Hace más de un año que convivimos con el coronavirus, aunque hoy se cumple el primer aniversario desde que se declaró como pandemia. En este tiempo, hemos descubierto muchas cosas sobre la enfermedad. Por ejemplo, al principio pensábamos que, una vez pasada la infección, nos olvidaríamos de los síntomas. Y es así en muchos casos, sí. Sin embargo, a lo largo de los meses hemos podido observar que una gran número de pacientes siguen teniendo síntomas incluso cuando sus PCRs arrojan por fin el ansiado resultado negativo. Cabría esperar de enfermos graves, que pasaron mucho tiempo en la UCI, ya que esta también deja secuelas. Pero no, puede incluso pasarle a individuos que nunca llegaron a ingresar. Es lo que se conoce como COVID persistente o long COVID.

En un principio, estos enfermos no se tomaban muy en serio. A menudo sus síntomas se achacaban a la ansiedad propia de la situación que estamos viviendo. ¿Cómo podía ser que aún tuvieran signos de la enfermedad si el virus ya no estaba en sus cuerpos? No obstante, con el tiempo se ha comprobado que sí es posible.

A día de hoy no existe una cura, más allá de tratamientos para aliviar los síntomas. Antitérmicos para la fiebre y analgésicos para el dolor, por ejemplo. Aun así, es importante saber detectarlos. Por un lado, para prestarles la ayuda que necesiten, incluyendo la psicológica. Y, por otro, para descartar otras posibles patologías. Cada vez se sabe más sobre este fenómeno, pero hasta ahora no se tenía claro si existen factores que permitan predecir la probabilidad con la que alguien que acaba de infectarse desarrollará COVID persistente. Ahora, gracias a un estudio, recién publicado en Nature por científicos del Hospital General de Massachusetts y varios centros de investigación londinenses, tenemos nuevas respuestas. 

Doctor, ¿tendré COVID persistente?

Por ahora, es imposible saber con certeza si un enfermo desarrollará COVID persistente. Sin embargo, tras la publicación de este estudio, al menos conocemos algunos factores de riesgo.

Sus autores lo llevaron a cabo a través de los datos de una aplicación móvil, con la que las personas diagnosticadas con coronavirus pueden ir registrando sus síntomas a medida que surgen. Entre el 24 de marzo de 2020 y el 2 de septiembre del mismo año, introdujeron sus datos 4.223.955 personas, aunque para el estudio solo se tomaron los 4.182 casos que cumplían los criterios de inclusión.

De media, los síntomas en estas personas duraron unos 11 días. Para hacer una comparativa, se analizaron principalmente dos grupos: aquellos pacientes para los que los síntomas remitieron en menos de diez días y los que los mantuvieron durante al menos 28.

De media, los síntomas de las personas que participaron en el estudio duraron unos 11 días

Estos últimos eran un 13’3% del total y suponían el corte a partir del cual se comenzaba a considerar que padecen COVID persistente. También hubo un 4’5% de personas cuyos síntomas se extendieron 8 semanas o más y un 2’3% en los que persistieron incluso más allá de la semana 12.

Al comparar personas que tuvieron síntomas durante menos de 10 días o más de 28 se pudo establecer si existían factores de riesgo. Y, efectivamente, sí que parecía haber algunos.

Al menos cinco síntomas

Aunque la COVID persistente puede darse incluso en personas que han pasado la enfermedad prácticamente asintomática, lo cierto es que es más frecuente en quienes han tenido al menos cinco síntomas en la primera semana desde el diagnóstico. No es necesario que sean graves, pero sí detectables.

Los principales síntomas que se consideraron predictivos de este fenómeno fueron, por este orden, fatiga, dolor de cabeza, dificultad para respirar, voz ronca y dolores musculares. La situación cambiaba un poco en los pacientes mayores de 70 años, en los que la pérdida de olfato fue el principal síntoma predictivo, seguido por fiebre y voz ronca.

Los principales síntomas predictivos fueron fatiga, dolor de cabeza, dificultad para respirar, voz ronca y dolores musculares

En cuanto a otros factores que influyeron, más allá de los síntomas iniciales, se comprobó que la COVID persistente era mucho más frecuente en mujeres. No obstante, este no es un hallazgo nuevo, ya que estudios anteriores sobre este tema ya lo habían señalado.

Por otro lado, las enfermedades previas en general no parecían tener ninguna vinculación. Solo el asma resultó tener algo de correlación significativa. En cambio, en pacientes mayores de 70 años las comorbilidades sí que aumentaban el riesgo de experimentar síntomas durante más tiempo. Otro dato importante en este rango de edad es que la proporción entre hombres y mujeres parecía estar algo más igualada. 

¿Y después qué?

Entre los síntomas que se mantuvieron en el tiempo en personas con COVID persistente, el más frecuente resultó ser la fatiga, seguida del dolor de cabeza intermitente.

Cabe destacar que este estudio no señala las causas por las que estos rasgos podrían ser predictivos. Encuentra una correlación, pero esta no siempre indica causalidad. Por lo tanto, no debe tomarse como algo definitivo.

Pero vale la pena conocer dicha información, para hacer un buen seguimiento de estos pacientes pasados los 10 o 14 días de rigor.

Sobre todo, es importante entender que sus jaquecas y su cansancio no tienen porqué estar relacionadas con la fatiga pandémica. Esta situación nos tiene muy hartos, desde luego, pero hay otros motivos por los que sentirse cansado. Hasta estar seguros, no debemos desechar ninguno de ellos.

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