Cuando se habla de financiación a startups es común tener varios conceptos en mente: rondas de financiación, inversores privados, venture capital o capital riesgo... Ahora también operaciones como la del crowdfunding que están repuntando en España y Europa como un sistema viable para lograr los fondos deseados. Los últimos en coronarse, la fintech Curve o el rival de Google Maps, Citymapper. En cualquier caso, ahora se suma a la lista otra alternativa: el mecenazgo tecnológico para continuar con los récords del sector en 2021.

El concepto con el apellido tecnológico no dista mucho de su hermano histórico. Es un tipo de patrocinio por parte de alguien con posibles que se otorga a artistas, literatos o científicos. En este caso está centrado en el ecosistema I+D+i y con un objetivo detrás: buscar un proceso de ganancia para ambas partes, representadas por empresas, en el que unos ganan fondos para investigación y desarrollo y otros deducciones fiscales. La evolución del sistema de mecenas liderado por Cayo Mecenas a finales del siglo I a.C.

En cualquier caso, el mecenazgo tecnológico viene de la mano de Kaudal. Una empresa que, tras su propia experiencia, se dio cuenta de que podía ayudar al ecosistema innovador en España con una nueva vía de financiación poco o nada explorada hasta la fecha.

Mecenazgo tecnológico o deducciones fiscales

Kaudal nacía como consecuencia de otra empresa mucho más grande afincada en el sector aeroespacial, también con operaciones en biotecnología o innovación agrotech. En el seno de la multinacional Arquimea se vio la necesidad de encontrar soluciones y vías de financiación de proyectos I+D.

Ya no había que recurrir solo a los instrumentos tradicionales, las ayudas del Estado tenían que contemplarse también en los planes de la compañía.

"Kaudal, antes de nacer como tal, ejecuta la primera operación de mecenazgo con Arquimea y motivados por el propio Ministerio que son los que le pide de alguna manera si puede usar e implementar este instrumento y ver cómo funciona",

Carolina Pola, Innovation Strateginst en Kaudal

Era el año 2014, y aunque los peores estragos de la crisis financiera ya empezaban a diluirse, lo cierto es que la financiación de la investigación en España nunca ha pasado por un buen momento. Menos si esta viene de la mano pública. Aún hoy, una de las mayores quejas del sector de la investigación es que la mayor parte de los presupuestos a I+D+i se quedan en un cajón sin posibilidad de ejecución al no tratarse de ayudas directas.

Un proyecto exportable y rentable

La primera operación fue en 2014, pero Kaudal no se oficializa hasta 2016. Ahora ya pueden hablar de éxito en sus operaciones: "En los 3 últimos años hemos tenido nuestra mayor productividad y en ese periodo se han financiado 155 proyectos y el volumen ha sido de 200 millones. Solo en 2020 son 75 proyectos y 95 millones de euros. Esperamos que 2021 sea mucho mejor", explican.

Centrados en el agrotech, ingeniería y aeroespacial, la realidad es que es el sector y el ecosistema el que dicta a dónde va la financiación de los proyectos. De hecho, la llegada de la pandemia por el coronavirus ha puesto sobre la mesa el sector de la salud como uno de los más atractivos en 2020. En 2021, que ha abierto los proyectos de innovación tecnológica, se espera una cierta variación en sus cifras.

Pero, ¿qué es el mecenazgo tecnológico?

Foto por Headway en Unsplash

Ellos lo definen como una herramienta nueva y novedosa. O dicho de otro modo, un sistema de financiación colaborativa basado en deducciones fiscales que aplica a los proyectos de I+D+i (aquellos que aún están en fase de investigación) y los de innovación tecnológica (con una aplicación real).

No es un préstamo, no es una subvención, ni dinero que entra en el capital de la empresa

La propuesta es aprovechar las deducciones del Gobierno en más proyectos de los que podrían entrar en las condiciones de estas ayudas. De un 25% en I+D+i y del 12% en innovación tecnológica, muchas empresas no pueden aplicarse estas deducciones porque tienen beneficios a final de año. "Y lo cierto es que muchas empresas suelen estar en pérdidas porque lo que ejecutan son gasto para hacer I+D", explica Pola. De llegar a aplicar estas deducciones, en su caso, sería dentro de 5 o 7 años cuando empiecen a vender, "pero quizá ya hayan desaparecido".

En el caso de Kaudal, proponen una inversión privada en la que se realiza una trasferencia de deducciones fiscales por investigación a una empresa privada que no opera en I+D porque no quiere o no puede, pero que actúa como mecenas tecnológico. "Estos se benefician de una rentabilidad basada en deducciones fiscales y las bases imponibles negativas que generan el proyecto que eligen para invertir", aclaran. Los proyectos que se iban a realizar sí o sí se ven beneficiados al transferir sus deducciones y recibir el 25% del gasto de la investigación en capital directo. Y en esto son claros: "No es un préstamo, no es una subvención, ni dinero que entra en el capital de la empresa; es dinero que entra en las cuentas de la empresa para que esta lo use como quiera a futuro".

¿Quiénes son los mecenas del 2021?

Foto por Micheile Henderson en Unsplash

Son anónimos para el público general, pero podría ser cualquier empresa en España que tiene un CIF, paga impuestos y tiene beneficios a fin de año. Aunque predominan las compañías del sector de los seguros y grupos minoritarios con poco o ningún interés en el I+D en su sector, pero sí en otros.

Y una de las preguntas clave es esta: ¿por qué invertir en el I+D de un tercero y no en el suyo propio? La clave está en los impuestos y en lo que ganan invirtiendo en terceros. Y muy probablemente su incapacidad para adentrarse en un programa de innovación en su estructura.

"Muchos de ellos no hacen I+D, y el que lo hiciera no se podría deducir todo lo que haría con el mecenazgo tecnológico. Está la deducción fiscal y además se benefician de las bases imponibles generadas por sus pérdidas heredadas", explica Pola.

No apto para todos

Ahora Kaudal ha lanzado una convocatoria abierta, a través de su programa Orbita.k, para dar a conocer el sistema de financiación.

Sin embargo, ya lo avisan, no es algo que sea apto para todos. El primer problema: no es para startups o empresas de reciente creación; aunque bien podrían tenerlo en cuenta a futuro. El programa de deducciones fiscales tiene unos mínimos de gasto de 250.000 euros para I+D+i y de 400.000 euros para la innovación tecnológica. Es decir, ya tienen que ser compañías con una cierta historia y trabajo detrás que sean capaces de mantener estas cifras en sus cuentas.

También empresas que no estén en beneficios en sus cuentas y que no reciban financiación por ese mismo proyecto en específico. En cualquier caso, esto es un sistema complementario que, aunque poco conocido, puede ayudarse de otras subvenciones, créditos públicos o privados y financiación pública y privada.