Desde el boom de Clubhouse, todos los servicios y redes sociales populares quieren tener sus propias salas de audio. Aunque Twitter ya pemitía acceder a Spaces a un número limitado de usuarios, su alternativa ahora ya está disponible para todos. Bueno, para casi todos.

Twitter Spaces ya es totalmente oficial, pero la red social ha incluido algunos requisitos para poder utilizarlo. El primero, y quizás el más complicado para el gran grueso de los usuarios del servicio, es el número de suscriptores.

La compañía ha anunciado que, de momento, Twitter Spaces queda limitado para aquellas cuentas con 600 seguidores o más. Se trata de un límite impuesto para que en esta fase de lanzamiento, las cuentas que superen este baremo sean las únicas que puedan crear salas.

Mínimo 600 seguidores para poder crear salas en Twitter Spaces

Según TechCrunch, no se trata de un límite arbitrario. La cifra de 600 seguidores, el mínimo para obtener acceso a Twitter Spaces tiene que ver con los datos extraídos de su prueba anterior.

Tal como apunta Twitter, las cuentas con 600 o más seguidores tienden a tener una "buena experiencia" al albergar conversaciones en vivo porque tienen una audiencia más grande con la que conectar.

Además Twitter Spaces pronto admitirá múltiples anfitriones para las salas de audio, y los creadores podrán incluso cobrar por el acceso a sus eventos en vivo a través Twitter Spaces. También permitirá a los usuarios programar y configurar recordatorios sobre eventos que no se quieren perder.

De momento habrá que esperar para comprobar si los límites impuestos por Twitter para usar Spaces son una garantía de buen uso o funcionamiento, o bien una barrera artificial que limitará las herramientas disponibles entre su base de usuarios.

Y es que aunque esta función no vaya dirigida al público en general, los límites a base del número de seguidores pueden hacer que muchas cuentas intenten inflar artificialmente sus seguidores solo para tener acceso a Twitter Spaces. Aquí es donde, precisamente, el términos de buena experiencia comienza a difuminarse, cuando la cantidad empieza a pesar más que la calidad y solo importa el contador.