo no exento de riesgo que apunta, sin embargo, al convencimiento de Nextdoor de que lo hiperlocal vive su mejor momento.

Nextdoor con un modo de vida muy de Estados Unidos

Dicen en la información de Nextdoor que cuentan con 275.000 barrios en todo el mundo y 27 millones de usuarios registrados. Algunos de ellos, por supuesto, en España. El resto en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, Francia, Alemania, Italia, Austria, Dinamarca, Suecia y Canada.

¿Su objetivo? Hacer de que los vecinos conozcan y se acerquen al barrio y sus opciones. Para esto, como es de esperar, los vecinos del mismo barrio han de estar registrados. Con esta máxima, se cumpliría uno de los sueños de las redes sociales en conjunción con la participación ciudadana. Lo que comúnmente se conoce como la última frontera de internet: unión de lo físico y virtual para generar espacios híbridos y cercanos. Ahora bien, ¿lo están consiguiendo?

Al menos en España, y más concretamente en Madrid tras un tiempo de uso, la realidad es que la experiencia de Nextdoor apunta a ser un batiburrillo de opciones. Pero nada relacionado a la clásica escena de vecinos en armonía. Hibridando el concepto de Wallapop, Vinted, Meetup, Tinder o una versión casera de JobandTalent, lo cierto es que el modelo de vecino made in USA no termina de encontrar su lugar. Al final, Netxdoor ofrece lo que muchas otras aplicaciones sin las ventajas de las mismas. Wallapop, sin ir más lejos, comenzó con un modelo hiperlocal que vio la necesidad de ampliar como forma de superviviencia.

La red social hiperlocal se vende precisamente como una suerte de lugar en el que vender y encontrar oportunidades, pero que no terminan de encontrar su lugar. Al menos en una gran ciudad donde los barrios no son islas autónomas. También donde la gran cantidad de gente supone un problema, más que una oportunidad.

Las fronteras del barrio en su concepto más puro terminan difuminándose por el total de la ciudad en medio de una mercadillo de productos

¿Terminas conociendo a algún vecino? En este caso particular, la realidad es que no. De hecho, las fronteras del barrio en su concepto más puro terminan difuminándose por el total de la ciudad en medio de una mercadillo de productos, propuestas de empleo o citas con hombres de mediana edad. Muchas de ellas, seamos sinceros, con poco de inocente. Y con la realidad del momento, lo cierto es que dar más datos al mundo sobre una u otra ubicación no parece del todo sensato. Más allá cuando, desde hace tiempo, Nextdoor ha sido criticada por alojar contenido tóxico o con desinformación y carecer, en muchos casos, de una moderación adecuada. Un problema, que, en su defensa hay que decir que es el mal común de todas las plazas públicas de internet.

De hecho, se ha definido a la red social como una suerte de Facebook de barrio donde la moderación brilla por su ausencia. También donde el comercio tiene poco que decir ante las críticas o el empleo se busca al precio más bajo. Con vecinos buenos, malos y mejorables, la red social hiperlocal hereda lo peor de las plataformas globalizadas y lo lleva a la puerta de tu casa.

Aún así, Nextdoor es una de las ideas más interesantes de aquí a un tiempo que aún busca su modelo de negocio y formato. Y lo que es más importante, adiestrar al vecino de cómo debe ser la red social que conecte con el barrio sin pecar de mercadillo.

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