SpaceX sabía que iba a cambiar la industria espacial. Mejor dicho, Elon Musk lo tenía claro. Si el negocio de los coches eléctricos de la mano de Tesla tenía el objetivo de revolucionar la automoción, la empresa de los cohetes reutilizables quería ir mucho más lejos: la democratización del espacio. Sin embargo, este acontecimiento ha puesto de relieve algo muy importante: el sector necesita un soplo de aire fresco en todos los sentidos. Y el ecosistema de las startups ha comenzado a buscar su hueco. Hadrian, una pequeña-gran tecnológica de San Francisco está trabajando en ello.

Fundada en 2020 por Chris Power, el objetivo de la pequeña compañía es hacerse un hueco en el prometedor negocio de la fabricación de cohetes. Concretamente de las piezas que los componen. Desde el punto de vista de Hadrian, la industria manufacturera aeroespacial sigue alimentándose de los años dorados de la conquista de la Luna en los años 60. Con una concepción de startup más que de industria al uso, la tecnológica quiere acabar con las piezas caras, poco fiables y de fabricación opaca que se manejan en la actualidad. Y quiere hacerlo, por supuesto, al más puro estilo de Silicon Valley con la idea de acabar con el ruinoso negocio de las subcontratas.

«Actualmente, se está recurriendo a una red de maquinistas casi jubilados para producir piezas metálicas dignas del espacio», explicaba el fundador en declaraciones a Techcruch. Y aunque quizá se pueda tildar de desafortunada la forma en que se expresa el fundador, lo cierto es que Estados Unidos, y el mundo en general, se está dando cuenta de que la importancia del sector –abandonado y desmantelado desde hace años– les está pasando factura. «Un sector en ruinas«, afirma Power, que se ha centrado en otros colectivos y ahora hace lo que puede para cubrir las necesidades del negocio espacial.

SpaceX y los nuevos protagonistas de la industria espacial

El problema es que, en este momento, el ritmo de la industria espacial tiene unos tintes muy diferentes a los que solía manejar. Está en manos muy diversas y maneja cifras nunca antes vistas. Las previsiones apuntan a un gasto de 84.600 millones hasta 2025; magnitudes que representan el creciente interés por la conquista espacial. En el caso de Hadrian, dos rondas de financiación de 9,5 millones de dólares en capital semilla mascan la pauta a futuro.

En el poder de la NASA, y un poco más lejos la ESA, JAXA o la Agencia Espacial Rusa, el negocio fuera de la estratosfera estaba fuera del alcance de compañías más mundanas. Hasta ahora. SpaceX llegó con una propuesta nunca antes vista en la industria espacial: la posibilidad de concebir el negocio como algo sostenible. La propuesta de los cohetes reutilizables rompió los esquemas del momento. Esta idea le valió a la empresa de Elon Musk el primer contrato de la NASA con una empresa privada para mandar un grupo de astronautas a la Estación Espacial Internacional. En mayo de 2020 se marcaba un antes y un después en la carrera espacial. Esta misma semana, SpaceX revalida su apuesta con una nueva ronda de astronautas para una nueva misión.

Según Hadrian, ahora mismo son capaces de crear el 65% de los componentes espaciales de los cohetes de SpaceX

Tras la propuesta de Elon Musk con SpaceX, también llegó Blue Origin del fundador de Amazon, Jeff Bezos. O el caso de Lockheed Martin, también en la industria. Concretamente, Hadrian ha encontrado su hueco como proveedor principal de Musk o Google. Según sus cifras, ahora mismo son capaces de crear el 65% de los componentes espaciales de estas compañías. Con la apertura de nuevas fábricas y la contratación de ingenieros de nuevo cuño, aseguran que serán capaces de controlar el 95% de la producción actual. Y eso solo teniendo en cuenta la industria espacial, ya que su objetivo también está puesto en defensa.

Lo que está claro con la propuesta de Hadrian es que la industria espacial, que ha puesto rumbo a la comercialización del espacio como nuevo producto, ha abierto las puertas a todo un nuevo sector económico que dará mucho de qué hablar en los próximos años. Ya no es cosa de los Gobiernos del mundo. Ahora está en manos de un modelo de empresa privada más competitiva que nunca.

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