Es muy común que los miembros de la realeza, sean del país que sean, reciban lujosos regalos durante sus viajes a otras zonas del mundo. Por eso, inicialmente no parece raro que el rey emérito de España, Juan Carlos I, recibiera un caro abrigo de manos del presidente de Kazajistán durante uno de sus viajes a este país, cuando aún era monarca. Lo que sí es digno de mencionapr es que la prenda estaba confeccionada a base de piel de leopardo de las nieves, un animal en peligro de extinción.

La historia salió a la luz esta semana, causando un gran revuelo, que al menos ha servido para recordar la triste historia de esta especie, que lucha por sobrevivir. Si es que los seres humanos la dejamos.

El leopardo de las nieves, una pantera casi blanca

El leopardo de las nieves (Panthera uncia) es una de las cuatro panteras conocidas. Y es que, si bien este es un término que erróneamente se asocia a una sola especie, es en realidad un género al que pertenecen el león, el leopardo de las nieves, el leopardo y el jaguar. Estos dos últimos, en su variante melanística, son los que se conocen como panteras negras.

Volviendo por lo tanto a la especie concreta que nos ocupa, es un animal típico de Asia Central, más concretamente de zonas montañosas muy elevadas. Tal es la altura a la que suele vivir, de unos 6.000 metros, que es difícil observarlo y, por lo tanto, se sabe muy poco sobre él.

Pero que sea complicado verlo no ha impedido que su población haya caído poco a poco a causa de la intervención humana. Podemos dañar sin ver, esa es una de las heridas más grandes que podemos hacer a los ecosistemas que nos rodean.

Precisamente la destrucción de su hábitat ha sido uno de los motivos que han llevado a su declive, pero no el único. También caen a menudo muertos por los disparos de los granjeros que toman represalias por el ataque a su ganado. Efectivamente, a menudo cazan ovejas, cabras y caballos, pero lo hacen cuando no les queda otra opción. Antes que estos animales prefieren otras especies salvajes, como los argalíes. Sin embargo, estos son también víctimas de los furtivos; por lo que, ante la escasez, no les queda más remedio que recurrir a animales domésticos.

Otras veces, en cambio, no son asesinados por venganza, sino simplemente por dinero. Sus pieles y sus huesos, muy valorados en el mercado negro, son una de las grandes razones del peligro de la especie. Un peligro al que hace ya varias décadas que se intenta poner solución.

Dando pasos en la Lista Roja

La caza indiscriminada del leopardo de las nieves llevó a que en 1975 se incluyera en el Anexo I de la Convención CITES, por la que se regula el comercio de especies salvajes. España se unió al mismo en 1986.

Gracias a este tipo de acuerdos se ha logrado salvar la especie, aunque sigue duramente amenazada. El criterio que sigue la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para catalogar una especie como en peligro de extinción es que el número de ejemplares maduros se encuentre por debajo de los 2.500. En 2016, se calculó que había aproximadamente 2.700, por lo que pasó al escalón de animal vulnerable. Pero este título va acompañado de la temible flecha roja, que indica que su población está disminuyendo.

Esto se debe a que, aun estando su caza prohibida en cualquier país del mundo, cada año se cazan entre 221 y 450 ejemplares. Unas capturas dedicadas, entre otros fines, a la confección de prendas como la que el monarca español recibió en 1998.