Estos días se está hablando mucho de la basura espacial. Y es que el cohete espacial chino que envió el primer módulo de su estación espacial se ha descontrolado e impactará contra la Tierra entre el 8 y 9 de mayo. No obstante, no debemos tener miedo al reingreso de este trozo del cohete Long March 5B; ya que es probable que caiga en el agua. En el caso contrario de que termine cayendo sobre la superficie terrestre, se sabrá con tiempo suficiente para evacuar la ciudad. Es más, por lo general, en la Tierra estamos a salvo, en parte, gracias a la atmósfera que hace que muchos de estos objetos se desintegren al cruzarla; pero ¿qué pasa, por ejemplo, con la Estación Espacial Internacional (EEI, por sus siglas)?

El cohete espacial chino es uno de los cientos de ejemplos que tenemos en la órbita de qué es la basura espacial: "Todos los objetos artificiales no funcionales", explican desde la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). "Incluidos los fragmentos y elementos de los mismos, que se encuentran en la órbita de la Tierra o que vuelven a entrar en la atmósfera terrestre". La ESA calcula que a partir de 2021, los satélites tendrán que hacer mínimo 2 maniobras al año para evitar la basura espacial. Esto im

Ahora que ya sabemos qué es la basura espacial y que en la Tierra corremos menos peligro; ¿qué pasa con la EEI? ¿Cómo se protegen allí de las colisiones con estos desechos espaciales?

La basura espacial, un problema

Desde que se inició la carrera espacial allá por 1957, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite (Sputnik I), se han enviado al espacio "más de 6.000 lanzamientos", indica la ESA. En la actualidad, indica la agencia, "la mayor parte de los desechos espaciales que pueden causar una colisión catastrófica (es decir, de más de 10 cm) son el resultado de los más de 500 eventos de fragmentación en órbita que han ocurrido en el curso de la historia de los vuelos espaciales".

Además, sabemos que aunque sean trozos de basura espacial muy pequeños, pueden hacer mucho daño a los satélites que están en funcionamiento. O a la propia EEI. "Una colisión con un objeto de 10 cm causaría la fragmentación catastrófica de un satélite típico; un objeto de 1 cm probablemente inutilizaría una nave espacial y penetraría los escudos de la Estación Espacial Internacional; y un objeto de 1 mm podría destruir los subsistemas de un satélite".

Los 'escudos' de la EEI

"Estos escudos están compuestos por dos láminas metálicas, separadas por unos 10 cm"

Agencia Espacial Europea

Por esto, la EEI cuenta con escudos para evitar la basura espacial. Están "desplegados alrededor de los módulos de la tripulación", indica la agencia europea. "Estos escudos están compuestos por dos láminas metálicas, separadas por unos 10 cm. El escudo parachoques exterior aprovecha la energía del impacto para hacer añicos el objeto de desecho, de modo que la pared trasera interior puede soportar la pulverización resultante de fragmentos de menor tamaño".

Pero eso no es todo. No sería suficiente. Por eso, entre ambas paredes se extiende un tejido "con la misma funcionalidad que en los chalecos antibalas". De esta manera, el escudo soporta desechos de hasta 1 cm. "El mismo diseño de doble pared es utilizado por las fuerzas militares para proteger vehículos blindados pesados, como los tanques, y en este uso se denomina blindaje espaciado", añaden.

ClearSpace-1 de la ESA se enviará al espacio en 2025 para reingresar la misión Vespa

¿Y qué pasa con trozos de basura espacial más grande? A pesar de que la Estación Espacial Internacional no suele hacer maniobras para cambiar su rombo, a veces es necesario. En uno de estos supuestos se encuentran las maniobras de evitación de colisión. "A finales de 2020, la estación había realizado más de 26 de estas maniobras", indica la ESA.

En definitiva, la basura espacial puede ser un problema. La mayoría de ella, los trozos más pequeños, terminarán reingresando a la atmósfera terrestre y prendiéndose hasta desaparecer. Pero otros más grandes, pueden suponer un problema. Pero, por ejemplo, la ESA ya está trabajando en la manera de deshacerse de la basura espacial. Está previsto que para 2025 se envíe al espacio la misión ClearSpace-1, que reingresará a la atmósfera en un abrazo mortal con la misión Vespa.

No hay que tener miedo a la basura espacial. Pero sí hay que buscar más soluciones para todo el material que se está acumulando en el cielo. Sobre todo porque cada vez serán más los satélites que se queden orbitando la Tierra.