La variante británica, mal llamada cepa británica del coronavirus, lleva meses siendo una de las nuevas preocupaciones de la pandemia. A finales de 2020 llegó a sembrar el pánico en el sureste de Reino Unido, dejando a su paso un reguero de infecciones, hospitalizaciones y muertes muy superior al de las olas anteriores de COVID-19. Por este motivo, se llegó a asegurar que podría ser una variante más infecciosa y mortal que la que había predominado en el último año.

Esto generó un gran temor, como es lógico, a pesar de que los expertos aseguraban que no había estudios sólidos que apoyaran esta premisa. Ahora, sin embargo, sí que hay trabajos publicados en los que se analiza esta cuestión. Y la conclusión de ambos es muy diferente. Es cierto que señalan que esta variante o cepa británica del coronavirus puede ser más transmisible, pero no más mortal. 

Ambos se han publicado en revistas pertenecientes a Lancet, el primero en The Lancet Infectious Diseases y el segundo en The Lancet Public Health.

Antes de empezar: ¿variante o cepa británica del coronavirus?

Los virus mutan. Esto es algo que se nos ha recordado desde los principios de la pandemia. Era de esperar que el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, también lo hiciera. Eso sí, contamos con la suerte de que no lo hace tanto como otros virus de ARN.

Pero, aun sin tener una tasa de mutación tan elevada como las de otros, ha llegado a diferenciarse lo suficiente para dar lugar a la cepa británica de coronavirus. ¿O es una variante? Esta es una pregunta que nos hemos hecho mucho últimamente. ¿Cuál es el término correcto?

Según la definición, solo habría dos cepas de este coronavirus, el SARS-CoV y el SARS-CoV-2

Lo cierto es que, en principio, cuando hablamos de la británica, la sudafricana o cualquiera de las mutaciones que se han generado últimamente nos referimos a variantes del coronavirus. Esto es así porque las cepas, en realidad, son el resultado de muchas más mutaciones, que generan ramas más alejadas en el árbol filogenético en el que se clasifican tanto los virus como cualquier ser vivo. En este caso, hay dos cepas de coronavirus, el SARS-CoV, causante de la epidemia que ocurrió en China de 2002 a 2004, y el SARS-CoV-2, responsable de la COVID-19.

Sí que se ha llegado a plantear que este término pueda ser ambiguo y que, al contar con tantas mutaciones, podríamos hablar de cepa británica del coronavirus. Ese sería el debate; pero, obedeciendo a la definición más común, nos referiremos a variantes

No se trata de una variante más mortal

Es cierto que la variante británica del coronavirus, llamada B.1.1.7, dejó a su paso un claro aumento en el número de infecciones y muertes en Inglaterra. Además, estas consecuencias se observaron poco después en otros países. 

De hecho, la tercera ola de COVID-19 en España se ha nutrido muy notablemente a partir de los infectados con esta variante. Comenzaron entonces las teorías sobre su mayor mortalidad. El primero en hablar sobre ello fue el primer ministro inglés, Boris Johnson, quien aseguró que había evidencias científicas de que la mortalidad era un 30% mayor que en otras variantes del coronavirus. Aunque no citó esos estudios.

Boris Johnson fue uno de los primeros en hablar de una mayor mortalidad

Más tarde, el pasado mes de marzo, la Escuela de Medicina e Higiene Tropical de Londres publicó una preimpresión en la que se hablaba de un aumento del 67% en la tasa de mortalidad. No obstante, eran datos preliminares, sin revisión por pares, que debían tomarse con mucha cautela. 

Ahora, sin embargo, se han publicado dos nuevas investigaciones que apuntan a que aquellos resultados podrían estar equivocados. No importa si la nombramos como variante o cepa británica del coronavirus. El caso es que no parece estar causando más muertes. Al menos no directamente. 

¿Qué dicen los estudios?

El primer estudio sobre la variante británica del coronavirus lo han realizado científicos del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas de Singapur. En él, se analizan los casos de 341 pacientes que dieron positivo en COVID-19 a finales del año pasado.

Al secuenciar el genoma de los virus causantes de sus infecciones, comprobaron que el 58% de ellos tenía la variante B.1.1.7. Esto, de ser cierto lo que se había comentado anteriormente, habría conllevado a una mayor gravedad y mortalidad en estos enfermos. Sin embargo, el porcentaje de casos graves y fallecidos fue de un 36%, frente al 38% en aquellos que no tenían esta variante.

El aumento de la mortalidad en algunos lugares podría ser por una mayor presión asistencial

Lo que sí comprobaron fue una mayor carga viral en las muestras recogidas por hisopado de los pacientes infectados. Esto explicaría por qué la conocida como cepa británica del coronavirus parece ser mucho más contagiosa.

El segundo estudio analizó una población mucho mayor, de 36.920 usuarios de una aplicación británica, similar a la RadarCOVID que recoge los contagios por COVID-19 en España. De nuevo, se comprobó que las personas afectadas por la variante B.1.1.7 eran más contagiosas, pero no tenían una mayor probabilidad de morir.

Lo que sí podría estar ocurriendo es que, al haber más infectados, se colapsen antes los hospitales, de modo que no se pueda brindar a los pacientes una ayuda sanitaria adecuada. Esto sí podría afectar al número de fallecimientos, pero no indica que el virus sea más mortal, sino que la presión asistencial ha llegado a un máximo insoportable. Por eso es tan importante invertir en sanidad. Ojalá no hubiese hecho falta una gran pandemia global para que pudiéramos tomar conciencia.