Las vacunas para inmunizar a la población frente al SARS-CoV-2 se han obtenido en un tiempo récord. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los medicamentos. Si bien ya se ha comprobado que algunos fármacos, como el remdesivir, pueden ser eficaces en casos graves, actualmente no hay un tratamiento contra el coronavirus que se use ampliamente. Sin embargo, día a día los medios de comunicación nos bombardean con las noticias sobre nuevas sustancias que han dado resultados prometedores en el laboratorio, o incluso en ensayos clínicos.

Si esto no se aclara, la población puede creer que, realmente, son fármacos eficaces, que pueden curar o incluso prevenir la COVID-19. Por lo general son sustancias que ya se conocían con anterioridad, bien por su eficacia contra otras enfermedades, bien por su uso en otras aplicaciones. Esto lleva a que puedan adquirirse fácilmente y, con ello, a que algunas personas las ingieran, creyendo que así quedarán protegidas frente a la enfermedad. 

El problema es que esto muchas veces puede salir mal. Hace un año, por ejemplo, un hombre murió después de beber un líquido para limpiar los acuarios. El producto en cuestión contenía cloroquina, un compuesto que al principio de la pandemia se pensó que podría ser eficaz contra el coronavirus. Pero finalmente los ensayos clínicos demostraron que no lo era. Ahora, está ocurriendo algo similar con la ivermectina. Los datos preliminares de algunos ensayos clínicos apuntan a que podría disminuir la carga viral en pacientes infectados, pero es pronto para saber más. No obstante, ya se ha dado una intoxicación en una persona que ingirió un fármaco para caballos que contenía este compuesto. 

No, la ivermectina no es un tratamiento contra el coronavirus

La ivermectina es un fármaco que se administra en forma de comprimidos para tratar ciertas infecciones parasitarias. Además,  existen cremas que lo contienen, dirigidas al tratamiento de la rosácea.

También es común en veterinaria, ya que puede combatir enfermedades como la nematodiasis y la sarna. Incluso se usa para prevenir las picaduras de garrapatas.

Cuando nos encontramos ante una nueva enfermedad, como ocurrió con la COVID-19, es común probar fármacos que ya existían. Desde los inicios de la pandemia se ha analizado la eficacia de multitud de antivirales, pero también de algunos antiparasitarios. Incluso ciertas sustancias usadas con anterioridad contra el cáncer.

Foto por freestocks en Unsplash

La mayoría de estos compuestos no han pasado todas las fases de ensayos clínicos. Pero estamos viviendo una situación en la que todo se comunica a la población, incluso si no llega a buen puerto. Basta con que una sustancia demuestre su utilidad en ratones para que ya se publicite como tratamiento contra el coronavirus. Desgraciadamente, no es tan sencillo y una mala comunicación puede tener efectos desastrosos.

La última noticia de este tipo la ha comunicado a ABC News la presidenta de la Asociación Estadounidense de Centros de Control de Envenenamientos y directora del Centro de Envenenamientos de Missouri, Julie Weber.

Ha alertado que desde los inicios de la pandemia reciben entre 40 y 50 llamadas diarias por intoxicaciones. Algunas no tienen nada que ver con el coronavirus, pero la mayoría de ellas sí. Y la más reciente, que ha llamado poderosamente su atención, ha sido la de alguien que tomó un fármaco para caballos que contenía ivermectina. Estos son animales de grandes dimensiones, para los que se utilizan dosis mucho mayores de dicho fármaco de las que un humano tolera. Por eso, si una persona recibe uno de estos medicamentos sufrirá una intoxicación. En los casos más leves, los síntomas serían náuseas, erupciones cutáneas y aumento de la frecuencia cardíaca. No obstante, puede llegar a ser peor, al causar convulsiones, coma y problemas pulmonares o de corazón.

En definitiva, jamás debemos tomar uno de estos fármacos, por mucho que escuchemos que están dando buenos resultados como tratamiento contra el coronavirus. A día de hoy, son muy pocos los medicamentos con este poder. Lo más eficaz es esperar a que llegue nuestro turno para vacunarnos, ya que las vacunas sí que han pasado por todos los pasos que corroboran su seguridad. Es normal que nos invada la impaciencia, pero no queda otra que esperar. Al menos, el final ya se ve un poco más cerca. No es momento de meter la pata con experimentos. 

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