Cada vez son más las personas que se unen a la moda de los difusores de aceites esenciales para disfrutar de las supuestas propiedades de estos productos. Otras, en cambio, prefieren inhalarlos directamente, añadirlos a su alimentación o colocarlos sobre su piel. Esto no suele aportar los beneficios que prometen, pero a veces tampoco es perjudicial. Sin embargo, en algunos casos sí que pueden llegar a generarse problemas.

Por ejemplo, se considera que algunos aceites esenciales, como el de eucalipto o el de alcanfor, pueden provocar convulsiones, especialmente en personas epilépticas. Es algo que se ha estudiado en niños, pero hasta ahora no se había comprobado si era extrapolable a adultos.

Sin embargo, un estudio recién publicado en Epilepsy Research por científicos de la India apunta a que sí parece ocurrir también en otros grupos de edad. Las causas aún no están claras, pero sin duda es un toque de atención para quienes usan aceites esenciales con total tranquilidad, pensando que algo natural nunca podría hacernos daños. 

Cuidado con los aceites esenciales

A pesar de que la ciencia ha alcanzado logros que hace tan solo un siglo eran impensables, la quimiofobia sigue muy arraigada en nuestra sociedad. Tenemos los alimentos más seguros de la historia, vacunas capaces de prevenir enfermedades que en el pasado generaron terribles epidemias, antibióticos que fulminan en unos días las bacterias que en su día llegaron a ser mortales… Tenemos de todo, pero los productos naturales siguen imponiéndose. Muchas personas tienden a pensar que algo natural es más seguro. Pero olvidan que la cicuta se obtiene de una planta y que un plátano tiene tanta química como muchos de esos productos que tanto temen. Este temor les lleva a recurrir a fármacos solo cuando es extremadamente necesario, de modo que mientras tanto cuidan de su salud con alternativas como los aceites esenciales. 

No suelen controlar la dosis, pues son naturales y parecen inofensivos. Y es aquí donde empiezan los problemas. En el caso del aceite de eucalipto, suele usarse sobre la piel como cicatrizante o antiacneico, y también en masajes para relajar los músculos. Sin embargo, como más se utiliza es inhalando sus vapores para descongestionar las vías respiratorias.

No todo lo considerado natural es inofensivo

En cuanto al aceite de alcanfor, se usa sobre todo como estimulante, para combatir la depresión, como analgésico y, curiosamente, como antiespasmódico. Además, ambos se usan frecuentemente en difusores de aceites esenciales por sus propiedades relajantes.

Nada de esto está probado científicamente. Es cierto que algunos aceites esenciales, como el de menta, han mostrado tener efectos beneficiosos contra la infección por anisakis en ratas. Quizás esto podría llegar a extrapolarse a humanos, pero a dosis muy concretas y en formulaciones controladas. Tomar el aceite esencial sin más no basta y, en el caso del de eucalipto y el de alcanfor, incluso puede generar convulsiones.

El primer estudio en adultos

El estudio que se acaba de publicar analiza los casos de 350 pacientes ingresados por convulsiones en diferentes hospitales de la India. 

De todos ellos, 55 habían usado aceites esenciales, ya sea por inhalación directa, ingestión o uso tópico. Había de diferentes tipos, pero los más repetidos cuando se les preguntó por ello fueron el aceite de eucalipto y el de alcanfor. 

Deben realizarse estudios cegados para analizar más profundamente las causas de las convulsiones

Esto indica una correlación bastante fuerte. Sin embargo, los propios autores del estudio sostienen que no tienen información para dilucidar si los aceites esenciales fueron la causa de las convulsiones o si simplemente estuvieron asociados a ellas. 

Para saberlo, sostienen que deberían realizar estudios cegados más grandes. Estos son aquellos en los que se da expresamente a los participantes el producto a analizar, en este caso los aceites esenciales, o un placebo, y se comprueban los efectos generados por ambos. 

No obstante, sirve como recordatorio de la importancia de pensarlo dos veces antes de abusar de este tipo de sustancias. Obviamente, no es lo mismo usar un difusor de aceites esenciales, que ingerirlos o inhalarlos directamente. Es importante tener este tipo de cuestiones en cuenta, sobre todo si tenemos alguna condición que pueda complicar la situación, como ataques epilépticos previos. No olvidemos que la mayoría de aceites esenciales no han mostrado tener ningún efecto científicamente comprobado. Además, si realmente creemos que tenemos un problema que debe tratarse, no es a ellos a donde debemos recurrir. 

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