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Hace ya más de un año que el SARS-CoV-2 que causa la COVID-19 se ha extendido por todo el mundo. La neumonía que causa este virus ha puesto en jaque a la sanidad de todo el mundo y todo apunta a que tardaremos un poco más en terminar con esta pandemia. De hecho, aunque parecía que todo estaba controlado en China, la variante británica ha puesto en alerta a una parte del país y vuelven a hacerse pruebas diagnósticas masivas a la población.

Aprovechando estos nuevos contagios, los médicos chinos están probando nuevas formas de reconocer la COVID-19. Por eso, además de las clásicas muestras de garganta y nariz; también están recogiendo muestras anales, según recogen varios medios, entre ellos Cadena SER. Esto se debe a que algunos expertos apuntan a que este coronavirus puede estar más tiempo en nuestras heces.

Test anales: ¿más eficaces?

Li Tongzeng, subdirector del departamento de enfermedades respiratorias e infecciosas del Hospital You An de Pekín, es uno de los grandes defensores de los test anales para detectar COVID-19. Y aunque se está probando esta nueva forma de reconocer la COVID-19, todavía no podemos afirmar que sean más eficaces que las muestras nasofaríngeas. No es porque no se reconozcan el virus en las heces, ya que de hecho sí lo hace.

Pero no hay que confundirse: el coronavirus llega más tarde a nuestras heces. Es decir, estos test son para encontrar rastros del virus en personas que están recuperándose. «Los pacientes en recuperación, dicen, han seguido dando positivo a través de muestras del tracto digestivo inferior días después de que los hisopos nasales y de garganta dieron negativo», explican desde The Washington Post.

No obstante, no hay que tener miedo. Esto significa que, aunque en las heces haya virus, el paciente no tiene por qué seguir siendo contagioso o estando enfermo. Es por este mismo motivo que en China se están realizando test anales y nasofaríngeos a la vez. Si en el tracto respiratorio superior ya no hay SARS-CoV-2, pero en las heces sí, parece que la persona ya no es contagiosa; aunque sus heces sí podrían serlo. No obstante, hasta el momento «ninguna evidencia ha sugerido que se haya transmitido a través del sistema digestivo», según recoge el medio estadounidense que explicó a un medio estatal el doctor Yang Zhanqiu, de la Universidad de Wuhan. Pero parece que todo apunta a que podría ser clave a la hora de dar el alta médica a los pacientes.

¿Cómo es un test anal? Lo primero es avisar: no son plato de buen gusto, aunque por suerte apenas dura unos diez segundos. El método consiste en empapar un hisopo en solución salina y después insertarlo entre dos o cinco centímetros dentro del ano para recoger restos de las heces del paciente. Después, se busca en esta muestra si hay rastro del SARS-CoV-2.

Por el momento no es una práctica generalizada, aunque no podemos descartar que en el futuro pueda serlo si demuestran que sirven para algo. De toda esta historia de los test anales para detectar la COVID-19 sale una conclusión muy clara. El virus permanece más tiempo en las heces y, aunque no parezca que se contagie a través del sistema digestivo; lo mejor es no andar jugando con cacas ajenas.

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