El ámbito de lo onírico suele ser un espacio difícil de expresar en mundo del cine. Mucho más cuando es utilizado como espacio que trata de narrar lo que ocurre en realidad, en forma de reflejo o de sus símbolos esenciales. En el 2000, la película The Cell, de Tarsem Singh, analizó los sueños como un escenario peligroso. Lo mismo que Christopher Nolan en su éxito del 2010, Origen, en la que el bien y el mal moral se confunden en una búsqueda simbólica de la identidad. Come True sufre de algo parecido, pero sin tanto éxito.

Scott Burns intenta una combinación entre ambas versiones de la idea de los sueños como paraje enigmático, sin lograrlo. Por un lado, utiliza la premisa de Singh sobre el hecho de las pesadillas que podrían ser reales, pero carente de su efectividad siniestra. Come True, analiza la connotación de la mente en medio del sueño como puerta abierta hacia realidades alternativas y peligrosas, pero falla al momento de sorprender

Ya sea porque la premisa de la película se descubre pronto o por su ritmo tedioso, la producción termina por ser una colección de lugares comunes. El guion carece de habilidad para guardar sus secretos (o disimularlos) y casi desde las primeras secuencias, es evidente el núcleo de la historia. 

‘Come True’, una película de terror sin verdaderos terrores

En manos más hábiles, la percepción de los sueños como amenazas latentes podría ser efectiva. Mucho más cuando Scott Burns toma el ejemplo de Nolan y construye un escenario en que nada es lo que parece. Pero la trampa narrativa — que requiere de doble discursos y espacios ambiguos — se hace muy pronto tan literal como tediosa. 

Sorprende que el director, que dedica tiempo a construir un mundo ilusorio al estilo de la clásica Paprika, de Satoshi Kon, pierda el pulso con facilidad. Come True pierde ritmo y es incapaz de encontrar un giro original original. Los personajes va de un lado a otro entre la sorpresa y el miedo, sin que el guion utilice con ingenio la duplicidad. ¿Es real lo que ven? ¿Sueñan mientras todo a su alrededor se derrumba?

Por supuesto, es imposible no encontrar paralelismos con la efectiva fórmula de Nightmare on Elm Street (1984) de Wes Craven. En la película Freddy Krueger (Robert Englund) encarna la amenaza definitiva y el personaje crea un núcleo de terror único. 

Al contrario, Come True intenta hacer que su premisa gire alrededor de lo invisible. Lo que vemos podría ser real en la medida en que los personajes lo creen. Pero en lugar de apuntalar su discurso en ese juego de versiones sobre lo que percibimos, el director solo hace énfasis en las pesadillas. De modo que la posible sensación de distorsión (confusión, evasión) de la idea del sueño, se diluye por completo. 

Lo hace además, luego de dedicar casi la primera hora de la película en recorrer la vida atormentada y dolorosa de su personaje principal. No obstante, la introspección no llega a ninguna parte, ni tampoco conduce a un lugar específico. Solo se trata de una presentación irregular de situaciones, que tienen como único objetivo brindar elementos a las pesadillas, como si se trataran de un cúmulo de referencias. Pero a Scott Burns le supera la idea de una realidad alterna, disonante y confusa, por lo que toma camino seguros para hacer avanzar la trama. 

Un viaje a ninguna parte

Lo que preocupa en una película que intenta una reinvención del género de terror es la facilidad con la que cae en lugares comunes. Hay un descuido evidente y lamentable en la forma de narrar las historias de sus personajes. Mucho más cuando cada uno de ellos aportarán a la trama, el sentido de lo simbólico que el uso de la idea lo onírico supone

Sarah (Julia Sarah Stone) sufre de problemas para dormir y aunque el guion no profundiza en el motivo, la historia se sostiene sobre la salvedad. Por supuesto, hay una buena cantidad de indicios que este insomnio persistente es algo más de lo que aparente. La historia se asegura de mostrar a Sarah en diferentes momentos de su vida enfrentándose a las horas en vigilia como puede

Pero la narración decae porque en realidad, la ingente cantidad de datos sobre cómo afecta a Sarah semejante condición física no aporta demasiado a la trama. En realidad, para Scott Burns lo importante es que Sarah está tan agotada y confundida, que puede diferenciar lo onírico de lo verídico.

Es esa brecha entre lo que el personaje puede percibir en la que se apoya gran parte de la película. La premisa podría resultar efectiva, a no ser que la percepción de Sarah sobre lo macabro que se oculta en su insomnio fuera más clara. No se trata de una puntual y meditada falta de información. El guion simplemente avanza con demasiada rapidez, sin completar la atmósfera visual. Tampoco aporta información sobre Sarah o por qué es capaz de percibir lo que al parecer ocultan las pesadillas.

Con un núcleo semejante — un mundo que se oculta en la percepción que tenemos sobre el sueño — Scott Burns pudo crear una tenebrosa y latente amenaza. Pero en lugar de eso, pasa más tiempo siguiendo a la muy agotada Sarah en un paisaje de tonos apagados y semi borroso. El guion parece no tener demasiado interés en analizar qué sostiene a este mundo en que las pesadillas son reales. O en todo caso, por qué la realidad de la sustancia del sueño es tan peligrosa como para ser terrorífico en esencia

Y llega la ciencia ficción a ‘Come True’

El argumento pierde por completo el pie a medida que el personaje intenta descubrir el origen de sus sueños. Pero lo hace a través de un giro a la ciencia ficción, que destruye la atmósfera previa y que además termina por ser incomprensible. Por supuesto, la película no pierde oportunidad de dejar un rastro de pistas falsas. 

En busca de una respuesta a su trastorno (y también a sus terrores) Sarah entra a formar parte de un estudio sobre lo onírico. Allí le recibe el misterioso Doctor Meyer (Christopher Heatherington) cuyo comportamiento es un cliché de lo tétrico. Lo mismo podría decirse de la confusa Anita (Carlee Ryski), que parece acentuar la sensación que la investigación es algo más de lo que parece. 

Poco a poco, el ambiente enrarecido se hace obvio y predecible. Pero aún peor, es casi caricaturesco. Tanto las pesadillas de Sarah como lo que la rodea, son fragmentos de una única historia que no llega a contarse del todo. Las líneas van en paralelo y en varias oportunidades, hay la nítida sensación que en realidad, son dos guiones fundidos sin mucho tino. Come True no parece tener las herramientas para narrar una historia que transcurre en paralelo y mucho menos, hacerla creíble y consistente.

Tampoco a tomar los riesgos que una obra semejante podría suponer. Quizás su punto más bajo y lamentable. 

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