Los grupos antivacunas no son conocidos por contrastar demasiado sus fuentes. Cualquier anécdota farragosa que saque a la luz el lado más oscuro de la vacunación les vale para apoyar su discurso. No importa si hay decenas de estudios o ensayos clínicos que lo contradigan. O incluso si simplemente se trata de un caso entre miles o millones de personas. Se agarran a él como a un clavo ardiendo. Por eso, en 2009 la historia de una joven que aseguró haber perdido la capacidad de andar hacia delante después de vacunarse contra la gripe no tardó en hacerse viral. Su caso avivaba el miedo a las vacunas, al mostrar lo supuestamente peligrosos que son sus efectos.

Sin embargo, con el tiempo se ha comprobado que en realidad lo que le sucedió a aquella mujer no tuvo nada que ver con la inyección. Tampoco se lo inventó, como algunas personas pensaron en su momento. Hoy en día los expertos creen que fue su mente la que debió generar aquellos síntomas que, por suerte, desaparecieron a medida que la abandonó la sugestión.

Consecuencias del miedo a las vacunas

La protagonista de esta historia es una animadora estadounidense de 28 años, llamada Desiree Jennings. En 2009 acudió a ponerse la vacuna de la gripe, a pesar de algunas de las críticas hacia la vacunación que había escuchado en su entorno. Poco después, comenzó a sentir algunos síntomas extremadamente raros. Podía andar sin problemas hacia atrás, pero era incapaz de caminar hacia delante. En cambio, cuando lo intentaba, terminaba desplazándose a un lado, “como los cangrejos”.

Tras acudir en busca de ayuda médica un primer chequeo apuntó a que parecía un caso de distonía. Este es un trastorno muy poco común, caracterizado por una contracción involuntaria de los músculos, que impide desarrollar movimientos tan simples como andar o hablar. Los doctores le realizaron múltiples pruebas con el fin de descartar enfermedades como la esclerosis múltiple o el síndrome de Guillain-Barré, que pueden tener esta afección entre sus síntomas. Pero todas fueron negativas, por lo que se contempló la posibilidad de que los síntomas tuviesen un origen psicosomático.

Desesperada, Jennings decidió cambiar el enfoque y acudir a un osteópata. Este, como viene siendo habitual en otros pseudoterapeutas, aseguró rápidamente conocer el origen del problema y también la solución. Su propio miedo a las vacunas le llevó a pensar que posiblemente la de la gripe había sido la culpable por el mercurio que contiene. Y sí, efectivamente, la vacuna del Influenza, como la de la difteria y el tétanos entre otras, contiene tiomersal. Según la OMS, este es un compuesto que contiene etilmercurio y se utiliza para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en algunas vacunas inactivadas. Pero no supone una exposición al mercurio mayor que la que tenemos en otras tareas mucho más cotidianas, como comernos una lata de atún.

Pseudoterapia y placebo

Convencido de que los efectos de las vacunas causados por el mercurio estaban detrás del problema, el osteópata sometió a Jennings a una terapia, conocida como quelación.

Esta consiste en la administración de ácido etilendiaminotetraacético disódico, una sustancia que se adhiere a metales como el mercurio o el plomo, dando lugar a un nuevo compuesto que se elimina a través de la orina. Puede generar muchos efectos secundarios graves y solo se recomienda su uso bajo un estricto control médico, en caso de intoxicación real. Pero la animadora no se había intoxicado. Por suerte, no experimentó ninguno de los efectos graves de la quelación y enseguida comenzó a andar como antes.

Ante esta mejoría, cabe retroceder hasta los neurólogos que la atendieron en un inicio y señalaron el posible origen psicosomático de su padecimiento. Posiblemente, movida por el miedo a las vacunas, acabó desarrollando estos problemas de movilidad, que cesaron en cuanto alguien con bata le dijo que sabía qué tenía y cómo solucionarlo. Aquí entraba en juego el efecto placebo.

De hecho, en una entrevista reciente, el doctor Steven Novella, neurólogo de la Universidad de Yale, se decantó también por esta posible explicación. Ya lo explicó en un comunicado la Dystonia Medical Research Foundation: los expertos en distonía coincidían en que realmente no parecía ser este el padecimiento de la joven. Además, no hubiese tenido sentido una recuperación tan rápida. Por eso la sugestión es lo más probable.

Las vacunas son seguras, pero intenta no ir a ponértelas con miedo, tu cabeza te puede jugar una mala pasada.