Tras años de retrasos y un lustro después de la firma del Acuerdo de París, España está cerca de aprobar su esperada Ley de Cambio Climático.

El texto fue aprobado la semana pasada en el Congreso y deberá pasar ahora por el Senado, donde recibirá alguna enmienda pero se espera que no se atasque su puesta en marcha.

La Ley -aunque como decimos con retraso- llega con el objetivo de marcar las líneas claras a la hora de atajar la crisis climática, igualando a España con otros países que ya habían marcado sus objetivos.

¿Qué grandes objetivos tiene la Ley de Cambio Climático?

La ley marca dos grandes años en rojo que actúan como una especie de deadline: 2030 y 2050.

Para 2030, se quiere:

  • Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en, al menos, un 23% respecto 1990.
  • Alcanzar una penetración de energías de origen renovable en el consumo de energía final de, al menos, un 42% (frente al cerca del 20% actual).
  • Alcanzar un sistema eléctrico con, al menos, un 74% de generación a partir de energías de origen renovable (frente al 41% de 2020).

El camino hasta 2030 será revisable de forma periódica, con la primera gran cita en 2023, momento en el que se pretende si todo va bien que se aumenten los objetivos.

Para 2050, las metas suben:

  • Ese es el año que se marca España para conseguir la ‘neutralidad de emisiones’. Es decir, que se sea capaz de absorber o compensar todo el CO2 que se genere. Actualmente, España solo es capaz de neutralizar el 10% de sus emisiones.
  • También para este año se quiere que la generación del sistema eléctrico sea 100% renovable
  • Y lo que puede impactar más en nuestro día a día, que en 2050 todos los coches que circulen por las carreteras de España sean eléctricos o de alguna otra tecnología que no genere emisiones.

Adiós a la combustión: todo a la movilidad eléctrica

La movilidad es uno de los sectores que junto con la generación de energía más importante en el nuevo articulado de la Ley.

La normativa, de aprobarse definitivamente, concluirá los cantos de sirena que se vienen hablando desde hace años, en los que se debatía sobre la prohibición del diésel.

Lo cierto es que si la Ley sale adelante como está, para 2040 todo coche que genere emisiones de dióxido de carbono no podrá venderse. Y para 2050, los que queden en circulación deberán dejar de conducirse.

La medida afectará a los coches de gasolina, diésel, pero también a los híbridos enchufables o no, una de las grandes dudas que quedaban encima de la mesa.

Portazo también a los híbridos. Hola a zonas bajas emisiones en las ciudades

Hace unos meses, cuando ya se rumoreaba esta medida -que con fechas similares se ha aprobado en Francia o Reino Unido-, Arturo Pérez de Lucía, director gerente de AEDIVE, comentaba a Hipertextual el problema que suponen los híbridos enchufables, del modo que generan una visión de ‘sostenibilidad’ sin serlo del todo.

Un híbrido no enchufable no es un vehículo eléctrico ni se conceptualiza como un vehículo con cero emisiones, dado que necesariamente, para que su propulsión se produzca, aunque sea en modo eléctrico, precisa alimentarse de combustible. La clave para que un híbrido sea menos contaminante está en la forma de conducirlo por parte del usuario. El híbrido enchufable sí lo es a partir de 40 kilómetros de autonomía en eléctrico, si bien estos vehículos hay que conducirlos con la responsabilidad necesaria por parte del usuario para que sean realmente eficientes desde un punto de vista medioambiental, cargándolos diariamente y usando en modo eléctrico en los recorridos urbanos, y dejando el motor de combustión para trayectos de medio y largo recorrido” explicaba Pérez de Lucía.

Para fomentar esta transición, la Ley también obligará desde 2023 a que todo edificio con más de 20 plazas de parking no residencial instale cargadores eléctricos, y en los municipios de más de 50.000 habitantes obligará a la creación de zonas de bajas emisiones, similar a Madrid Central. Esta iniciativa aplicará también a los de menos de 20.000 habitantes si tienen problemas de calidad del aire.

Renovables a tope, pero con medida en la Ley de Cambio Climático

La generación de la energía es el otro gran caballo de batalla, que pretende pasar la generación de renovables del 40% actual al 100% para 2050.

Para ello, se propone el fomento y la instalación de parques eólicos y fotovoltaicos, se prohíbe definitivamente el fracking y otras prospecciones de combustibles fósiles. También -aunque es uno de los puntos que pueden recibir enmiendas- se cesarán las prórrogas a centrales nucleares a partir de la entrada de la Ley.

Pero eso no evita que no se haya hablado del gran asterisco de las renovables, y es cómo también tiene un impacto en el medio ambiente. Aunque de forma vaga, la ley recoge que estas instalaciones sean “compatibles con la conservación del patrimonio natural”. Para evitar los peores impactos de la instalación de grandes parque eólicos y solares, el Gobierno elaborará una zonificación de áreas sensibles en las que no se podrán llevar a cabo proyectos de este tipo.

También se promueve la creación de una Ley de Propiedad Horizontal para facilitar el autoconsumo en las comunidades de vecinos y se impulsarán las centrales hidroeléctricas reversibles como complemento a las actuales, aquellas que funcionan con un sistema de bombeo de agua que permite generar la electricidad en el momento que se necesita, y no de forma poco modulable como actualmente.

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