La pandemia de coronavirus nos ha afectado a muchos niveles, llegando incluso trascender mucho más allá de la enfermedad. Por supuesto, la COVID-19 ha sido la más desastrosa de las consecuencias. Sin embargo, también hemos visto otras, como el deterioro de la economía, el colapso sanitario, que afecta a otras patologías, e incluso algunas cuestiones aparentemente sin relación. Hace unos meses, por ejemplo, se alertó que el descuido de las tareas de desbroce podría aumentar los incendios en verano. Ahora, también sabemos que la situación podría favorecer un aumento de las poblaciones de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa).

Estas orugas cubiertas por pelitos urticantes pueden convertirse en toda una pesadilla en primavera, cuando las procesiones que les dan nombre se adueñan de cualquier zona en la que haya pinos. ¿Pero a qué se debe ese efecto exactamente?

Una ‘explosión’ de procesionaria

Según el anuncio de la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (Anecpla) compartido por Diario Veterinario, esta primavera se espera un incremento en las poblaciones de procesionaria del pino por dos motivos. Uno está relacionado de lleno con la pandemia. El otro no.

El primero se debe a que durante la pandemia se han suspendido muchos de los tratamientos que habitualmente se hacían en los pinares para evitar la expansión de estas orugas. Eso, junto al aumento de las temperaturas, les dará vía libre para circular con mucha más libertad que de costumbre. Pero eso no es todo. El segundo motivo por el que esta temporada puede ser mucho más preocupante responde a las restricciones impuestas en lo referente a métodos de desinfestación.

Actualmente, el único que se permite es la endoterapia. Este es un tratamiento consistente en inyectar el biocida directamente en el sistema vascular de los pinos. Así, se distribuye junto a la savia por todo el árbol, aumentando su rango de acción contra la procesionaria. Es un método eficaz y respetuoso con el medio ambiente, que además mantiene a salvo a otros animales. Sin embargo, la directora general de Anecpla, Milagros Fernández de Lezeta, ha explicado que “su coste constituye un factor limitante para el tratamiento de grandes masas arbóreas”.

¿Por qué son tan peligrosas estas orugas?

Las procesionarias son en realidad animales fascinantes. Resulta muy curioso ver como, tras las primeras fases larvarias en las que viven en las copas de los pinos alimentándose de sus hojas, finalmente bajan a tierra, formando curiosas procesiones. Estas conformaciones no son algo casual. Lo hacen para protegerse las unas a las otras de posibles depredadores. De hecho, también se las puede ver agrupadas en estructuras similares a bolas.

El problema es que, además de fascinante, la procesionaria también puede ser peligrosa, pues no se protegen solo agrupándose. También lo hacen a través de esos pelos urticantes que cubren sus cuerpos. Al contacto con ellos, pueden generar picor y erupciones cutáneas. La cosa puede ser aún más seria si el contacto se da con los ojos. Pero las verdaderas damnificadas son las mascotas que, al no saber de qué se trata, pueden acercarse a ellas más de la cuenta. Se han descrito casos en los que las lesiones han llegado a causar la muerte de perros y otros animales de compañía. Por eso, se aconseja prestarles especial atención en primavera, cuando la procesionaria desciende por los troncos de los pinos hasta tocar tierra.

Es un consejo que debemos tener en cuenta cada año, pero más este 2021, en el que el coronavirus ha podido con las procesiones de Semana Santa en muchas ciudades, pero no con las de estas orugas.

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