Aunque todavía hay quien considera a Cristóbal Colón como el principal responsable del descubrimiento de América, lo cierto es que tuvo bastante poco que ver. Por un lado, cada vez está más reconocido que los vikingos navegaron hasta estas tierras mucho antes. Esto no les convertiría a él y a su tripulación en los primeros europeos en llegar hasta allí. Pero es que, además, ni siquiera fue consciente de que estaba descubriendo un nuevo continente. Esta fue tarea del florentino Amerigo Vespucci, a quien de hecho le debemos el nombre. Ahora, por si todo esto fuera poco, sabemos que unas joyas italianas, halladas en un yacimiento de Alaska a mediados del siglo XX, en realidad datan de un tiempo anterior al año en que Colón pisó por primera vez suelo americano.

Por lo tanto, la arqueología pone de nuevo en evidencia al almirante genovés. Sí, emprendió un viaje muy peligroso y logró alcanzar su objetivo. Pero ni fue el primero en hacerlo ni fue consciente de la magnitud de lo que había hecho. Va siendo hora de renovar todos los libros de historia.

Pistas en los relatos de los vikingos

En realidad, hace muchos años que el papel de los vikingos en el descubrimiento de América está más que aceptado.

Las sagas vikingas eran compendios de relatos en los que se entremezclaban la ficción y los hechos reales. Dos de las más conocidas son la de Los groenlandeses, escrita en 1200, y la de Erik el Rojo, fechada en el año 1260.

En ellas, se cuenta cómo este pueblo llegó a construir asentamientos en varios terrenos de ultramar, especialmente en las islas de Terranova y Groenlandia, situadas en América del Norte (aunque la segunda pertenezca a Dinamarca en la actualidad). Se cuenta que estas incursiones tuvieron lugar a partir del año 982, aproximadamente.

Pero una serie de cuentos, en los que cuesta discernir entre leyenda y realidad no son suficientes para hacerles responsables del descubrimiento de América. En realidad, si hoy en día se consideran como válidas es porque se han encontrado restos de algunos de aquellos asentamientos. Concretamente, destaca el ubicado en el paraje de L'Anse aux Meadows, en la punta septentrional de la isla canadiense de Terranova.

Dichos restos fueron hallados en 1960 por un matrimonio de arqueólogos noruegos, llamados Helge y Anne Stine Ingstad.

Esto deja a Cristóbal Colón fuera de juego, aunque siempre se ha considerado que, al menos, fue el siguiente. Ahora parece ser que ni siquiera fue ese el caso.

El verdadero descubrimiento de América

Las cuentas de vidrio venecianas se han encontrado por multitud de yacimientos arqueológicos situados en la zona de Alaska. La mayoría de estos estaban datados entre 1550 y 1750, por lo que se asociarían a la colonización paulatina que tuvo lugar en el continente tras la llegada del almirante.

No obstante, un estudio reciente, realizado por científicos de la Universidad de Alaska, demuestra que, en realidad, hay algunas más antiguas.

En él se data el origen de un conjunto de objetos hallados en las décadas de 1950 y 1960. Se trataba de cuentas de cristal de Murano, joyas de bronce y varios cordeles. Lo que más entusiasmó a los científicos cuando analizaron el contenido de este tesoro fue precisamente lo de menos valor. Y es que, si bien las cuerdas podían ser mucho menos llamativas, su origen vegetal permitía someterlas a un procedimiento de datación por carbono-14. Esta técnica se usa en arqueología desde finales de los años 40 del siglo XX para calcular la antigüedad de cualquier material que tenga carbono en su composición. Esto apunta principalmente a aquellos que proceden de lo que en algún momento fue materia viva. En el caso de las cuerdas, se obtuvieron a partir de plantas. Unas plantas que, según este análisis, estuvieron vivas en algún momento entre 1440 y 1480.

Todos los objetos se habían conservado juntos, por lo que debían de provenir de la misma época. El origen de las joyas no estaba tan claro, pero las cuentas estaban fabricadas claramente a base de ese famoso vidrio procedentes de una isla cercana a Venecia. En definitiva, alguien proveniente de Italia o que había comercializado con italianos estuvo en Alaska mucho antes del supuesto descubrimiento de América.

M.L. Kunz

Una parada desconocida en la ruta de la seda

Los objetos de cristal de Murano fueron de los más codiciados de la Ruta de la Seda.

Esta conectaba habitualmente Europa con Asia, para el intercambio de mercancías. Según los autores de este estudio reciente, posiblemente quien quiera que llevara las cuentas a Alaska lo hizo recorriendo esta ruta, que empezaría en Italia, pasaría al Lejano Oriente ruso y, de ahí, al estrecho de Bering, que conecta con América.

Es posible que cruzaran el estrecho sin ser conscientes de que estaban pasando a otro continente. Al fin y al cabo, ni siquiera Colón lo fue. Él pensaba que había llegado a una zona sin descubrir de las Indias, pero no supo que era un continente diferente.

Si aquellos comerciantes misteriosos no reunieron los requisitos para considerarse responsables del descubrimiento de América, lo cierto es que tampoco lo hizo el genovés.