En el momento de la redacción de este artículo, se habían reportado en el mundo 3.432.022 muertes por COVID. Sin embargo, hay quien considera que hablar de fallecimientos provocados por el coronavirus no es del todo exacto. Todas esas personas habían recibido un diagnóstico positivo del SARS-CoV-2, pero algunas tenían otras patologías que habrían tenido el mismo desenlace igualmente. En el otro extremo, están quienes murieron por COVID-19 sin haber llegado nunca a recibir ese diagnóstico. Esto era especialmente frecuente al principio de la pandemia, pero aún sigue ocurriendo con frecuencia en algunos países con pocos medios económicos.

Para este tipo de cuestiones, todos los países tienen sus propios sistemas de recuento del exceso de mortalidad, que ahora les ayuda a entender cómo les ha azotado realmente la pandemia. Su objetivo es calcular cuántas muertes se han dado en exceso en comparación con la misma época en el año anterior o, en este caso, antes de la llegada del coronavirus a nuestras vidas. En España, este sistema, controlado por el Instituto de Salud Carlos III, se llama MoMo.

Otros países también disponen del suyo y han estado muy pendientes a las cifras desde que comenzó la pandemia. Así, se pueden hacer una idea mucho más realista de las muertes por COVID. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Oxford ha publicado en The BMJ un estudio en el que se hace un análisis de los datos de 29 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Su objetivo era comprobar cómo había afectado la COVID-19 a los fallecimientos en estas naciones. Pero lo que no esperaban era comprobar que en una de ellas no solo no habían aumentado las muertes, sino que se había percibido una disminución en las mismas. 

Las verdaderas muertes por COVID

Para la realización de este estudio se tomaron cifras de la Base de Datos de Mortalidad Humana de la OCDE. En ellas, se encuentran los excesos de mortalidad de Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Nueva Zelanda y 25 países europeos.

El país con un mayor exceso de muertes fue Estados Unidos, pero el mayor exceso por cada 100.000 habitantes lo tuvo Lituania

Se observó un gran exceso. En total, todas los países sumaban 979.000 muertes adicionales, solo en 2020. La mayoría de ellas procedían de Estados Unidos, que tuvo 458.000, seguido por Reino Unido, con 94.400, Italia, con 89.100 y España, con 84.100.

No obstante, se debe tener en cuenta que Estados Unidos es mucho más grande y tiene muchos más habitantes que cualquier de los países que lo siguen en la lista. Por eso, se calculó también el exceso de mortalidad por cada 100.000 habitantes, que resultó ser de 285 en Lituania. Este país estaba a la cabeza, seguido por las 191 de Polonia y las 179 de España.

En definitiva, aunque la pandemia afectó a estos países de formas muy diferentes, todos experimentaron un claro exceso de mortalidad, correspondiente a muertes por COVID. Y esto no solo hace referencia a personas con el virus. También, por ejemplo, a quienes no se pudieron operar a tiempo por la saturación de los hospitales. Son, en realidad, los fallecimientos provocados por la pandemia, en todas sus formas. 

Pero si revisamos a fondo todos los países, es inevitable que nos llame la atención Nueva Zelanda. Este ha sido uno de los países que mejor ha gestionado la pandemia. Por no decir el mejor. Las medidas rápidas y eficaces atajaban cualquier pequeño brote antes de que llegara a expandirse. Como consecuencia, a día de hoy hacen una vida prácticamente normal. Y es que en realidad apenas han sufrido los estragos pandémicos, ya que en 2020 hubo 2.500 muertes menos de las que calcularon los modelos en base a los años prepandemia.

¿Cuál es el motivo?

Los motivos de este descenso en Nueva Zelanda no están claros, aunque hay algunas teorías. La más clara es que, al usarse unas medidas de higiene y prevención tan estrictas, se evitaron también otras enfermedades respiratorias, como la gripe y las neumonías. 

No solo se puede hablar de que apenas hubo muertes por COVID. También se fulminaron todas esas. 

Es un claro ejemplo de la importancia de una buena gestión. Ojalá no veamos pronto otra pandemia. Pero, si eso ocurre, cada vez son más los motivos para tomar a Nueva Zelanda como ejemplo a seguir. 

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