No hay nada como mirar al pasado para comprender nuestro presente y evitar cometer errores en el futuro. Esto es aplicable a muchos ámbitos de la vida, incluyendo situaciones como la que ha azotado al planeta durante este 2020 que se termina. Detener la pandemia no está siendo fácil, pero poco a poco se van logrando algunos objetivos. El último, sin duda, ha sido desarrollar una vacuna y comenzar con su administración en tiempo récord.

Pero para saber si estamos en el camino correcto no hay nada como mirar atrás, concretamente hacia el único virus humano que hemos logrado erradicar: la viruela. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad McMaster, de Ontario, ha realizado una cronología en la que se analizan los puntos clave en la expansión o la detención de aquella enfermedad. El resultado puede leerse en un estudio publicado recientemente en PLOS Biology.

Historia para detener la pandemia

Este estudio se llevó a cabo a partir de los registros de mortalidad por viruela tomados por los funcionarios londinenses entre 1664 y 1930. En realidad, la enfermedad saltó a los humanos mucho antes del siglo XVII y todavía siguió causando algunas muertes hasta 1978, cuando tuvo lugar la última. Sin embargo, estos años registrados suponen una buena representación de la época de mayor auge del virus, así como de los inicios de su declive.

El objetivo de estos investigadores era analizar mediante modelos matemáticos los factores que influyeron en la expansión de la viruela.

Así, comprobaron que ciertos fenómenos históricos, como la Revolución Industrial y las guerras favorecieron su proliferación. En el primer caso fue el desarrollo de la urbanización, que propiciaba el contacto entre personas. En el segundo, la masificación y el deterioro de las condiciones higiénicas y sanitarias.

También intentaron analizar una posible influencia de la estacionalidad, pero reconocen que en este aspecto se necesitan más datos.

Lo que está claro es que los factores esenciales para detener la pandemia de viruela fueron las medidas de contención y, por supuesto, la vacunación.

De los albores al ocaso de la viruela

Se cree que la viruela “saltó” de roedores a humanos en África hace miles de años. Permaneció allí hasta que la globalización favoreció su expansión por todo el mundo, causando millones de muertes.

En Europa fue especialmente cruda la situación en los siglos XVII y XVIII. De hecho, se calcula que en este último morían cada año unos 400.000 europeos por dicha causa.

Fue precisamente en esa época cuando en África, China y la India comenzó a realizarse la variolación. Este era un proceso consistente en inocular a personas sanas una pequeña cantidad del virus, procedente de pústulas de enfermos. El mecanismo es similar al de algunas de las vacunas actuales, pues se ayuda a estimular el sistema inmunitario de cara a futuras infecciones. El problema es que el virus no estaba inactivo ni atenuado, por lo que muchas personas morían. De hecho, según el estudio, tras la introducción en Europa de este procedimiento se dio un aumento en el número de muertes. Pero este sirvió para inspirar a Edward Jenner, que decidió cambiar el virus inoculado por muestras recogidas de las pústulas de lecheras contagiadas con la viruela bovina. Esta es mucho más leve para las personas, pero favorecía igualmente la memoria inmunitaria contra la viruela humana.

En 1810, la introducción de su vacuna condujo a una drástica reducción de la mortalidad. Más tarde, en 1840, la Ley de Vacunación de Inglaterra fue más allá, demostrando que el invento de Jenner era clave para detener la pandemia.

¿El principio del fin?

La última muerte por viruela tuvo lugar en 1978, por accidente. La fallecida se llamaba Janet Parker y era una fotógrafa médica, que se contagió mientras manipulaba muestras del virus en el laboratorio.

En realidad, la última persona que contrajo la enfermedad por causas naturales fue el somalí Ali Maow Maalin, quien enfermó en 1977. Afortunadamente, vivió para contarlo.

La ausencia de nuevos contagios llevó a que en 1980 la OMS declarara el virus como erradicado. Desde entonces, solo quedan unas pocas muestras, conservadas en laboratorios de alta seguridad en Rusia y Estados Unidos.

Todo esto lleva a que nos preguntemos si ese será también el futuro del SARS-CoV-2. Y es algo que no podemos saber. Esta vacuna puede considerarse el principio del fin sin consideramos como tal final el hecho de detener la pandemia. Sin embargo, que se reduzca la expansión del virus no significa que vaya a erradicarse. Otras enfermedades, como el sarampión o la polio, cuentan con vacuna y siguen activas. La segunda ya ha entrado en un declive que podría llevar pronto a su erradicación. La primera, en cambio, sigue protagonizando brotes puntuales en todo el mundo, especialmente desde que comenzó a extenderse el movimiento anti vacunas. Pero si hay algo que está claro es que cuantas más personas se vacunen más a raya se mantendrá.

Por eso es tan importante que aceptemos la llamada cuando llegue nuestro turno para recibir la nueva vacuna. Puede que no digamos un adiós definitivo al coronavirus, al menos por ahora. Pero este gran logro científico ayudará a que construyamos un sólido muro entre él y nosotros. Lo dice la ciencia, pero también nos lo cuenta la historia.

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